jueves, 14 de julio de 2016

Spoiler Capítulo 77

-¿Y qué quieres que haga? ¿Voy ahí como si no pasase nada, sabiendo que se ha estado follando a esa zorra?- La miré, pensativa y ausente. Estaba bastante desmejorada, haber dado a luz al hijo de ese malnacido no le había sentado tan bien.

-Lo que quiero es que salgas ahí y reclames tus derechos, Eva.- Ella me miró asustada. Tenía miedo a Lilith, al menos ahora que se había despertado.

-Pensaba que haber falsificado los informes de Tom había bastado para contentarte.- Me tensé al instante ante tal desafío.

Sí, había sido yo el que la recomendé como psicóloga para su problema de las voces y para así enterarme de todos sus movimientos antes incluso de que los hiciera.

Sí, había sido yo el que la había obligado a que falsificara los documentos con un informe falso sobre la salud mental de ese hijo de puta.


Sí, había sido yo el que la había obligado a quedarse embarazada de él para que así Eva pudiese tener un futuro dentro de los Kaulitz.




¿Quién creéis que es? 

¿El topo al que Tom se refiere? 

¿O alguien dentro al que nadie imagina? 


 

sábado, 16 de abril de 2016

Capítulo 76

Capítulo 76


Te mentí.
Te engañé.
Te manipulé.
Y te usé.
Nunca supiste este lado de la historia, ¿verdad?
La parte donde te dije lindas mentiras para conseguirte,
cómo te hice creerme cuando lloraba.
Debí advertirte,
pero por el contrario, construí tu autoestima en lujuria y segundas intenciones.

Merecías algo mejor,
y parte de mí lo sabía.
Quizás esa fuese la razón por la que
en lugar de partirte el corazón,
dejé que destrozaras el mío.




By Tom


-Asia ha sido eliminada.- ¡Mierda! Los Kaulitz en Asia habían sido quitados del mapa por parte de la prole de Markus. Los próximos en caer serían los chupaculos de Jan en América y después... después iríamos nosotros.

Sabía que Markus nos dejaría para el final con el fin de ponernos más nerviosos. Mi pregunta era cómo cojones iba Jan a hacerse cargo de esto. Yo no era el líder ahora, él se había hecho cargo porque Eva decía que yo estaba como una puta cabra. Vale, lo estaba, pero eso no influía en mis decisiones como líder, nunca lo había hecho.

Cogí aire mientras Bill me miraba esperando que dijese algo. Si algo tenía claro era que no iba a morir a manos de ese hijo de puta de Markus pero claro, yo no podía hacer nada pero sí Jan. Él nunca se había enfrentado a ellos, no sabía lo capaz que era ese perro asqueroso de acabar con nosotros. ¿La razón? Yo maté a Adam, o al menos eso pensaba él.

-Tom, tenemos que hacer algo.- Solté el aire y lo miré. Sus ojos me desafiaron como hacía tiempo venían haciendo.

-¿Por qué no le preguntas a tu querido primo? He visto que últimamente os lleváis muy bien.- Bill apartó la mirada.

-No me jodas.- Respondió. Hacía días que Bill entraba bastante en el despacho de Jan (bueno, mi despacho) y salía al cabo de varios minutos.- Sabes que nuestra religión está ligada al líder.- ¿Al líder?

-¿Ahora Jan es el líder para ti?- No se atrevía a mirarme y lo agradecía, un desafío más y me lo comía con patatas.

-Te guste o no Jan es el líder ahora, si no fueras haciendo el tonto y preñando a tías por ahí, esto no estaría pasando.- Dijo con rintintín. Maldito Bill...

-Me importa una mierda lo que digas, ya lo sabes. Lo más importante ahora es saber cómo cojones vamos a salir de ésta. Te recuerdo que vienen en busca de la que ellos creen es la diosa que los salvará pero no está, esa puta loca no existe.- Dije imitando su tono de voz.

-Tom... Lilith sí existe.- Lo miré y estaba vez mi hermano no apartó la mirada.

-No me jodas, Bill.- Estaba harto del mismo cuento una y otra vez.

-¿Cómo puedes ponerlo en duda? Tú mismo la has visto. ¿Me vas a decir que aquella Lilith que viste era la misma a la que amabas?- Sentí como la sangre empezaba a burbujear en mis venas. Cuando quise percatarme, tenía a Bill agarrado por el cuello pegado a la pared.

Mis uñas estaban clavadas en su piel, justo encima de su yugular. Sentía mis ojos inyectados en sangre. ¿Quería matarlo? No, claro que no, pero había tocado un tema que no pensaba hablar con él en este momento.

Sentí una presencia demasiado fuerte, demasiado para ser de un simple vampiro. Solté a Bill y me quedé quieto, sintiéndola. Mi hermano se arrodilló en el suelo, haciendo una reverencia sólo reservada al líder o en este caso, a un dios.

-¿Podrías dejarnos a solas, William?- Él asintió y salió de mi habitación, dedicándome una mirada difícil de descifrar.

Cogí fuerzas para enfrentarla. Estaba parada frente a la puerta con ese pelo rubio anaranjado colgando a ambos lados de su blanco rostro, un vestido blanco suelto que no no marcaba nada sus curvas y con un escote... ¡dios, qué escote!

-¿Qué quieres?- Pregunté, apartando la vista de tan increíble anatomía.

-Hablar.- Me senté en la cama y esperé a que dijese lo que tenía que decir.- Ríndete.- La miré con una sonrisa sarcástica en el rostro pero esta vez ella no se estremeció sino que permaneció impasible, fría.

-¿Rendirme en cuanto a qué exactamente?- Lilith se acercó más al filo de la cama donde estaba sentado, haciendo resonar los tacones y meneando su cintura.

-El bastón de mando ya no es tuyo.- Esta vez fui yo quien se acercó a ella. La observé desde arriba ya que pese a los tacones, seguía siendo más baja que yo.

-Creo que ahora mismo nada me pertenece.- Lilith me miró directamente a los ojos.- Ni siquiera tú.- Sus ojos se achinaron pero era incapaz de descifrar que significaba ese gesto.

-Te equivocas si piensas que alguna vez fui tuya, Thomas.- ¿Thomas? ¿Estaba de puta coña?- Tus acciones hasta el momento han llevado a tu pueblo a la miseria y al miedo de morir a manos de los licántropos. Eres incapaz de darles una solución sino que simplemente permaneces sentado sin hacer nada, con los brazos cruzados y compadeciéndote. Dime Thomas, ¿eliges luchar o eliges la muerte?- Me acerqué un paso más a ella, sintiendo esa presencia casi celestial pero a la vez tan conocida. No dude un segundo en inclinarme y poner mi cara frente a la suya. Si intentaba hacerse la dura, conmigo no lo iba a conseguir.

-Deja este rollo.- Acerqué mis labios a los suyos, saboreando esa suavidad esas sensaciones que recorrían mi cuerpo.

Ella no se opuso, es más, creía que deseaba este contacto tanto como yo. Sentía como mi sangre iba volviéndose más densa en busca de aquella que pudiese darle ese chute de irrealidad tan dulce.

Agarré su rostro y la conduje contra la pared, presionándola con ella y mi cuerpo. Había algo raro que en aquel momento no noté, y puede que fuese por ello por lo que ella intentaba apartarse un poco sin separar nuestras bocas, las cuales se devoraban. Mis colmillos agarraron sus labios y ella gimió. Había perdido el control y supe que ella también cuando no le importó esa distancia que había impuesto entre nosotros.

No recuerdo cómo llegamos a ese momento pero de un momento a otro, tenía sus piernas alrededor de mi cintura y presionándome junto a ese lugar que era capaz de volverme loco. No quería llevarla a la cama pese a que estábamos a escasos dos metros, la quería aquí y ahora.

Me hundí en ella tan fuerte que pensé que gritaría de dolor pero no lo hizo, gimió en un silencio casi ensordecedor. Clavó sus uñas en mis hombros tan fuerte que atravesaban mi camisa. No tardé dos segundos en comenzar a embestirla como si la vida me fuese en ello. Necesitaba tanto este momento y ella también, o al menos ese era lo que me estaba dejando ver.

No podía dejar de mirarla casi temblar en mis brazos sumergida en la lujuria de este momento. Ella también me miró y como siempre, eso provocaba un efecto tan asombroso como el sexo. Estábamos conectados más allá de que estábamos follando como posesos, envueltos en gemidos sin apartar la vista el uno del otro. ¿Había un momento más caliente que este?

Sentía como iba a correrme en cuestión de segundos y ella lo iba a hacer también. Su cuerpo estaba empezando a estremecerse y mis embestidas se hicieron más profundas a medida que sus gemidos se hacían más fuertes. Era un placer casi doloroso que no tardé en liberar dentro de ella. Dios, pensaba que iba a volverme loco cuando sus piernas me apretaron más a ella y se derritió a mi alrededor.

Sus piernas se soltaron y rompieron ese contacto entre nosotros. Tenía la respiración agitada, los ojos cerrados y las piernas casi temblando. Era una criatura perfecta y yo estaba embelesado mirándola. Necesitaba un cigarro o iba a saltar a su yugular.

-Elige.- Dijo cuando su respiración se tranquiló.

-Luchar.- Dije sin pensarlo dos veces. Era hora de moverse pero cómo. Ni siquiera sabía si ella era una diosa... ¿Cómo iba a serlo? ¿Y si lo era? ¿Y esa conversación con Jan, sus besos con él,...?- ¿Y tú qué eliges?- Ella me miró sin entender a qué venía esa pregunta.- ¿A Jan o a mí?- Lilith sonrió de esa manera frívola que venía haciendo desde hace un tiempo.

-Elijo la muerte entonces.- Sonreí, sin saber por qué pero lo hice.

Supongo que en aquel entonces no sabía nada de lo que pasaría después...


By Bill


La sala VIP del aeropuerto se estaba empezando a llenar. Supongo que fue una buena idea volar en un vuelo comercial mejor que en el nuestro privado dirección a Alemania, todo por que Markus no nos detectara. Jan había decidido volver a casa para utilizar todas las fuerzas posibles para protegernos, es decir, usar al gobierno para defendernos.

Tom hacía tiempo que había llegado. Escuchaba música con sus auriculares mientras escribía en ese blog de notas del que no se separaba. Me preguntaba qué había ahí... En esta última semana salía más a menudo de su habitación, se metía a ver al pequeño Aaron que hasta ahora, era el único que no lo juzgaba.

No pensaba que Tom estuviese loco tal y como Eva declaró, sabía de sobra que esos documentos habían sido modificados por el Consejo. Todos querían quitar a mi hermano del medio ya que él no estaba haciendo lo que ellos más deseaban... entregar a Lilith. De momento, Jan tampoco lo había hecho pero lo haría, por eso era importante que Lilith se hiciera con él para poder controlarlo desde dentro. Si Jan pensaba que ella era su aliada al menos no la mataría.

El susodicho entró en la sala VIP seguido por Georg y Gustav. Ninguno de ellos quería proteger a ese hijo de puta que le había quitado el puesto a su amigo. Sin embargo, era mejor así. Si Tom se enterase del peligro que corríamos todos los que estábamos haciendo esto, haría algo para pararlo y Jan nos descubriría. Sí, nos habíamos aliado todos en secreto para acabar con Jan y el Consejo usando a Lilith como cebo. Ella misma se había ofrecido a hacerlo pese a su estado, si alguien descubría lo que realmente ella ocultaba, estábamos todos muertos.

-Hola, primito.- Saludó a Tom. Gracias a los auriculares que llevaba no se enteró del tono de voz que había utilizado para saludarlo si no...- Bill.- Le hice una reverencia con la cabeza pese a que era lo que menos me apetecía de momento.- ¿Y Lilith?

-De camino.- Respondí. Que se interesara por ella era buena señal.

No tardamos en embarcar después de que Lilith llegará. Los Kaulitz y algunos guardaespaldas en un avión, si Markus quisiera matarnos lo tenía a huevo pero claro, había sido una idea de Jan y eso iba a misa. Nuestro líder en funciones había decidido sentarse junto a mi hermana, la cual observaba ausente por la ventanilla del avión. Estaba seguro de lo manipulada que se sentía por todos nosotros pero era eso o morir...

-Si la miras tanto la vas a gastar.- Me dijo mi hermano, con los ojos cerrados y escuchando música. De lo alto que tenía el volumen, oía esa sinfonía una y otra vez. Era esa canción que había compuesto y la que juró terminar cuando todo esto acabase. Parecía demasiado triste, un llanto desesperado cantado por las teclas rasgadas de un piano de cola.

-¿Qué escuchas?- Pregunté aún sabiendo lo que era.

-¿Recuerdas cuándo queríamos formar un grupo de rock? Tú, Gustav, Georg y yo...- Sonreí inconscientemente. Siempre habíamos hablado sobre eso, había sido nuestro sueño durante muchísimo tiempo pero el futuro de Tom estaba marcado y supongo que también el mío.- A veces me pregunto qué hubiese pasado si hubiese mandado todo a la mierda y hubiese seguido mi sueño.- Continuó. Debía reconocer que yo también lo había pensado muchas veces aunque por el contrario de mi hermano, yo había ido a cantar a algunos lares donde nadie me conocía.

-Cuando todo esto acabe, vamos a cumplir nuestro sueño. Dejemos todo esto, salgamos de aquí.- Por un momento, me ilusioné y mi cuerpo vibró. Hacer lo que me gustaba y salir de esta mierda de mundo.

-¿Y Aaron?- Vale, ahora Tom tenía responsabilidades y era consciente de ello. ¡Vaya cambio!

-Aaron será nuestro telonero. Le damos un sonajero y que se las apañe.- Dije en broma pero conseguí que mi hermano esbozara una sonrisa.

Volví a mirar a Lilith, absorta en sus pensamientos. Era tan bella... Sin embargo, nunca pensé que fuese débil, es más. Siempre supe que era la persona más fuerte que jamás hubiese conocido. Pasar por todo lo que ella había pasado y encima estar haciendo esto ahora...

Mi hermana se percató de que la estaba mirando y me devolvió la mirada con una leve sonrisa. Esperaba que ese ser que llevaría a nuestra raza a la libertad, no sufriera ningún daño. Sin embargo, tenía tanto miedo de que Jan y Tom descubrieran nuestro plan que me paralizaba.

Los ojos de Lilith estaban más vivos que nunca, el embarazo le estaba sentando genial o quizá fuese la esperanza de que pronto estaría junto con Tom y su pequeño monstruito, como ella lo llamaba. Esos luceros en su cara se volvieron hacia mi hermano, tristes y compungidos. Si todo esto no hubiese pasado, si Tom no hubiese sido tan idiota de intentar alejarla para protegerla haciéndole más daño, si el puto Consejo se hubiese disuelto cuando Jörg murió... ¡Joder! ¡¿Cómo las sacerdotisas no lo vieron venir?!

-Señores pasajeros, les informamos que en breves minutos estaremos llegando a Hamburgo. Por favor, mantengan sus cinturones de seguridad abrochados hasta próximo aviso.

Estábamos llegando al lugar donde todo empezó...



By Lilith


Me bajé del coche frente al gran portón de la mansión Kaulitz perdida en lo más profundo de un bosque en Hamburgo. Mi casa, donde esta historia había comenzado, se veía tan impresionante como siempre. Pero había algo raro, un escalofrío recorrió mi cuerpo de arriba abajo. Había un aura distinta... algo aterrador.

-¿Señora?- Lila me llamó justo cuando se bajó también.

-No entréis.- Balbuceé. Sentí la mirada de todos los que estaban bajando de sus coches.

-¿Qué hacemos aquí parados? ¡Moveos, estoy cansado!- Gritó Jan como un energúmeno.

-¡No entréis!- Grité.

-¿Qué ocurre, Lilith?- Bill corrió hasta mí.

-¿No lo sientes? Markus...- Susurré con miedo de pronunciar su nombre.

-¡Seguridad, adentro!- Gritó Tom tan fuerte que todos se sorprendieron. Los de seguridad no rechistaron y fueron corriendo hasta la puerta a punto de entrar.- Bill ven conmigo y tú...- Dijo mirándome con miedo.- Métete en el coche y no salgas.- Asentí.

-¡Esperad! ¿Os olvidáis de quién es el líder aquí?- Dijo Jan.

-¿Qué estás haciendo?- Respondió Tom sin entender nada.- ¿Qué más da quien sea el puto líder ahora? ¡Está en peligro la vida de los nuestros!- Me encogí ante su grito tan fuerte.

-Si Markus está aquí nos matará pero a ella no.- Todos me miraron mientras el miedo me paralizó por un momento. En parte, Jan tenía razón. Markus había tenido oportunidades para matarme y no lo había hecho. Bueno, quizás Adam estuvo bastante cerca...- ¿O es que acaso tienes miedo?- Sabía que pese a mis esfuerzos y los de todos Jan aún no se creía que yo fuese ella.

Me acerqué lentamente hacía mi primo, con una sonrisa escalofriante tal y como Tom me había enseñado tantas veces y estaría funcionando porque percibí cómo todos se tensaban al instante. Puse mi mano sobre su pecho de la manera más sensual que pude y acerqué mis labios a su oído. Su sangre burbujeaba, sus ojos cambiaban de color lentamente al ritmo de mi respiración sobre su piel.

-¿Dudas de mí?- Le pregunté en un tono que sólo él podía escuchar.

-Demuéstrame que me equivoco.- Sonreí y me aparté bajo la atenta mirada de Tom.

Le hice un gesto con la cabeza a Georg y Gustav. Ellos serían los únicos que me llevaría conmigo, al menos sabía que era los únicos que no me traicionarían si la cosa se ponía seria.

Gustav abrió la puerta para mí y entré. Debía reconocer que estaba aterrada pero no podía dejar que eso me detuviese. La casa estaba a oscuras pero sentía esa presencia en el ambiente. No era tan fuerte como la de Markus pero sí tan potente que podía llegar a percibirse desde fuera.

Todo estaba en completo silencio salvo por el fuerte olor a sangre... nuestra sangre. Georg no tardó en encender las luces y fue así como vimos los cuerpos de varios de los empleados que trabajaban en la casa y de servicio. Estaban casi desmembrados, algunos con un gran corte en el cuello o en sus cuerpo. Muchas de las mujeres tenían signos de haber sido violadas de la manera más terrible que cualquiera podría imaginarse, desangradas y con los ojos bastante abiertos.

-Lilith, sal de aquí.- Las palabras de Georg retumbaban en mis oídos sin ni siquiera quedarme con el significado de ellas.- Mantente detrás nuestra.- Añadió, al ver que no le haría caso.

El olor a sangre era casi repulsivo pero no podía venirme abajo ante esto. Respiré, cogí aire de aquel ambiente infestado y seguí caminado. Había visto cadáveres otras veces e incluso había sido yo la que había matado en ciertas ocasiones (cosa de la que no me sentía orgullosa) pero reconocía que ver a mi gente muerta y desangrada de la peor manera que jamás había podido imaginar, me revolvía. Lo peor era que estaban así por mi culpa, para proteger a aquella diosa en la que ellos creían.

Cogimos por una de las escaleras que conducían a los sótanos inmensos bajo la casa a los que nunca había ido salvo para dirigirme a donde estaban mis abuelos enterrados. Había miles de puertas que antes había visto custodiadas por guardias de seguridad y detrás de una de ellas, una presencia que conocía. ¿Markus? ¿Era Markus quién estaba ahí?

-Detrás de esa puerta.- Señalé para que Georg y Gustav se percatasen.

-La cerradura no ha sido forzada, así que no debe de haber nadie dentro.- Noté el nerviosismo de Gustav en su voz.

-Abridla.- Estaba segura de que había alguien ahí, vivo o muerto, y no era de los nuestros.

-Lilith...- Georg secundó a su compañero.- No podemos abrir esa puerta, no tenemos la clave ni nada...- Se tocó la cabeza nervioso.

-¿Quién tiene la clave?- Pregunté.

-Mmm... El... Tom.- Por supuesto que tenía que ser él.

Me acerqué a la puerta y puse mi mano sobre aquel cajetín con números pendiente de que por un milagro divino la contraseña apareciese ante mis ojos. En lugar de eso, esperé, esperé y esperé... “click” un sonido casi inaudible pero que hizo que toda la piel se me pusiese de gallina. La puerta se había abierto y no sabía cómo pero este hecho había puesto a Georg y a Gustav demasiado nerviosos.

-Entraremos nosotros.- Georg se puso delante de mí y Gustav justo detrás de éste.

-Yo también voy.- Declaré.

-Mejor no, puede ser peligroso.- Dijo Gustav con su seriedad de siempre.

-¿Os olvidáis de quién soy? ¡¿Sois capaces de desobedecer mis órdenes?!- Grité. No quería hacerlo pero estaba segura que había alguien al otro lado y por alguna extraña razón, esa presencia no me provocaba ningún miedo.

-Está bien.- Dijo Georg, haciéndose a un lado.

Abrí la puerta de hierro que podría pesar más que los tres juntos. Todo estaba oscuro y olía fatal. Las náuseas no tardaron en subir por mi garganta y revolverme el estómago. Era un sitio parecido a una cárcel, más bien al corredor de la muerte de Guantánamo. Eran puertas grises con un pequeño ventanal de cristal y una rendija en los bajos de la puerta.

-¿Qué es esto?- Pregunté confusa y mareada por el olor.

-Es... Aquí es donde encerramos a... bueno,... rehenes o... a la gente de Markus.- Titubeó Gustav. ¿Rehenes? ¿Gente de Markus? Mis ojos fueron hasta la última puerta de aquel interminable pasillo. Una luz titilaba justo en frente de ésta, exactamente donde la presencia se hacía más fuerte.

-¿Qué semejante monstruo es capaz de encerrar a gente aquí como si fuesen animales salvajes?- Me arrepentí al hacer esa pregunta porque sabía cuál era la respuesta.

Me acerqué a la puerta y me puse de puntillas para mirar por la ventanilla. Si mi corazón estuviese latiendo en ese momento, se me había salido por la boca. Había una figura agarrotada en un esquina apenas alumbrada por la ventanilla por la que estaba mirando.

De repente, esa figura ya no estaba y lo único que pude ver fueron unos ojos tan azules como el mar, unos ojos tan conocidos y a la vez angustiados que los reconocería allá donde fuese. Esos ojos me miraron a través de aquel cristal y de la impresión caí al suelo mientras que Gustav y Georg corrían para que mi cuerpo no lo tocase.

No podía ser. No podía ser él. Estaba muerto, yo lo había visto morir. ¿Qué hacía Adam allí?





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Espero que os haya gustado!!

- Eva 

domingo, 21 de febrero de 2016

Capítulo 76 Spoiler

-Elige.- Dijo cuando su respiración se tranquiló.

-Luchar.- Dije sin pensarlo dos veces. Era hora de moverse pero cómo. Ni siquiera sabía si ella era una diosa... ¿Cómo iba a serlo? ¿Y si lo era? ¿Y esa conversación con Jan, sus besos con él,...?- ¿Y tú qué eliges?- Ella me miró sin entender a qué venía esa pregunta.- ¿A Jan o a mí?- Lilith sonrió de esa manera frívola que venía haciendo desde hace un tiempo.

-Elijo la muerte entonces.- Sonreí, sin saber por qué pero lo hice.


Supongo que en aquel entonces no sabía nada de lo que pasaría después...



domingo, 27 de septiembre de 2015

Capítulo 75

Capítulo 75


By Tom


-Sólo podemos esperar a que despierte, señor.- Le di la última calada al cigarro y lo tiré. La cabeza me iba a explotar en cualquier momento. Lilith seguía sin despertarse y eso me ponía más nervioso.

-¡Tom!- Bill vino, apresurado.- Se ha despertado.- Casi susurró.

Me apresuré junto a él, corriendo por los pasillos de la casa de campo de Burdeos. Los pasillos parecían hacerse más largos a medida que caminaba y las escaleras parecían no tener fin. Sentía mis pies casi volar sobre el suelo mientras los pasos de Bill me seguían, intentando recorrer todo el transcurso que mis zancadas dejaban.

Llegué hasta aquel sitio, fuera de las estancias de la casa. Era una especie de casa a parte, más adentrada en el bosque y vigilado en silencio por decenas de monstruos como yo ocultos donde no pudieran verlos. Las paredes de piedra de aquel lugar sin ventanas dejaban ver la edad que podía tener aquel edificio. Recordaba haber estado aquí años atrás aunque nunca pensé que volvería.

Las puertas se abrieron a la llegada de Bill y mía. Él estaba acostumbrado a venir aquí ya que era la cabeza principal de nuestra “religión”. Bill caminaba en silencio y yo le seguí estaba vez. Oía algunos cánticos de las sacerdotisas cuyas letras provenían del latín más profundo.

-Mi Señor.- Lila hizo una reverencia que no esperé. Hacía mucho que nadie me la hacía así que suponía que para ellas yo aún seguía siendo alguien... o puede que Bill tuviese algo que ver.

-¿Cómo está?- Ella asintió y en parte me tranquilizó aunque seguía sintiendo ese pellizco que me impedía articular más de dos palabras juntas.

-¿Podemos verla?- Preguntó Bill y Lila abrió la puerta con cuidado.

-Mi Señora, han venido a verla.- La sacerdotisa se apartó de la puerta, dejándonos vía libre.

-¡Pequeñaja!- Bill corrió hasta ella y se tiró literalmente encima mientras yo permanecía en el marco de la puerta. Me iba a encontrar con mi peor pesadilla, que la persona que me había cambiado por completo no existiera y sólo era la tapadera de un ser todavía más monstruoso que yo.- ¿Cómo estás?- Mis ojos por primera vez se posaron en ella.

El pelo le caía por la espalda, ese rubio anaranjado brillaba más que nunca. Su piel tan blanca como siempre parecía resplandecer, casi tanto como la nieve cuando se reflejaba el sol en ella. ¡Joder! Me estaba perdiendo de nuevo, otra vez volvía a bajar la guardia cuando ni siquiera sabía si la persona que estaba ahí era la misma.

-Estoy bien, Bill, un poco cansada.- Mi cuerpo se congeló al escucharla. Era la misma voz dulce y tranquila de siempre... ¿Era ella?
-Iré a hablar con Lila a ver qué es lo mejor y si puedes volver a casa. Tom se queda contigo mientras.- Bill le dio un beso en la frente y me guiñó un ojo antes de salir... Maldito Bill.

La situación no podía ser más incómoda. Ella seguía con la cabeza gacha, sentada en la cama mirándose las manos, yo, por el contrario, caminaba cauteloso hasta ella, pensando que en cualquier momento su cara se volvería a mirarme con los ojos rojos como la sangre.

No más lejos de la realidad, me miró, sí, pero me miró con esas pupilas color miel en las que tantas veces me había perdido...

-Pensé que no te volvería a ver.- Dije, rompiendo ese incómodo silencio. No sé de dónde habían salido aquellas palabras, simplemente se escaparon de mis labios.

-Yo también.- No pude detenerme hasta llegar a su cama, sostener su rostro y besarla como si lo hiciese por primera vez, con miedo y con una ganas tremendas.

-Mataré a Jan y me haré un collar con sus putos colmillos.- Me di la vuelta pero ella sostuvo mi camiseta, deteniéndome.- Lilith, suéltame.- Apreté los puños, sosteniendo las ganas de quitarle el brazo y salir a matar a ese hijo de la gran puta.

-Tom, siéntate, por favor.- Sentí su mano temblar y sin saber por qué motivo, me senté en la cama.- Jan sabe demasiado.- La miré sin entender nada.- Ahora tienes un hijo con Eva, me da miedo pensar lo que podría hacer sólo por venganza.- Esas eran las últimas palabras que creía que ella me diría. De repente, me sentí mal. Ese niño... mi hijo... había estado solo todo este tiempo porque era incapaz de prestar atención a alguien que no fuese ella.

-¿Por qué?- Pregunté. Ella me miró casi con lágrimas en los ojos.

-Porque tengo mucho miedo.- Se abrazó a mí casi temblando. Sabía que me ocultaba algo pero desconocía el qué.

-Te dije que te protegería.- Le confesé aferrándola más a mí.

-¿Cómo? ¿Permaneciendo encerrado en tu habitación? Ya no tienes poder, Tom.- El tono de su voz cambió. La dulzura de su voz se había vuelto fría, oscura...

-Te equivocas... Lilith.- Al pronunciar su nombre noté como su cuerpo se contraía.- Los dos sabemos qué es lo que Jan quiere, el poder.- Se deshizo de mi abrazo y clavó sus penetrantes ojos en mí.

-Exacto... ¿Y quién representa el poder para nuestra especie?- Preguntó ella.

-Lilith.- Susurré. Ella asintió débilmente, mientras su rostro palidecía un poco más.- ¿Y qué pasa con Markus? Han acabado con toda la especie en África... Vienen a por ti, hacerles creer que realmente eres ella supondrá el fin.- Ella negó con la cabeza.

-¿Y crees que tendrán más piedad de mí pensando que soy una simple vampiresa? Has matado a su hijo...- Sabía lo que pretendía, hacerse pasar por la diosa para intentar negociar pero eso supondría ponerla en peligro y no lo iba a permitir.

-No te vas a meter en esto, Lilith.- Sentencié rotundamente.

-¿Y por qué?- Preguntó ella confundida y con rabia.

-¡Porque lo digo yo!- Grité, levantándome de la cama a punto de dar por finalizada esta conversación.

-Ese es tu problema y el de toda la maldita familia Kaulitz. Pensáis que soy tan delicada y débil como un bebé y reconozco que en parte es culpa mía porque tenía miedo a todo esto. Sin embargo, la respuesta ha estado delante de nosotros durante mucho tiempo y la hemos ignorado. Ellos piensan que soy Lilith, bien... dejemos salir a Lilith.- En parte llevaba razón pero me negaba a que entrase en este corrupto juego.

-No.- Cerró los ojos intentando mantener la calma.- No voy a dejar que te expongas.- Ella también se levantó para pelear en igualdad de condiciones.- No eres Lilith y hoy por fin lo puedo decir así que me niego a que te hagas pasar por ella. Lilith nunca existió, es un cuento chino igual que la biblia y cualquier libro más.- Intentaba hacerla entrar en razón aunque sabía que no iba a ser una tarea fácil.

-Si hace unos años me hubiesen dicho que los vampiros existían también hubiese pensado que era un cuento chino.- Declaró. Era igual de cabezota que Bill... pero no más que yo.

-No compares.- Me di la vuelta para irme. Iba a dar por finalizada aquella conversación.

-Tengo una pregunta, Tom.- Abrí la puerta y esperé que la formulara ya en el pasillo.

-No tengo todo el día.- Dije sin apartar la vista de ella.

-¿En qué momento te dije que no era ella?- Levantó la vista del suelo, con los ojos del rojo más brillante que jamás había visto y una sonrisa escalofriante en su rostro.

La puerta se cerró de golpe, antes de que me diese tiempo a reaccionar. ¿Era ella? ¿Lilith era...?

-Señor, le acompaño a la puerta.- Lila salió de alguna parte, indicándome la salida.

-¿Quién más lo sabe?- Conseguí decir con la vista perdida en la puerta.

-¿Perdón?- Lila parecía no saber nada.

-Lilith... ¿es ella?- Parecía confundida.- Lila...

-Acompáñeme a la puerta, por favor.- Estaba claro que no iba a decir nada.

Salimos al jardín, donde Bill estaba fumándose un cigarro al igual que Georg. Lila iba delante de mí, caminando rápidamente como si temiese que la vieran conmigo. Lo extraño es que no hubiese ninguna otra sacerdotisa por los alrededores.

-Lila.- La llamé, y ella se volvió nerviosa.- ¿Qué sabes?- Miraba por todos sitios como si temiese que alguien nos estuviera viendo.
-Ella está... creciendo.-Susurró.

-¿Lilith?- Ella asintió.- ¿Qué significa eso?

-Dentro de ella está...

-¡Lila!- Una de las sacerdotisas apareció apresurada por el jardín.- La señorita Kaulitz te reclama.- Me dedicó una reverencia y clavó sus ojos en la temblorosa Lila. Quizá me había dicho más de lo que debiera.

-Señor.- Lila se agachó y se fue junto a ella, con la cabeza gacha y casi sin poder caminar.

Ahí estaba de nuevo, sin ninguna pista a la que aferrarme. ¿Era realmente ella? Era imposible que lo fuese. Lilith era demasiado dulce y débil... ¿Y si no lo era? ¿Y si todo este tiempo había llevado a cabo un papel muy distinto a su verdadera personalidad?

Comencé a caminar rápidamente, si quería saber quién era realmente la mejor forma de saberlo era por las cámaras que la vigilaban las 24 horas del día. La habitación donde estaban los monitores estaba sola... ¿Qué mierda de vigilancia era esta?

Me senté en uno de los sillones y la observé. Estaba sentada en la cama escribiendo algo. En una de las cámaras pude ver que se trataba de una pequeña libreta. Estaba tan ensimismada en lo que estaba haciendo que no era consciente de nada de lo que pasaba a su alrededor pero aún así, ningún indicio que me dijese que ella era quien mis temores apuntaban.

De repente, alguien llamó a la puerta. Ella cerró la libreta y con manos temblorosas la escondió bajo el colchón de su cama como si temiese que alguien la descubriese. Podía sentir como sus músculos se tensaban, como sus piernas temblaban ante el sonido de la puerta abrirse... Ahí estaba la Lilith por la que perdí la cabeza, la dulce y tierna Lilith.

-Señora, el señor Jan desea verla.- Pude apreciar como se acomodaba la ropa, sobretodo en la parte de las caderas. Tenía ese pequeño camisón que Mara le regaló en “nuestra noche de bodas”.

Me estremecía ver entrar al hijo puta de Jan con esa asquerosa sonrisa en la cara, que me encantaría partirle. Cerró la puerta tras sí y se quedó mirándola. Lilith no parecía tan nerviosa ahora o al menos no lo aparentaba.

-Vaya, vaya...- Dijo al fin Jan.- No estás muerta.- Maldito cabrón. Ella miró hacia abajo, sin contestar.- Tu hermano ha venido a verte. Seguro que le has chupado la polla como la puta que eres. ¿Quieres otro bicho creciendo en ti, verdad?- Sus palabras me daban asco hasta a mí.

-¿Crees que porque tengas poder sobre cuatro imbéciles lo tienes sobre mí?- Contestó Lilith aún con la cabeza gacha.

-¿No pensarás que creo que esas estupideces de que eres una Diosa o yo que sé?- Dijo él, riéndose.

-¿Y tú no pensarás que me creo que tienes poder suficiente para ser el líder que crees ser?- La risa de Jan desapareció. El también estaba pensando si realmente había despertado. Se sentó en la silla de una especie de tocador que había en la habitación, supongo que le estaba costando mantenerse de pie.
Su manera de caminar casi de otro mundo se acercó hacia él mientras sus ojos se abrían a la vez que semejante criatura le concedía un segundo de atención. ¿Dónde estaba su confianza ahora? Había desaparecido de la misma forma en la que ella se había presentado ante él.

-Matémoslo.- Declaró ella ante aquella propuesta que en el fondo no me parecía tan descabellada.- Te harás con el control de todo el mundo, serás el líder de toda la especie...- Su sonrisa me heló la sangre incluso a través del cristal.

-¿Qué quieres a cambio?- Ella se acercó hasta donde estaba él y se inclinó sobre la silla en la que Jan parecía tan cómodo.

-A ti.- Se mordió el labio de aquella forma en la que tantas veces me había hecho enloquecer, dejando aquella minúscula gota de sangre escaparse.

Se sentó sobre él y empezó a besarlo intensamente. Jan permanecía con los ojos abiertos sin dar crédito a que aquella persona estuviese prácticamente arrastrándose por él. Deseaba no estar viendo esto pero allí estaba, incrédulo ante semejante escena vista a través de una televisión. ¿Esa era la verdadera Lilith? ¿Era cierto que había despertado?

-Sólo un anticipo.- Dijo ella levantándose.

-No me lo creo. Sé que es una trampa.- Dijo Jan con la boca medio ensangrentada.- ¿Por qué querrías acabar con él? Lo amas.- El estómago me dio un vuelco. De nuevo esas palabras que tantos quebraderos de cabeza me habían dado.

-¿Eso crees?- Dijo ella sin cambiar su expresión,- Hubiese llegado más lejos si hubiese tenido a ese monstruito con él, lo habría tenido comiendo de mi mano.- Él sonrió y yo me incorporé para salir de la sala de cámaras.

Estaba bien, querían matarme... No iba a impedírselo. Si lo pensaba era lo mejor que podían hacer. Jan tendría su ansiado poder, el Consejo le estaría chupando el culo y yo, yo podría al fin descansar. Pero... ¿Qué pasaba con aquel niño, mi hijo?

Crucé aquel bosque y llegué a la casa a una velocidad que no conocía. Subí las escaleras aún más rápido y llegué hasta su habitación. No dudé dos segundos y abrí la puerta de golpe, con los ojos desencajados y con la respiración agitada. Eva estaba allí, mirándolo dormir en la cuna. Se volvió cuando me escuchó entrar, con lágrimas en los ojos... y por un momento me sentí tan miserable que no quise mirarla a la cara.

-Al fin te dignas a aparecer.- Dijo ella, volviéndo a fijar sus ojos aguados en la cuna.

-He estado ocupado.- Conseguí decir.

-Ya...- Me acerqué a la cuna también. Estaba ahí, tan pequeño y tan frágil. Dormía sin temer a nada, como si el mundo no estuviera desapareciendo para él.- Es tu hijo, Tom, y ni siquiera tiene nombre, como el bastardo que es.- La miré con los ojos como platos. No era eso lo que yo pensaba.- Te hubiese gustado que hubiese sido hijo de tu hermana, un Sangre Pura verdadero...- Acerqué mi mano a su pequeño cuerpo. No respiraba, ni siquiera se inmutó cuando mis congeladas manos aterrizaron en él.

-Aaron...- Susurré.- Se llama Aaron.- Sus pequeños ojos se abrieron como si yo lo hubiese llamado. Algo dentró de mí hizo un ruido inmenso cuando ese pequeño ser sonrió al mirarme.

-Haz lo que quieras con él, parece que va a ser igual que su padre.- Salió de allí, dejándome solo con... mi hijo.

Lo cogí con manos torpes y lo acuné entre mis brazos. Sentía esa unión especial entre él y yo, casi tan sensorial como con Bill. Era mi hijo. Quizá no había llegado en el mejor momento y su madre no era la que me hubiese gustado que fuera pero él no era un error, era una de las mejores cosas que me habían pasado en mi vida.

-Aaron...- Lo llamé, acercando mi dedo a su mano, que no tardó en coger.- No estoy seguro de si seré un buen padre pero te aseguro que no seré como Jörg. Y si algún día se me va la olla por completo, mátame y alejate de los Kaulitz.- Él sólo volvió a sonreír.


By Lilith


Respiré profundamente, apaciguando el dolor de mis entrañas. Era como si me estuviesen desgarrando por dentro aunque ya había aprendido a convivir con él. La herida de mi labio no se cerraba y no tenía pinta de hacerlo pronto. Necesitaba a Tom para ello, para sanar cada herida de mi cuerpo, tanto externa como internamente.

Hacía un rato que Jan se había ido. El subidón que le había provocado aquella gota de mi sangre lo había vueto pletórico, como si de una droga se tratase, incluso noté su erección rozarme cuando lo besé. Pese a que mordí sus labios en busca de su sangre para aliviarme, no era más buena que la de un simple mortal. Sería por eso por lo que mi cuerpo no consiguió retenerla en mi organismo por más de dos minutos o quizá fuese ese ser que me consumía el que no aceptaba otra sangre que no fuera la de su progenitor.

Mi cuerpo se estremeció al recordar sus ojos de pavor cuando le dejé ver mis intenciones. Él no quería ponerme en peligro... tarde, estuve en peligro desde que nací. Si lo pensaba un poco mejor no era más que eso, una vampiresa a la que le habían otorgado un cargo para el que no estaba preparada por lo que en el fondo no éramos tan distintos. Tom un líder sin poder, yo, una diosa sin fuerza.

Llevé mis manos a mi vientre mientras volvía a coger aire. Allí estaba y había estado a punto de confesarle a Tom todo lo que yo sabía y él no. Prefería exponerme yo a exponer al fruto de toda mi vida, la razón de mi existencia...

La puerta se abrió sin previo aviso aunque sabía quién era. Sólo él podía permitirse tal lujo.

-Lo estás haciendo bien.- Sonrió pero yo desvié la mirada hacía sus manos, un vaso de sangre, de su sangre.- Te ayudará- La razón por la que había sobrevivido no había sido por la sangre de Tom sino por la suya.

-Lilith ha despertado de una manera insoportable.- Se sentó junto a mí y me besó la frente.

-No te soportas a ti misma.- Dijo mientras me acariciaba el pelo.- Sé fuerte, pronto todo acabará y tú tendrás el poder para hacer lo que quieras.- ¿El poder? Nunca me había interesado el mando aunque ahora era lo que más ansiaba. Proteger a la gente que quiería era la única razón que me llevaba a hacer todo esto.- Matémoslo, nadie nos dirá nada.- Cogí aire de nuevo tanto por el dolor como por su propuesta. Estaba decidida a hacerlo.

-Es sangre de nuestra sangre.- Dije casi para mí misma.

-Su sangre está podrida al igual que la nuestra.- Su mirada se oscureció como nunca la había visto.

-Espero que no me mate él antes.- Y por una vez en mi vida, no me dejaría hacer.-Bill...

-Nadie te matará porque tú eres... Lilith.- La simple mención de ese nombre me provovó de nuevo ese dolor inmenso en mi vientre.- Demuestrales a todos quién eres. A él no lo necesitamos...- Tenía razón, más que nunca tenía razón.

Me relajé cuando el dolor remitió y me acerqué a Bill lentamente hasta que nuestros labios se juntaron. Él no tardó en reaccionar ante el estímulo y se lanzó hacia mí, besándome como un poseso. Sí, era cierto que ella podía controlar a todo hombre que se cruzase en su camino, incluso a su propia sangre.

-Bill.- Lo llamé, cuando sus labios descendieron por mi cuello.- No quieres esto.- Esas palabras le hicieron reaccionar y quitarse de encima.

-Lo tendrás fácil.- Dijo con la respiración entrecortada y con los ojos azules de deseo.

-Te quiero.- Le dije.

-Y yo...- Salió de mi habitación sin mediar palabra.

Matar a ese monstruo era lo único que me mantenía con fuerzas aunque eso me arrastrase al mísmisimo infierno. Al fin y al cabo, estaba ya en él.


-¡Traigan sangre!- Las voces eran lo único que llegaba como estímulo hasta mi cuerpo. Notaba como éste se convulsionaba sobre algo blando, quizás una cama.

Todo el cuerpo me dolía muchísimo, la cabeza me daba vueltas y sentía como si una mano agarrase mi cuello. ¿Me moría? ¿Era esto lo que se sentía cuano morías? No, había muerto tantas veces que conocía lo indoloro y placentero que podía llegar a ser.

-¡Señora!- Era la voz de Lila, la única que había estado conmigo día sí y día también. Quería hablarle pero no podía.- Todo saldrá bien.- En ese momento me di cuenta de a lo que me enfrentaba. No estaba luchando por mi vida sino por la de ese pequeño ser.

A partir de ahí, no recordaba nada más que como esas voces desaparecían, mi cuerpo flotaba en el aire y me sentía con una especie de paz interna increíble. No sabía si estaba muerta o era el efecto de la sangre de Lilith sobre mi organismo pero me sentía bien, quizá mejor que nunca.

Desperté de golpe como si el aire me estuviese faltando de nuevo. Lila tenía sus ojos clavados en mí mientras limpiaba la sangre de mis piernas.

-No...- Conseguí decir, aterrorizada.- ¿Dónde está?- Los ojos me escocían, estaba a punto de llorar.

-Señora, tranquilícese. Todo está bien.- Me llevé las manos a la barriga y sentí su presencia. Era tan potente que daba incluso miedo.

-Entonces... ¿Soy ella?- Conseguí decir con voz temblorosa.

-La Biblia de los Vampiros dice que Lilith estará reencarnada en la hija Sangre Pura nacida a partir de dos de ellos.- Dijo Lila con una media sonrisa en los labios.

-Yo soy la hija nacida Sangre Pura- Pregunté confusa.

-Simone no es hija de la señora Elizabeth sino simplemente del señor Lestaf con una humana. Su condición de Sangre Pura le viene dada por su padre.- Estaba más que confundida.

-No entiendo qué quieres decir.- Me estaba poniendo nerviosa porque no entendía a dónde quería llegar.

-Usted nació fruto del Vínculo de Jörg y Simone, un Sangre Pura varón y una noble con condición de Sangre Pura. Ya que las mujeres no nacen de los Vínculos de Sangre y usted nació, el Consejo pensó que era usted la diosa Lilith reencarnada, que nacería con sus poderes y demás.- Lila se acercó a mí un poco más, como si alguien nos estuviese escuchando.- Los auténticos Sangres Pura sois el señor William, Thomas y usted.- Una bombilla pareció encenderse en mi cabeza, no necesitaba que siguiera explicándome.

-Mi Vínculo con mi hermano, el Vínculo de dos Sangres Pura...- Las palabras se apresuraban en mi boca por salir.

-Sus abuelos, sus padres y el señor William lo saben junto con nosotras, las sacerdotisas. El Consejo y el señor Thomas aún creen que usted puede ser ella pero es imposible. Nosotros intentamos impedir el Vínculo de Sangre entre el señor Thomas y usted porque...- Ella calló pero supe lo que quería decir.

-Porque somos Sangres Pura unidos que pueden traer a la reencarnación de Lilith a la Tierra.- Terminé.

-Si ese ser que crece en su interior es una niña, supondrá la salvación. Nuestra especie estará libre de amenazas y seremos los dominantes. La paz reinaría sobre nosotros con la reencarnación de la Madre. Sin embargo, también puede traer la destrucción, el caos... la exterminación de la especie.- La cabeza me había empezado a dar vueltas.

Sólo unos pocos sabían que yo nunca sería ella, porque la profecía lo decía, de la unión de dos Sangres Pura. Mi madre no era completamente una pero Tom y yo sí. Si este ser que crecía en mi interior era una niña, significaba que tendría los poderes de la primera de nuestra especie, la más poderosa de todos.

-Como es imposible que lo sepamos hasta que nazca, tenemos que hacer todo lo posible para que no sospechen nada o de lo contrario querrán acabar con ella porque así el Consejo y el líder tendrán el máximo poder.- Continuó Lila. Podía ver la pasión en sus ojos. Ella junto con las sacerdotisas habían dedicado su vida a rendirle culto a esa Diosa con nombre Lilith. Sin embargo, yo no quería protegerla a ella sino al fruto de mi amor por Tom.

-Es mejor hacerles creer que yo soy ella...- Ella asintió con una sonrisa en los labios.

-A usted podemos protegerla pero a un no-nato no.- ¿Protegerlo? Eso era lo que quería.

-¿Qué tengo que hacer?- Pregunté sin ni siquiera pensar más de dos segundos.

-De momento, quitar al señor Thomas de en medio, él podría estropear nuestros planes.- Dijo Lila con una mirada fría que me heló la sangre.

-Soy toda oídos.- Me acomodé en la cama y dejé que Lila me contase el plan.


Quizá yo no fuese la diosa pero era Lilith... Yo era Lilith.