miércoles, 30 de octubre de 2013

Capítulo 53

Capítulo 53


By Tom


La puerta aún estaba cerrada. Notaba su presencia al otro lado y lo prefería así. Hoy no tenía ganas de verla y más, después de lo de ayer. Quizá me pasé un poco con ella, dejándola con las ganas de sangre pero tenía que hacerle entender lo insufrible que era esa sed.

Por la tarde, cuando había salido hacia el funeral de Rachell, Lilith había seguido metida en su habitación. Sólo esperaba que esto no le durase mucho y que tuviese una respuesta clara hoy o me volvería loco. No quería esperar más.

-Buenos días, Thomas.- Gretchen me había puesto el café delante con esa sonrisa que parecía que nunca se borraba de su cara. ¿Cuánto tiempo llevaría ahí?- ¿Ha pasado una mala noche?- Buena pregunta.

-Tal vez.- Por no decir que no había pegado ojo en toda la puta noche.

-Es una chica extraordinaria.- Levanté la vista del líquido negro de la taza. ¿Estaba hablando de Lilith?- Es preciosa y tiene una sonrisa de lo más encantadora.- Sí, eso ya lo sabía...- Aún no sé cómo llamarla. Es muy joven para decirle señora aunque esté casada con usted.- Casada. Debía acostumbrarme a ese adjetivo.

-¿Hablaste con ella ayer?- Gretchen movió la cabeza en señal de afirmación. Necesitaba saber de qué habían hablado, si Lilith le había sonreído...

-No mucho, simplemente del apartamento y poco más.- Me estaba ocultando información.

-Bu... Buenos días.- Una débil voz sonó en mi espalda. Lilith...

-Buenos días, señorita.- Gretchen le dedicó la más sincera de sus sonrisas, yo simplemente no me volví.- Le prepararé el desayuno.- Se puso manos a la obra mientras Lilith se sentaba en el taburete de al lado, con la cabeza gacha y tocándose nerviosa las manos.

Decidí pasar de ella y centrarme en tomarme el café antes de que se enfriara. Era un lujo que hacía tiempo que no me daba y es que beber sangre a 36º me estaba empezando a cansar. Sentía como el calor abrasaba mi garganta y me gustaba, era lo más parecido al dolor que hacía siglos que no sentía.

-Tom.- La miré de reojo cuando pronunció mi nombre. ¿Se había puesto roja?- Me gustaría ir a ver a Cintia al hospital.- Le di el último trago al café y me levanté del taburete de la barra de la cocina, a este paso llegaría tarde.- ¿Po... Podrías... esto... llevarme?- Por primera vez desde que llegó la miré a los ojos. Me mantuvo la miraba un par de segundos hasta que volvió a mirarse las manos.

-¿Por qué quieres ir?- Gretchen le puso el desayuno y había empezado a comer muy despacio como siempre hacía.

-Quiero ver a Cintia y saber cómo está el bebé.- Se quedó pensativa mirando las tostadas. Quizá se estuviese acordando de lo acontecido en el parto de Cintia. Ayer vi las marcas de sus colmillos en su muñeca. Siempre tardaban tanto en irse...

-¿Ya no te duele?- Ella me miró nerviosa y yo bajé mi mirada hacía su pecho, ella lo siguió y se dio cuenta de a qué me refería. ¡Dios, estaba tan delgada!

-No, no demasiado.- Ahora que mi fijaba sus ojos no brillaban como antes, su cuerpo había perdido bastante peso y su piel había dejado de tener ese brillo especial.

-Tienes que comer más, estás en los huesos.- Ella abrió los ojos sorprendida ante mi comentario.- Tienes cinco minutos si no, te quedas aquí.- Empezó a comer de nuevo, esta vez más rápido. ¿Por qué no me había dado cuenta del estado tan demacrado que tenía?


[…] 


El viaje en coche hasta el hospital me estaba poniendo enfermo. El olor de la sangre de Lilith me estaba volviendo más loco si cabía y ya que estaba lloviendo, ni siquiera podía abrir los cristales. Hacía tanto tiempo que no la probaba que mataría literalmente por ella. Además, su silencio en el coche me estaba alterando. Obviamente no teníamos nada de que hablar o realmente sí, pero ninguno se atrevía a dar el primer paso.


Me preguntaba por qué habría ido al baño antes de irnos. Salió más nerviosa de lo normal y con los ojos hinchados claramente de haber estado llorando. Puede que estuviese presionada porque le había dicho que necesitaba una respuesta para hoy y esperaba que fuese la más acertada o de lo contrario... No. Después de lo de ayer, estaba seguro de cuál sería su respuesta. ¿Tenía que dejarle más claro cuál era la opción correcta?


-Me estoy poniendo enfermo.- Lilith salió de su aturdimiento cuando hablé. Me estaba mirando, esperando que le diese una explicación.- Tu sangre me pone enfermo.- Volvió a mirar por la ventana del coche mientras se tocaba la cicatriz de su muñeca.

-Lo siento.- Mierda. No tenía que sentirlo.- Antes te gustaba.- Su mano de movió rápida por su cara. ¿Estaba llorando? Bien.

-Ahora me da asco.- Agachó la cabeza, haciendo que su larga melena rojiza apartase su rostro de mi vista.- Ahora que todo el mundo tiene acceso a ella ya no es tan valiosa.- La miré ahora que no podía verme. Estaba casi temblando en el asiento del copiloto y no estaba seguro de a qué se debía.- Tu sangre, tu cuerpo, tú... Eres como un clínex usado.- Sonreí ante mi comparación. Ella clavó sus ojos en los míos. Estaban llenos de lágrimas mientras las otras descendían por sus mejillas. Se mordía el labio intentando apaciguar más de un grito.

Aparqué el coche a un lado de la solitaria carretera. Ella se sorprendió sin entender muy bien a qué se debía todo esto. Es más, diría que estaba con un miedo atroz que se dejaba ver en todo su cuerpo.

-¿Qué... Qué haces?- Me desabroché el cinturón de seguridad y me fui acercando a ella. Por el contrario, ella se alejaba hasta que su espalda dio con la puerta.- No te acerques.- Sus lágrimas seguían brotando, empapando su rostro pálido.- ¡Suéltame!- Le agarré las muñecas y se las puse por encima de la cabeza, pegadas al cristal tintado.

-Soy tu líder, Lilith, y quieras o no, tienes que complacer mis deseos.- Pegué mi boca a su cuello y empecé a lamer con brutalidad la vena que más sangre llevaba. La sentí temblar y sus lágrimas mojarme la mejilla.

-No lo hagas.- Dijo entre sollozos.- No así, Tom.- Pasé la lengua por su cuello, absorbiendo el rastro de las lágrimas.- ¿Por qué me haces esto?- Ascendí por su barbilla y me quedé ahí, mirando fijamente a sus ojos y luchando para no acortar la cercanía de su boca y la mía.

-Necesito que elijas bien.- Me veía reflejado en sus pupilas y por primera vez en mi vida, no odiaba mi reflejo. Ante sus ojos no era un monstruo sino yo, simplemente yo.

-¿Qué quieres que elija?- Apreté sus muñecas entre mis manos siendo consciente del dolor que eso le provocaba en la que estaba marcada por sus colmillos.

-La que te permita ser feliz.- Volví a bajar mi lengua a su cuello y a lamer como si fuera un caramelo. Estaba tensa, tanto que le dolería más cuando le clavase mis colmillos. Sabía tan bien...

-¿Cuál cree que es la mejor, mi Señor?- ¿Mi Señor? Paré y me quedé oliéndola, su sangre, a Lilith, a mi pequeña hermana...

-No tienes por qué llamarme así.- Pasé de nuevo la lengua por esa vena, poniéndole la piel de gallina.

-Mi deber es complacerle así que elegiré la que usted me ordene.- Calvé mis colmillos en su piel y su sangre salió disparada hacia mi boca. Lilith se aguantó el grito de dolor y apretó los puños para contenerlo.- Mi señor...- Su sangre, su deliciosa sangre me estaba volviendo loco. Me veía incapaz de parar y dado el estado en el que se encontraba ella, dudaba que aguantase mucho sin sangre. ¿Me cansaría algún día de ella? ¿Podría vivir sin su sangre?- Dime que quieres que me quede.- Solté sus muñecas y la abracé. Su cuerpo se pegó por completo al mío, dejando que mis colmillos profundizaran más.- Para.- Su voz sonaba débil pero yo era incapaz de detenerme. Hacía tanto tiempo que no probaba su sangre.- Basta, Tom.- Me separé con lentitud absorbiendo la última gota antes de que se cerrase la herida. Se llevó la mano al cuello y cerró los ojos con fuerza. Le dolía.

-Lo siento.- Abrió los ojos impresionada. Sí, yo, Thomas Kaulitz había pedido perdón por primera vez en mi vida.

-¿Quieres que firme la disolución? ¿Es por eso que lo has hecho? ¡Me has mordido para que me aleje de ti! ¡¿Por qué, Tom?! ¡¿Por qué sigues pensando que eres una mierda?!- Su mano se estampó en mi cara haciendo que la girase por el golpe. Sentía un fuego abrasador en mi mejilla.- ¡Markus me lo contó todo! ¡¿Por qué quieres alejarme de ti?!

-¿Markus te lo ha contado? ¿Por qué no me lo has dicho?- Markus estuvo con ella el día que mató a Rachell...

-¡¿Quieres que firme la disolución?! ¡¿Es eso?!- Se metió la mano en el bolsillo y sacó el papel de la disolución del bolsillo.- Voy a firmarlo, Tom. Pese a que no quiero voy a hacerlo por ti. Para que seas feliz sin mí.- Cogió un bolígrafo de la guantera y firmó el papel a una velocidad de vértigo mientras que lloraba como una cría. ¿Por qué no podía moverme?- ¡Contento!- Me tiró el papel a la cara, con su firma impresa en ella. Respiraba agitada.

-No.- Levantó la vista y sus ojos miel aguados me miraron perplejos.- No es esto lo que quiero.- Miré el papel y su perfecta caligrafía. Algo dentro de mí me estaba atormentando y esta vez no eran las voces. Me sentía separado de ella, como si lo que durante años habíamos creado se derrumbara bajo mis pies. ¿Por qué me molestaba tanto que conociera mis planes? Ella tenía que alejarse de mí para sonreír de nuevo y no quedarse conmigo. A mi lado sólo le esperaría dolor y yo no quería eso para ella.

-¡¿Qué mierda quieres, Tom?!- Sus gritos cargados de lágrimas me estremecían.

-Te quiero a ti.- Agarré el documento y lo partí ante sus ojos. Sí, la quería demasiado como para dejarla ir. Todo mi vida la había dirigido a que fuera feliz y quizá yo ahora no podía hacerlo pero lograría que Lilith sonriera como cuando éramos pequeños y yo quería ser el motivo de su felicidad.

-¿Co... Cómo?- Sus ojos se abrieron como platos, deteniendo por completo las lágrimas en ellos.- Tú... Tú no me quieres.- Su voz entrecortada me ponía la piel de gallina. ¿Es que acaso no se había dado cuenta ya?

-Escúchame bien porque no lo voy a repetir.- Agarré su cara entre mis manos. La calidez de su piel hizo que me recorriese un escalofrío, esto era lo que ella siempre me provocaba.- He intentado por todos los medios alejarte de mí para que llevaras la vida que te merecías, fuera de los Kaulitz y de la sangre. Te he pegado, insultado, humillado de todas las formas posibles... y sigues aquí. Lilith, yo jamás podré darte la vida que te mereces, no puedo garantizarte que serás feliz a mi lado ni que nuestra vida juntos será fácil.- Hice una pausa para coger aire. Esto me estaba costando más de lo que pensaba.- Sin embargo, si me dejaras de nuevo, no podría soportarlo. Sí, estoy siendo bastante egoísta pero te necesito y por mucho que un papel firmado nos intente separar, tú y yo sabemos que no es tan fácil romper esto.- Sus manos se posaron sobre las mías, haciendo que ella también se estremeciera por el contacto.

-Dilo.- Sabía a lo que se refería pero me costaba decirlo sin más. La primera vez que se lo dije, ella se marchó. ¿Tendría el mismo resultado ahora?- Necesito oírlo para saber que no me estás mintiendo y es todo una trampa. Mírame a los ojos y dímelo.- No estaba seguro si podía hacerlo. Lilith no estaba preparada para saber todo lo que había detrás de mí y de la familia. Mi pasado y mi presente eran demasiado oscuros para ella y estaba seguro que en cuanto descubriera la verdad me dejaría. Aun así, quería cambiar mi futuro. Veía algo de luz al final del túnel donde ella me esperaba.

-Te quiero.- Su cara se volvió húmeda de nuevo, haciendo que mis manos se llenasen de aquel agua salada que emanaba de sus ojos.

Sus manos se apartaron de las mías para rodearme y dejar la cabeza apoyada en mi pecho. Había estado tanto tiempo anhelando este contacto que no tardé en imitarla. Era tan extraño abrazarla... Lilith estaba temblando entre mis brazos, llorando hasta el punto en el que sus lágrimas me estaban calando la ropa.

-Si estás mucho tiempo en esta postura, luego no te vas a poder mover del dolor.- Sus brazos me apretaron más a su cuerpo. No tenía intención de soltarme...

-El dolor no va a hacer que me aleje de ti.- Esa frase llevaba un doble sentido. Realmente, Lilith era más fuerte de lo que todo el mundo pensaba. Esas palabras demostraban su intención de permanecer a mi lado aún sabiendo el riego que corría al hacerlo.

-Llego tarde al hospital...- Noté como aflojaba su abrazo y se tapaba la barriga con los brazos. Le dolía.- Te lo dije.- Ella sonrió débilmente mientras se limpiaba las lágrimas con las mangas del jersey.


By Lilith


-¡Lilith!- Cintia exclamó desde la cama cuando me vio entrar por la puerta.- ¡Qué alegría volver a verte!- Su sonrisa era más deslumbrante. Se la veía tan feliz con el bebé en los brazos.

-¿Cómo estás?- Me acerqué hasta la cama donde estaba y la abracé con cuidado de no apretar al bebé.

-¡Muy bien! ¿Cómo estás del golpe?- ¿Golpe? El dolor incesante de las costillas rotas me recordó a lo que Cintia se refería pero no estaba segura de qué versión le habrían contando sobre mi “accidente”.

-Mejor.- Fijé la vista en el montón de mantas que Cintia sostenía entre sus brazos. Oía retumbar el corazón del bebé en mis oídos.- ¿Cómo está?- Le dije señalando a ese bulto que se movía.

-Muy bien, gracias a ti.- Bajé la cabeza mientras las imágenes de aquel día volvían a mi cabeza.- Lilith, no sé cómo agradecerte lo que has hecho por él. ¿Quieres cogerlo?- La miré impresionada cuando me lo preguntó. No recordaba la última vez que sostuve un bebé entre mis brazos. Quizá fuese con Shelly, pero de eso hacía tanto tiempo...- Toma.- Me acerqué un poco más hasta coger al bebé.- Estaba dormido y tan calentito. Su corazón latía lentamente, relajado y sin ningún daño. Su piel rosada contrastaba con la palidez de la mía. Era tan pequeño... Me podría quedar horas y horas mirándolo, observando a ese ser rebosante de vida gracias a mí. ¿Por qué debería de arrepentirme de haberle dado mi sangre para que pudiese vivir? No, no lo hacía. Es más, me hubiese arrepentido si no lo hubiese hecho.

-¿Cómo se llama?- Pregunté.

-André.- Sonreí ante un nombre tan francés que me recordaba a mi no tan feliz infancia en París.- Es como se llama el padre de Jake así que...- Dijo resignada.

-¿Has solucionado las cosas con Tom?- Aparté la vista del bebé para mirar a Cintia, la cual me observaba expectante.

-Sí, creo que sí.- Mi respuesta se le quedó corta ya que seguía con sus ojos fijos en mí, esperando algo más.- Estoy feliz.- Sí, lo había dicho. Estaba tan feliz que el intenso dolor de mi cuerpo pasaba desapercibido porque en mi cabeza sólo estaba él, sus ojos, su boca... Ese “te quiero”.

-¡Dios, Lilith!- Cintia empezó a llorar con una sonrisa en los labios.- Estoy tan feliz por vosotros.- Dejé a André en la cuna que había al lado de la cama y fui a abrazarla. Ella no tardó en corresponderme, sin hacer mucha fuerza dada mi situación.- Muchísimas gracias, Lilith, nunca me voy a arrepentir de que vosotros seáis los padrinos de mi hijo.- Yo también me eché a llorar pero estaba vez de felicidad y no me importaba derramar cuantas lágrimas fuesen necesarias en este momento.

-¡Ya estoy aquí!- Jake entró con un grito estrepitoso que hizo que ambas nos separáramos por la impresión. Este se quedó parado en el marco de la puerta al vernos llorando.- ¡¿Qué ha pasado?!- Miró hacia la cuna escandalizado pero cuando vio que el bebé estaba bien nos volvió a mirar como si estuviésemos locas.

-No grites, André está durmiendo.- Dijo Cintia en un tono demasiado bajo.

-¿Cómo estás, Lilith? Tom nos contó que no podías venir porque te habías caído.- Así que una caída que me había roto las costillas... Bueno, era creíble.

-Sí, quería venir a ver al bebé pero me dolía demasiado como para moverme.- Incluso al  hablar me dolía pero me daba igual.

-¿Quieres que le eche un vistazo?- Negué con la cabeza mientras sonreía. Sabía que era algo normal pero me daba vergüenza que Jake me examinase estando Cintia delante.

-Seguro que el doctor Kaulitz la examina todos los días.- Cintia y Jake se echaron a reír mientras yo me ponía roja como un tomate.

Entre charla y charla, estuve como dos horas en la habitación de Cintia haciéndole compañía. Conocí a sus padres, dos personas maravillosas a las cuales se les caía la baba con el pequeño André. La hermana de Cintia era más mayor que ella, quizás unos treinta y pocos, era monísima y... monja. Lo había decidido por su cuenta después de haber estado cerca de la muerte y haber vuelto a la vida cuando el 80% de sus órganos estaban dañados. Ella lo calificaba como milagro mientras Jake le decía que el milagro es el que yo había hecho con André. Todos me dieron las gracias y me invitaron a comer a su casa con Tom, en cuanto Cintia saliera del hospital.

-Creo que va siendo hora de irme.- Me levanté del sillón donde estaba sentada desde hacía más de dos horas. No pude evitar emitir un quejido de dolor cuando me puse completamente de pie.

-Te acompaño a buscar a Tom. Este hospital es muy grande y en tu condición dudo que llegues muy lejos.- Jake se levantó también de su sillón y le dio un beso a Cintia en la frente. Era una escena tan dulce.- Vuelvo enseguida.- Jake se adelantó y me abrió la puerta mientras yo me despedía uno a uno de los familiares de Cintia.

Los pasillos del hospital estaban casi vacíos. Algunas enfermeras y algún que otro médico se dejaba ver de vez en cuando apresurados o simplemente charlando entre ellos. La mayoría de ellos eran vampiros, los sentía y ellos cuando me miraban, bajaban la cabeza en señal de reverencia, cosa que pasaba completamente inadvertida para Jake.

Me preguntaba por qué Tom quiso trabajar de médico. Es decir, Tom en más de una ocasión había dejado claro que odiaba a los humanos por eso no entendía que hacía salvándolos. Tendría que preguntárselo aunque debía reconocer que me daba miedo. Pese a lo acontecido en el coche, después de arrancarlo y poner rumbo al hospital, la situación se tornó extraña. Ninguno de los dos dijimos nada aunque de vez en cuando lo mirase de reojo. Una vez que entramos en el hospital, simplemente me dijo el número de la habitación y la planta donde estaba Cintia y se marchó.

-Este es el despacho de Tom.- Miré la puerta cerrada que estaba delante. En ella había una placa con el nombre de Tom impreso “Doctor Thomas Kaulitz”.- Esto... Lilith.- Me volví a mirar a Jake cuando pronunció mi nombre pese a que yo estaba bastante distraída sintiendo la presencia de Tom al otro lado.- Muchas gracias por salvar a André.- Bajo la cabeza aguantando quizá las lágrimas.

-Jake, no me tienes que dar las gracias por nada. Al revés, gracias a vosotros por dejarme formar parte de la vida de André.- Le mostré la más sincera de mis sonrisas, aquella que había permanecido oculta durante todos estos años.

-Te dejo que entres en el despacho. Muchas gracias de nuevo, Lilith.- Jake me abrazó en señal de despedida y se fue por el enorme pasillo.

Me quedé un rato delante de la puerta pensando en qué le diría a Tom cuando lo viese. Estaba tan nerviosa, que incluso tiritaba. Tenía tantas preguntas que hacerle. Quería abrazarlo, besarlo... ¡Dios, me estaba volviendo loca!

Llamé con cuidado a la puerta y esperé la respuesta. Escuché unos pasos al otro lado mientras mi cuerpo luchaba por no desplomarse por la emoción de volver a verlo. La puerta se abrió de golpe y un perfecto Tom con la bata de médico salió a recibirme.

-Ho... Hola.- ¡¿Por qué estaba tartamudeando?!

-Pasa.- Se apartó de la puerta y empezó a caminar de nuevo hacia el interior de su despacho. Lo seguí y cerré la puerta cuando entré.

El despacho de Tom era bastante grande. Las paredes, al igual que el suelo, eran blancas. En una de ellas había bastantes cuadros de arte abstracto, pequeños y que le daban un toque más informal. En su escritorio, millones de papeles que se amontonaban y una pizarra transparente gigantesca con muchísimas cosas escritas que no me paré a leer.

-Señora Kaulitz.- Una segunda voz me sacó de mi aturdimiento. Un chico de poco más de veinte se levantó de la silla que estaba enfrente del escritorio para recibirme. No era un vampiro...

-Ho... Hola.- Miré a Tom esperando que éste me dijera quién era pero él ya se había sentado en la silla de su escritorio con uno de los papeles en sus manos.

-Sigue.- El chico se sentó de nuevo delante de Tom, nervioso y con el corazón a mil por hora.

-Sí... Sí, señor.- Tartamudeó. Bien, no era yo la única. ¿Provocaría Tom el mismo efecto en todo el mundo?

-Siéntate.- Metí un bote cuando me miró con indiferencia. La verdad es que parecía estúpida con ellos dos sentados y yo de pie en aquel enorme despacho.- ¿Cuánto tiempo lleva sin responder al tratamiento?- Tom volvió su mirada al chico una vez que yo me senté en uno de los sofás que adornaban aquel lugar.

-Dos... Dos días, doctor.- Tom volvió a pasar otra hoja de lo que parecía un historial médico.- Al principio todo iba bien, pero desde antes de ayer su cuerpo rechaza cualquier medicamento que le suministramos.- Tom apuntó algo en el historial y luego lo dejó sobre la mesa con un estrepitoso golpe. El chico y yo nos sorprendimos por el ruido.

-Dile a la doctora Chasse que le suministre 200 de Cipratoterol. Comunícale la evolución del paciente cada dos horas y no le quites los ojos de encima. Si observas alguna reacción extraña, llama a Craige.- Tom se levantó del sillón y el chico lo imitó con un sobresalto.- Eso es todo.- Le tendió el historial en el que había escrito antes y rodeó la mesa, dispuesto a abrirle la puerta al chico.

-Sí, doctor Kaulitz.- Estaba casi temblando y me preguntaba por qué. El tono de Tom era muy autoritario y daba la impresión de que estaba enfadado.

-Lárgate.- El joven casi voló hacía la puerta que Tom le mantenía abierta.

-Un placer conocerla, señora Kaulitz.- Le sonreí amablemente antes de que Tom diese un portazo que rompió nuestro contacto visual. ¿Estaba enfadado?

Caminó de nuevo hacía el escrito y empezó a leer uno de los historiales. Su porte imponía respeto, propio del líder que era. De repente, se me cruzó un sin fin de frases por mi cabeza, las de mis obligaciones como Vinculada. ¡Dios, se me habían olvidado! Había aceptado el Vínculo y eso llevaba a comportarme como ese papel decía.

-¿Qué querías?- Su voz retumbó en todo el despacho. Levanté la vista y lo vi justo delante de mí, de pie y con una mirada indescifrable.

-Ya... Ya he visto a Cintia.- Aparté la vista de sus ojos, consciente de uno de los “mandamientos”. ¿Realmente tenía que hacer esto? Tom miró el reloj de su muñeca y luego a mí.

-¿Te ha llevado dos horas verla?- Preguntó irónico.

-Llegó su familia y nos entretuvimos a charlar. Lo siento.- Un dolor punzante debajo de mi pecho hizo que llevase mis manos a ese lugar. Era por los nervios de tener a Tom delante que era incapaz de controlar el dolor.

-Levántate y túmbate en esa camilla de ahí.- Miré hacia donde me señalaba. Una camilla se encontraba en uno de los rincones del despacho.

-¿Vas a... a examinarme?- No pude evitar que un calor sofocante recorriese mi cuerpo. Los nervios me estaban matando y las piernas me temblaban en cuando me levanté.

-Túmbate.- Anduve con dificultad hacia la camilla y me tumbé, haciendo que el dolor ahora estuviese presente en todo mi cuerpo.- Levántate el jersey.- ¡¿Qué?! ¡¿Es que no era consciente de la vergüenza que me daba hacer esto?! Sí, me había acostado con él. Tom había visto mi cuerpo muchas veces, pero esta vez era distinto... Me quería.- ¿Vas a hacerlo o tengo que hacerlo yo?- Mis manos volaron temblorosas hacia el filo del jersey y tiraron de él hacia arriba. Me lo subí hasta la altura de los pechos, dejando la parte adolorida a su vista.- Es peor de lo que pensaba.- Miré hacía donde él lo hacía y me sorprendí. Había moratones por toda mi barriga y otros más grandes en las costillas.

Me apresuré a cubrirme con el jersey de nuevo, notando como un nudo se formaba en mi garganta y la vista se me nublaba. Las manos de Tom agarraron las mías antes de que estas cumplieran su objetivo. No quería que Tom me viese así...

-No lo hagas.- Dejó mis manos a ambos lados de mi cuerpo y posó las suyas en mis costados. El frío de su piel hizo que metiera un pequeño bote que sólo consiguió empeorar el dolor.- No hay daños internos.- Sus dedos se deslizaron hábiles por mi vientre, presionando con cuidado. Fue subiendo hasta posarlos en mi estómago y quedarse quieto ahí.- Una de las costillas está próxima a clavarse.- ¿Cómo podía saberlo con tan solo poner la mano encima?- Agárrate a la sábana de la camilla y cierra los ojos.- Lo miré interrogante, esperando una explicación.- Te va a doler.- Puso cada mano en cada uno de los costados.- Coge aire.- Le hice caso y cogí todo el aire que pude, a la vez que me agarraba a las sábanas.

-¡Aaaaaaaah!- Sus manos presionaron con fuerza en mis costillas, tan fuerte que incluso sentí como mis huesos rechinaban en mi interior. Las lágrimas no paraban de salir como si fueran cascadas de mis ojos. Era el peor dolor que había sentido nunca.

-Ya está.- Dejé de sentir sus manos y las mías fueron corriendo a taparme la cara.- Había dos costillas que peligraban. Una estaba a punto de clavarse en el pulmón y otra estaba a punto de provocarte un derrame.- Sus palabras pasaban desapercibidas para mí. Mis llantos tapaban el sonido de su voz y las imágenes de aquel día no dejaban de atormentarme.

Noté como el jersey volvía a taparme el torso. Sus manos se quedaron quietas en el filo de este, proporcionándome un poco de alivio al sentir un punto de contacto con Tom, pero era insuficiente. En estos momentos quería sentir a Tom más cerca, sentirme protegida como cada vez que estaba a mi lado. Quería que alejara a Markus de mi cabeza.

-¿Pu... Puedo abrazarte?- Destapé mis ojos y vi a un Tom interrogante. Parecía confuso y a la vez irritado.

-¿Me estás pidiendo permiso?- Asentí con la cabeza débilmente. Tenía que pedirle permiso antes de tocarlo, era una de mis obligaciones.- No, no puedes.- Le miré sorprendida. Vale, no me sorprendía pero si me entristecía. Esperaba que nuestra relación mejorase pero por lo visto estaba estancada.

Vi como su cara se acercaba lentamente a la mía. Sus ojos brillaban con fuerza, como jamás los había visto. Sus labios se pararon a escasos centímetros de los míos. Necesitaba ese contacto, juntar mis labios con los de él y perderme, olvidarme de todo. De repente, se volvió a separar de mí y empezó a quitarse la bata. Debía reconocer que estaba nerviosísima. ¿Qué iba a hacer?

Una vez que se quitó la camiseta azul del hospital, me volvió a mirar desafiante. Su torso... ¡Era tan perfecto! No estaba demasiado fuerte, ni tampoco delgado. Simplemente se le veían sin exagerar cada músculo de su torso y sus brazos, y yo... yo estaba casi delirando.

Su cara volvió a acercarse a la mía. Sentía chocar su aliento en mis labios, ansiosos de devorarle. Sus dedos pasaron por mis mejillas, secando las lágrimas que aún seguían cayendo de mis ojos. Su simple tacto hacía que la sangre me hirviera y todo mi cuerpo le necesitase.

-Quiero que me muerdas.- Dijo sin apartar la vista de mis labios. Solté todo el aire que había retenido todo este tiempo. De sólo pensar en el sabor de su sangre, mis colmillos se preparaban para el festín.

-No sé si debo.- Su lengua empezó a moverse por el labio. ¡¿Dónde estaba el piercing?!- No creo que pueda parar.- Sus manos agarraron mi cara y me besó. Era un beso lento, sin intención de llegar más allá aunque estaba segura que era lo que ambos deseábamos.

-No presuma, señora Kaulitz, no voy a dejar que me mate.- Sonreí en sus labios ante el tono tan irónico que había empleado.

-¿Dónde está su piercing, mi señor?- Decidí cambiar de tema ya que de sólo mencionar la muerte me ponía enferma.

-No está bien visto en un hospital.- Bajé mi boca hasta su cuello y empecé a besarle ahí. Mis brazos lo rodearon haciendo que Tom tuviese que inclinarse por completo.- Aunque es útil en algunas ocasiones.- Dijo con un tono más que lascivo y que a mí me encantaba.

-¿En qué ocasiones, mi señor?- Le respondí con el mismo tono cuando despegué mis labios de su cuello.

-No voy a responderle en este momento porque si lo hago tendría que demostrárselo, y desde que la vi tumbada en la camilla, me he contenido.- ¡Madre mía! ¿Era consciente de lo que mucho que yo también estaba luchando por no terminarlo de desnudar?

-¿Y por qué no lo hace?- Rocé mis colmillos sobre su piel haciendo que Tom se tensara en ese momento.

-Porque dudo mucho que usted pueda moverse en estas condiciones.- Clavé mis colmillos en su piel, haciendo que toda la sangre de la vena perforada estallase en mi boca y me colmase por completo.

Su sangre, su maravillosa sangre volvía a formar parte de mi cuerpo, arrasando allá donde fuese. Mis venas le daban la bienvenida de la mejor forma que sabían. La sangre de Tom era espectacular. Hacía tanto tiempo que no la probaba que mi cuerpo ansiaba cada vez más y más de ese elixir. Todos mis sentido estaban puestos en saborear cada gota y en momentos como este lo recordaba. ¿Cómo un simple papel podría romper esto? Era algo extrasensorial, alejado de cualquier entendimiento, como una droga que sólo Tom podría proporcionarme y que ni siquiera la sangre humana podría satisfacer.

-Es suficiente.- Mis brazos lo atrajeron más a mí. No podía parar, ahora no quería hacerlo.- Lilith, para.- Sus manos agarraron las mías y me empujaron hacia atrás. La herida de Tom se fue cerrando ante mis ojos mientras yo permanecía con la respiración agitada por el fuego que me recorría.

-Lo siento.- Cuando mis sentidos por fin volvieron a la normalidad y mis colmillos a desaparecer, vi como Tom se llevaba una mano al cuello exhausto.

-Creo que te he dejado beber demasiado.- Me incorporé en la camilla hasta quedar sentada. Me había pasado y eso a Tom no le gustaba.

-Lo siento mucho.- Me levanté y corrí hacia él. Agarré la toalla con la que se estaba limpiando y empecé a hacerlo yo. Sus ojos se abrieron como platos ante mi inesperada acción.- No quería hacerte daño, simplemente no lo he podido evitar, ya te lo dije.- Terminé de limpiarlo y vi la cicatriz de mis colmillos en su cuello. Siempre tardaban tanto en quitarse...

-¿Ya no te duele?- ¡Las costillas no me dolían! Le sonreí como respuesta. Me sentía tan feliz.- ¿Cómo piensa devolverme el favor, señora Kaulitz?- Dijo mientras agarraba la camisa azul y la bata para ponérselas, a la vez que yo limpiaba los restos de su sangre de mi boca.

-Eres médico, tu deber es curar a personas.- Respondí es su mismo tono. Una vez que se puso la camiseta y la bata, empezó a acercarse a mí a un ritmo vertiginoso mientras yo retrocedía hasta que mi espalda chocó contra la puerta.

-Y tu deber es complacerme... en todos los sentidos.- Puso sus manos a ambos lados de mi cabeza, evitando así que pudiese huir. Daba igual, no iba a escaparme.

-Entonces dígame qué es lo que desea y yo con gusto se lo daré.- Tom sonrió de lado, esa sonrisa de chico malo que a mí me volvía loca.- ¿Qué es lo que desea, mi señor?- Dije con tono de burla. Tom volvió a sonreír y, en un visto y no visto, lo tenía devorándome los labios de la manera más dulce que jamás había experimentado. Tom estaba siento delicado y eso era tan impropio de él...

-Te deseo a ti. ¿También te entregarás?- Agarré su bata y lo atraje por completo a mí, hasta que nuestros cuerpos quedaron pegados. Tom se apresuró a quitarme el jersey y yo le quité la bata sin separar nuestros labios. Necesitaba esto tanto como su sangre, sentir a Tom en mi interior, sentirme suya de todas las formas posibles. Sus manos agarraron mi cintura, haciéndome gemir por ese simple contacto de piel con piel.- A este paso vas a correrte antes de que te quite los pantalones.- Y como siempre su delicadeza. La situación le estaba divirtiendo y yo me estaba muriendo de vergüenza al ser incapaz de controlar mis gemidos.

Logré quitarle la camiseta a Tom y sentir su torso pegado al mío. Su cuerpo estaba caliente, era una sensación tan placentera... De un momento a otro, me encontraba suspendida en el aire. Tom me había cogido en brazos, haciendo que mis piernas rodearan su cuerpo y su erección me rozase justo ahí. Me estaba volviendo loca y si seguía con este ritmo, no tardaría en abandonarme al placer y ni siquiera habíamos empezado.

Sus manos agarraron mi trasero y me pegaron más a sus caderas mientras el las movía simulando una penetración. En el mismo momento, sus labios empezaron a deslizarse por mi cuello, lamiendo cada centímetro de mi piel y pasando su lengua por la cicatriz que sus colmillos habían dejado horas antes.

-Tom, por favor...- Le supliqué deshaciéndome en gemidos. Él sonrío sobre mi cuello, le encantaba verme perder la cabeza gracias a él. Eso era otra cosa que engrandecía su más que ya enorme ego.

Mi espalda chocó con violencia en la puerta y mis costillas se resintieron, pero me aguanté. No emití ningún sonido salvo un pequeño grito que pasaba desapercibido entre mis gemidos. Mi cuerpo empezó a temblar por el dolor pero no podía parar. Necesitaba a Tom más de lo que pensaba y tenerlo ahora así, no podía dejarlo pasar.

-Creo que será mejor parar.- Su boca se apartó de mi cuello y por fin, pude ver sus ojos, con las pupilas dilatadas por la excitación.

-¡No!- Apreté más su cuerpo entre mis piernas para que no se moviera.- Estoy bien.- ¿Cómo se había dado cuenta?

-Mírate, ni siquiera puedes moverte.- Me cogió por los brazos y mis piernas se desenredaron de su cintura hasta que tocaron el suelo. La simple vibración me hacía retorcerme de dolor y aunque estuviese muriéndome, no dejaría que Tom viese lo mal que estaba.

-Estoy bien.- Le volví a repetir a la vez que un sudor frío me empezaba a recorrer la frente.

-Ya.- Tom se dio la vuelta ignorándome y empezó a recoger la ropa del suelo. Los músculos de su espalda no ayudarían mucho a sofocar este calor que sentía por todo mi cuerpo. ¡Y eso que aún llevaba los pantalones puestos!

Dejé que mi espalda se deslizase por la puerta hasta quedarme sentada en el suelo. Ahora que Tom no me veía porque estaba ocupado vistiéndose, iba a aprovechar para apaciguar el dolor. Había pensado que con su sangre ya estaba mejor pero por lo visto, mi cuerpo no pensaba lo mismo. Dolía tanto que me era incluso imposible respirar. Si de lo contrario hubiese sido humana, hubiese muerto por asfixia antes que por el derrame interno.

Mi jersey se estampó contra mi cara. Tom me lo había lanzado mientras me miraba desde arriba, ya vestido. La diversión que momentos antes habíamos compartido, ahora parecía haber desparecido de su rostro. Bajé la cabeza consciente de que no le podía mirar a los ojos. ¡Era desesperante! Debería de leerme de nuevo mis “mandamientos” antes de estar con él.

-Vístete, llamaré a alguien para que te recoja.- Se volvió a dar la vuelta y fue hacia su escritorio. Aún no sabía como me iba a levantar ni a vestir porque cada vez que me movía, una nueva punzada cruzaba mi cuerpo.

-No creo que pueda levantarme.- Me tapé el sujetador con el jersey. Estar así me daba mucha vergüenza, me sentía débil en esta situación.

-¿No puedes levantarte y pretendías follar? ¿Conmigo?- Bajé la cabeza y me ruboricé. Sí, había sido una estupidez pensar que mi dolor me diese una tregua para estar con Tom... Era un salvaje en lo relacionado con el sexo.

-Lo siento.- Era peor de lo que pensaba. Me sentía realmente imbécil y estaba claro que la única víctima aquí era Tom ya que lo había calentado para nada.

-Dame esto.- El jersey voló de mis manos y cuando me percaté de la situación ya era demasiado tarde. Tom estaba de cuclillas frente a mí, con el ceño fruncido y con una expresión más que enigmática.- Me desesperas.- El jersey pasó por mi cabeza y de un instante a otro, Tom me agarró el brazo lentamente para pasarlo por el jersey. ¡Me estaba vistiendo! ¡Tom me estaba vistiendo!

-No tienes porqué hacer esto.- Intenté deshacerme de su agarre pero él apretó con más fuerza mi brazo para terminar de ponerme el jersey. ¿Era consciente de que el líder de mi especie, Vinculado, hermano y lo que fuera que éramos me estaba vistiendo?

-Como tenga que esperarte nos dan las doce de la noche, y yo tengo trabajo que hacer.- Se levantó y tendió la mano para que se la agarrase. Sin duda Tom sufría de personalidad múltiple. Me levanté con cuidado pero él tiró de mí hasta pegarme a él.- Como vuelvas a hincharme los huevos para nada, siendo consciente de que ni siquiera puedes moverte, juro que te vas a acordar. No me toques, es más, ni siquiera te roces conmigo hasta que no estés recuperada o de lo contrario...- Hizo una pausa y me obligó a mirarlo.- Te voy a follar hasta que se te rompan todos los huesos del cuerpo. ¿Lo has entendido?- Volví a bajar la mirada. Estaba roja, lo sentía por el calor de mis mejillas.- Ahora, lárgate.- Se volvió de nuevo pero antes de que lo hiciese por completo, lo agarré por la bata y le di la vuelta. Lo besé fugazmente, un simple pico que lo dejó impresionado ya que fue incluso incapaz de cerrar los ojos.

-Mi señor.- Le dije a modo de despedida, acompañado de una reverencia al igual que hacían todos los que lo veían.

-No juegues con fuego.- Dijo amenazante. Yo abrí la puerta y antes de salir le dediqué una última mirada.

-Entonces, creo que arderé en el infierno.- Cerré la puerta antes de que pudiese contestarme.

-Señora Kaulitz.- Me volví con una sonrisa ante los dos hombres perfectamente uniformados, los mismos que nos acompañaron en nuestra huida de la casa familiar.- El señor nos ha ordenado que la llevemos a casa.- Asentí y ellos me mostraron una reverencia parecida a la que yo le había hecho a Tom.

Anduve tras ellos por los pasillos del hospital hasta llegar a la puerta principal donde un lujoso coche negro de cristales tintados nos esperaba. Mientras me subía iba dándole vueltas a mi plan para estos días.


Sería divertido tentar a Tom...

Capítulo 52

Capítulo 52


By Lilith


Abrí los ojos lentamente, dejando que una luz cegadora me hiciese volver a cerrarlos. Reconocía el olor de donde me encontraba y la cama sobre la que estaba tumbada. No sabía de dónde provenía tanta claridad pero lo cierto era que no recordaba tener algo en mi habitación que proporcionase tal resplandor.

-¿Estás bien?- Su voz, su dulce voz, volvió a sonar en mis tímpanos como una suave melodía.

-Sí.- Le contesté casi como un susurro. De pronto, esos ojos fijamente mirándome, la sangre, el asqueroso olor de esa sangre...- Dime que ha sido una pesadilla.- Dije con miedo sin ni siquiera mirarlo a los ojos.

-Lo siento.- La voz de Nate se hizo débil, tanto como mi cuerpo por esa frase.- Lilith, hiciste lo que debías, no puedes torturarte por ello.- Una lágrima silenciosa se camufló en mi pelo.

Nate me había sacado de allí, había entrado en esa habitación del hospital como un héroe y me había traído de vuelta al infierno, junto al demonio. Su mano cogió la mía y la acarició con el pulgar mientras yo seguía mirando por la ventana, dejando que el Sol me cegara por completo. Un segundo... ¡El Sol! Me senté en la cama lentamente sin apartar la vista de la ventana, viendo los árboles que se asomaban por ella brillar como hacía tiempo.

-El Sol...- Dije para mí. Nate se levantó y fue en dirección al enorme ventanal de mi habitación. Echó a un lado la cortina, con lo que los rayos entraron con más fuerza.

-Nos han devuelto el Sol, Lilith.- No me lo podía creer. ¿Por qué lo había hecho? ¿Sería por lo que le dije? Quizá conseguí mover algo en el oscuro corazón de Markus, quizá se dio cuenta de esta estúpida batalla que librábamos desde tiempos inmemorables... ¿Por qué no me mató si era eso lo que buscaba?

Llevé mis temblorosos dedos hacía el todavía húmedo camino que había recorrido esa lágrima. Al mirarlos, vi que no estaban manchados de sangre, eran lágrimas de verdad, tan claras que incluso podía contemplar mi pálida piel a través de ella. El corazón se me encogió de un momento a otro bajo la atenta mirada de Nate. Volvía a recuperar esas lágrimas que no dejaban huellas en mi piel, lágrimas que desparecían para que nadie pudiese verlas, lágrimas sin ese color tan horrible...

La puerta se abrió y tanto Nate como yo miramos a la persona que entraba en la habitación a ritmo acelerado. Bill salió corriendo hacia la cama y en un visto y no visto, se situó a mi lado y me abrazó.

-¡Ah!- Chillé. Un dolor inmenso se instaló en todo mi torso, un dolor tan fuerte que me provocó incluso ganas de vomitar.

-Lo siento, lo siento, lo siento.- Dijo con cara de preocupación. Mi querido Bill me besó en la frente y me ayudó a que me tumbase de nuevo en la cama.- ¿Has visto, Lilith? ¡Tenemos luz de nuevo!- Bill empezó a dar palmaditas, tal y como hacía cada vez que se emocionaba. Aun así, podía ver en sus ojos tristes y apagados que sólo estaba fingiendo estar bien, al igual que yo.

-Sí.- Emulé una sonrisa que no pareció salirme muy bien pero que por lo menos, sirvió para que mi hermano me sonriese con dulzura.

-Creo que me iré yendo ya que estás acompañada.- Nate y Bill se sonrieron mutuamente, con sinceridad, a la vez que Bill susurraba un “gracias” que Nate contestó negando la cabeza.

-Nate.- Lo llamé cuando estuvo a punto de salir por la puerta.- No sé cómo pagarte todo lo que has hecho por mí. Muchísimas gracias.- Quería llorar pero mis ojos parecían haberse quedado secos.

-Verte sonreír es la mejor recompensa que puede darme, señorita Kaulitz.- Me dedicó una reverencia antes de marcharse. Su tono de voz había cambiado, ya no me llamaba  por mi nombre sino de la manera que todos lo había hecho desde que Tom se convirtió en líder. Tom...

-¿Bill, puedo hacerte una pregunta?- Los ojos del susodicho me miraron alarmados, con miedo a esa pregunta que había rondado por mi cabeza.- ¿Qué he hecho?- Bill me miró sorprendido por tan inesperada cuestión.

-Lo que debías hacer.- Su rostro se volvió oscuro y mi corazón sin vida dio un vuelco al recordar la escena.- Será mejor que descanses.- Bill se levantó de mi cama dispuesto a irse. No me sentía con fuerzas para detenerlo pero sí con un miedo atroz a quedarme sola.- No está bien.- Bill se paró en la puerta y le dijo eso a alguien que no llegaba a ver. Mi cuerpo se engarrotó y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Sabía quién era...

Bill me dedicó un sonrisa antes de salir de la habitación y entonces apareció él. Llevaba aún el uniforme del hospital, ese uniforme azul, con una bata blanca que le llegaba hasta las rodillas. ¿Venía directo del hospital? Sus ojos se clavaron en los míos, mirada que no mantuve ni una décima de segundo. Me iba a regañar y no creía verme capaz de soportarlo.

Sus pasos se fueron acercando a la cama y mi cuerpo iba reaccionando con cada zancada que lo acercaba más a mí. Esperaba que no viese que mis manos estaban fuertemente agarradas a las sábanas que me cubrían. Notaba su miraba escrutarme cada centímetro de mi cara, esperando que reaccionase de alguna manera, que lo mirase al menos, pero no me encontraba digna de hacerlo.

Su mano agarró la sábana que me cubría y tiró de ella lentamente, como si temiera encontrarse algo que lo escandalizase. Mis músculos se tensaron al instante en cuanto dejó mi casi desnudez a su vista, provocando que la barriga me doliese muchísimo. Tan sólo llevaba un camisón que apenas me cubría y como un autorreflejo, intenté levantarme a por la sábana que él había llevado a mis pies, pero el dolor fue tan fuerte que me retorcí en la cama bajo su atenta mirada.

-¡Ah!- Me llevé las manos a la barriga pero eso sólo hizo que me doliese más. Sus manos agarraron mis brazos para apartarlos y que volviese a la misma posición de antes. Las descargas eléctricas que recorrieron mi cuerpo cuando me tocó hicieron que el dolor pasase desapercibido para mis sentidos.

¿Qué iba a hacer? Sus manos se quedaron levitando sobre mi vientre. Estaba dudando si tocarme o no, o quizás, esperaba a que le diese permiso para hacerlo, pero justo cuando pensé que las retiraría, fueron decididas a tocar mi barriga. Palpaban lentamente y con suavidad, como si temiera hacerme daño. Tom me estaba examinando, me estaba haciendo un reconocimiento médico, simplemente eso.

-¡Ah!- Cuando me tocó las costillas dí un respingo de dolor. Sus manos se retiraron por la impresión al oírme.

-Tienes dos costillas rotas.- Su voz, su increíble voz retumbó en la habitación que una vez compartimos. La noté fría, tan fría que me heló la sangre, e incluso noté un tono de enfado. ¿Sabría lo del bebé de Cintia y lo de Rachell?- Ahora te subirán algo de comida.- Se iba. ¡Se iba! Y yo quería levantarme y salir corriendo detrás de él, detenerlo y abrazarlo pero no podía moverme.

-No... te vayas.- Su mano se detuvo en el pomo de la puerta. Notaba su oscuridad envolverme, su semblante frío y su genio apunto de explotar.- No quiero que me dejes sola de nuevo.- Sus nudillos se volvieron blancos por la fuerza con la que apretaba el pomo.- Perdóname por todo el daño que te he hecho, por no creerte, por culparte de todo... El único monstruo que hay aquí soy yo.- Abrió la puerta sin ni siquiera dedicarme una mirada.- No me dejes sola.- Salió casi corriendo de mi habitación y dio un portazo tan fuerte que hasta mi cama se movió.

Estaba enfadado y con razón, o peor, me odiaba. No lo culpaba, yo también lo hacía. ¿A quién pretendía engañar? El Vínculo estaba roto desde hacía tiempo, sólo que había sido tan estúpida que no le había dado importancia a las piezas que se iban cayendo.

Me agarré a la sábana que me cubría con toda la fuerza que mi cuerpo me daba. Quería llorar pero no podía. Necesitaba a Tom a mi lado aunque sólo fuese para gritarme, insultarme o pegarme. Estaría conforme con lo que quisiese hacerme, incluso si me mataba, ya no me importaba porque no soportaría una vida sin él y era esa la que me esperaba.

La puerta se abrió de nuevo y se cerró tan rápido que no me dio tiempo a ver quién era el que entraba. Tom estaba pegado a la puerta, con la respiración agitada y con una maleta en la mano. Llevaba unos vaqueros anchos y una camiseta XXXL de las que solía ponerse para estar en casa. Sus ojos me miraron expectantes y confusos. No entendía qué hacía ahí y mucho menos así de desesperado, como si estuviese huyendo de alguien.

-¿Puedes levantarte?- Tardé en reaccionar a su pregunta ya que era incapaz de dejar de mirarlo. Asentí no muy segura aunque ahora el dolor no me preocupaba en absoluto.- Bien...- Se fue directo a mi vestidor y escuché el sonido que provocaban las perchas al moverse. ¿Qué estaba haciendo?

Hice caso omiso y me levanté lentamente de la cama. Mis pies tocaron el frío suelo y entonces volví a sentir ese escalofrío intenso, el que hacía tiempo que había olvidado. Tenía frío de nuevo y esta vez, la sensación me parecía la más placentera del mundo.

Tom salió del vestidor aún acelerado... y me miró... y yo a él... y el mundo pareció detenerse en ese preciso instante, roto por los golpes que alguien estaba dando en la puerta.

-¡Tom, ábreme la puerta! ¡Sé que estás ahí!- La voz de mi madre me retumbó en los oídos y sólo provocó que Tom sonriera con malicia ante tanta desesperación.

-Ponte esto.- Tom me tiró una sudadera extra grande de las que él se solía poner.

-¿Do... Dónde vamos?- Pregunté con miedo.

-Lejos de aquí.- La puerta se abrió de golpe y mi madre apareció exaltada. Sus ojos se abrieron como platos al vernos.

-¡¿Qué pretendes hacer?!- Nunca la había escuchado gritar con tanto odio en sus palabras, y mucho menos a uno de sus hijos.

-Salir.- De pronto, sentí su fría piel entrar en contacto con la mía. Tom me había agarrado la mano y me estaba tirando con suavidad para que empezara a caminar.

-¡No vas a ningún lado y mucho menos con mi hija!- Tom le dedicó la más frías de las sonrisas diabólicas a nuestra madre.- No voy a dejar que te la lleves.- Sonó amenazante, demasiado para mi gusto.- Lilith, cariño, no tienes por qué hacerlo.- Su tono de voz cambió a dulce cuando se dirigió a mí.- Mi vida, ven con mamá. No te dejes llevar por un arrebato.- Y ese fue el detonante. ¿Por qué me estaba hablando como si tuviera cinco años? ¡Yo no era una cría!

-No me dejo llevar por un arrebato... Yo no soy como tú.- Mis ojos se clavaron en los de ella y entonces lo entendió. Sabía que conocía su historia y eso la dejó helada, provocando que diera varios pasos atrás y nos dejara vía libre para salir de la habitación.

Tom comenzó a caminar lentamente, viendo que no podía seguirle el ritmo. Por cada paso que daba, sentía que me daban una puñalada en los pulmones. Bajamos las escaleras con mucho cuidado, y lo que más me sorprendía era ver como Tom me sostenía con fuerza la mano, haciendo que me olvidase del frío mármol bajo mis pies desnudos.

-Mi Señor.- Dos hombres, a cual más grande y fuerte, nos abrieron la puerta principal para salir.- El coche está en la entrada.- Tom asintió y volvió a tirar de mí para que caminase.

El viento frío me golpeó en la cara. Ahora entendía por qué quería que me pusiese su sudadera. Pese a que el día estaba tan soleado que el Sol apenas me dejaba ver nada (o sería la falta de costumbre), los escalofríos por estar en contacto con Tom no dejaban de recorrerme el cuerpo.

Cuando alcé la vista, vi el enorme Cadillac de Tom frente a mí. El color negro que lo cubría parecía más resplandeciente ahora que lo observaba de día...

-Entra.- Tom abrió la puerta del copiloto. No estaba segura se si podría entrar sin retorcerme de dolor. Dudé unos instantes, pero caminé y levanté la pierna para subirme.

-Ah.- Ahogué un grito de dolor. Todo el cuerpo me temblaba al sentir esa punzada en la barriga.

-Me lo imaginaba.- Tom me cogió por debajo de las axilas e hizo toda la fuerza necesaria para conseguir subirme y sentarme en el asiento. No pude evitar ruborizarme ante tan extraña reacción de Tom.

Me cerró la puerta cuando me acomodé. Se fue directo al maletero para meter la maleta, que suponía, contenía algo de mi ropa. El coche dio un bote cuando Tom se montó. Parecía tan tranquilo pese a la escena que mamá nos había montado en la habitación, mientras a mí me recomían los nervios.

El Cadillac se puso en marcha y en menos de pocos segundos ya estábamos dejando atrás la enorme mansión Kaulitz. De vez en cuando, lo miraba de reojo sin poderlo evitar, pese a que mi hermano era suspicaz para cogerme mirándolo. Estaba tan centrado en la carretera que apenas pestañeaba, y la mandíbula estaba tensa al igual que todos los músculos de su cuerpo. Podía ver el blanco de sus nudillos mientras agarraba el volante y como sus uñas se clavaban en las palmas de sus manos por la fuerza.

Y entonces mi subconsciente me hizo una llamada de atención. ¡Estaba en el coche con Tom, dirigiéndonos a un lugar que desconocía y sin saber lo que se proponía! Me tensé en el coche al recordarlo. ¡¿Cómo había sido tan estúpida de no haberlo pensado antes?! Ese era el hechizo que me había lanzado hacía tiempo. Mientras estaba con él no me importaba nada pero luego, venían los problemas.

-Abre la guantera.- Su tono de voz aún era frío, distante y aterradoramente tétrico. Le hice caso y la abrí. En su interior había un sobre de color beige, cerrando con el sellos de la familia Kaulitz, el mismo que había reemplazado el cuadro de la familia de encima de la chimenea.- Ábrelo.- El sobre contenía unos papeles perfectamente grapados en una esquina. Un montón de hojas y en todas ellas, el sello de la familia.

-¿Qué... Qué es?- Por primera vez en lo que llevábamos en el coche me miró. Sus ojos albergaban oscuridad y... miedo. Sí, quizá fuese miedo aunque viniendo de él era casi imposible.

Condiciones del Vínculo de Sangre.

 A seguir por ambas partes:

1.    Los Vínculados han de ser de Sangre Pura y hermanos para llevar así la continuidad de la sangre, sin que ésta esté mezclada con la de un noble, Nivel E o humano.
2.    Los Vínculados ejercerán como tales desde el segundo uno después de la ceremonia.
3.    Los Vínculados están destinados a traerle a la especie y a su familia un heredero varón para conseguir así llevar los pasos a la hora de liderar a nuestra raza.
4.    Los Vínculados sólo se alimentarán de la sangre del otro y no de otros vampiros.

A seguir por el Vínculada:

1.    La Vínculada debe serle fiel al Vínculado en cualquier momento.
2.    La Vínculada no podrá desobedecer al Vínculado en nada que le ordene.
3.    La Vínculada no podrá hablar hasta que el Vínculado se lo permita.
4.    La Vínculada no podrá tocar al Vínculado a menos que éste se lo ordene.
5.    La Vínculada deberá garantizar que es fértil y que es capaz de dar un heredero.
6.    La Vínculada no podrá mirar a los ojos al Vínculado a menos que éste le dé permiso para hacerlo.
7.    La Vínculada deberá de cumplir todo lo que el Vínculado ordene y si no lo hiciera, deberá aceptar cualquier castigo que el Vínculado considere oportuno.
8.    La Vínculada deberá complacer en todos los sentidos al Vínculado, incluso cuando se encuentre indispuesta.
9.    La Vínculada deberá aceptar cualquier decisión que el Vínculado tome sin oponerse y sin dar su opinión a menos que éste se la pida.
10.  La Vínculada no dispondrá de dinero propio o trabajo que se lo proporcione. Sólo podrá tener el dinero que el Vínculado le otorgue.


¿Qué era esto? ¿Mis obligaciones como Vínculada? ¡¿Qué clase de desfachatez era esta?! Parecía como “los mandamientos” que toda Vínculada tenía que cumplir si quería estar en el Vínculo.

Le dí la vuelta al documento, buscando dónde estaban “los mandamientos del Vínculado” pero simplemente no estaban. Todo se resumía a las obligaciones de la mujer pero no a las del hombre. Claro, ahora todo encajaba. Un heredero varón, las mujeres no tenían permitido entrar en los plenos del consejo, las mujeres no nacían en las familias Sangres Pura... Las mujeres eran consideradas una mierda entre los de mis especie. ¿De qué me sorprendía?

-¿Dónde está las obligaciones del Vínculado?- Le pregunté sin apartar la vista de ese documento.

-No hay.- Me lo esperaba...- La cosa empeora cuando el Vínculado es el líder de la especie.- El corazón me dio un vuelco cuando terminó esa frase. Lo miré espantada pero él me ignoró como venía haciendo todo el trayecto.- Lee el siguiente documento.- Aparté “los mandamientos” y me centré en el siguiente documento de hojas grapadas.

El titulo me lo aclaró todo:

Acuerdo de disolución del Vínculo de Sangre:
Señor Thomas Kaulitz y Señorita Lilith Kaulitz.


Estaba segura de que Tom habría notado el bote que metí en mi asiento. Estaba escandalizada pero no sorprendida. Tom me había traído hasta aquí para darme esto y yo no podía sentirme más desilusionada y... triste. No estaba segura de por qué me desilusionaba tanto, quizá esperaba otra cosa y mantuviese la ilusión de poder arreglar lo nuestro de alguna manera. Sin embargo, había sido yo lo que le había pedido esto cuando me dijo... Te quiero.

-Hemos llegado.- Cuando alcé la vista de los papeles, vi que nos encontrábamos en un garaje. No sabía dónde estaba y mucho menos que hacíamos ahí. No pude evitar ponerme nerviosa.- ¿Puedes bajar sola?- Miré la puerta del copiloto que Tom mantenía abierta. Asentí ante su pregunta y él se fue al maletero a sacar la maleta que antes había metido.

-Mi Señor.- Los dos hombres de antes estaban frente a nosotros y le hicieron una reverencia a Tom, que pasaba de ellos.- Señorita.- Ahora me miraron a mí, que me resentía de dolor una vez que mis pies tocaron el frío y húmedo suelo del garaje.

-¿Do... Dónde estamos?- Tom me volvió a coger de la mano que tenía libre, ya que en la otra tenía los papeles, y tiró de mí, esta vez con mucha más fuerza.

-Subiremos por el ascensor.- Los dos hombres hicieron otra reverencia antes de que las puertas del ascensor se cerraran tras nuestro paso.

El ascensor estaba cubierto de espejos que me dejaban ver, cada uno de los ángulos del perfil de Tom. Era tan perfecto. Sus labios tan sumamente definidos y carnosos, decorados por el piercing de plata, sus ojos de un miel intenso centrados en las puertas metálicas de enfrente, su nariz, tan perfectamente esculpida en su rostro...

Las puertas se abrieron y yo salí de mi aturdimiento. Tom volvió a cogerme de la mano y salimos hasta el que parecía nuestro destino. Ante nosotros, una enorme pared blanca, llena de pequeños cuadros que la adornaba. Habría decenas de ellos... El suelo era se mármol negro, que contrastaba a la perfección con el blanco de las paredes.

Tom volvió a tirar de mí y entonces lo entendí. A la izquierda de esa pared se extendía un enorme salón, adornado por un sofá en forma de L en el que cabrían al menos diez personas. Una mesa pequeña se interponía entre éste y una enorme televisión, más bien parecía una pantalla de cine...

Justo detrás del sofá, una cocina americana también en blanca y con motivos negros, al parecer, los colores que predominaban. Al lado de ésta se extendía un amplio pasillo, al cual mi vista no alcanzaba a ver hacia dónde se dirigía.

-Es mi casa.- Tom me soltó la mano y comenzó a andar en dirección a la cocina, la cual parecía muy lejana desde donde me encontraba.

Era la casa, la casa de Tom. No pude evitar sentirme extraña. Pensaba que la casa de Tom era donde todos vivíamos, la mansión que compartíamos con toda la familia, pero estaba claro que viniendo de Tom, siempre estaba equivocada.

Tom salió de la cocina con un vaso de sangre en la mano. El contenido del vaso se movía al ritmo de sus pasos, cada vez más cerca de mí. Su mirada penetrante me abrasó entera. Estaba frente a mí y yo me sentía débil y apunto de llorar. ¿Por qué?

-Toma, creo que lo necesitas.- Mi mano temblorosa voló hasta el vaso donde descansaba ese líquido rojo.

-¿Por qué me has traído a tu casa?- Apreté los papeles entre mis dedos. ¿Qué quería escuchar? Quizá sólo me hubiese traído aquí para poder matarme a gusto sin que nadie pueda impedírselo.

-Necesitas un territorio neutro.- Lo miré extrañada. No lo comprendía.- Para pensar en qué es lo que quieres.- Sus ojos volaron hacia los papeles y fue entonces cuando caí en la cuenta. Me había traído aquí para que pensara lo de la disolución del Vínculo, puede que para hablarlo los dos sin que nadie pudiese meterse. ¿Y lo del bebé? ¿Y lo de Rachell? ¡¿No iba a recriminarme nada de eso?!

-Piensas que en casa no podría haberlo pensado de la misma manera.- Soné desafiante pese a que no era mi intención.

-Tengo mis dudas al respecto.- Le dí un trago al vaso de sangre. La sentía bajar por mi garganta y quemar todo a su paso. ¿Hacía cuánto que no probaba la sangre? Ni siquiera me acordaba.

-No es un territorio neutro, es tu territorio.- Levanté los documentos de nuevo, dejando que la palabra disolución se repitiera una y otra vez.

-Tal vez... Pero es mejor ver a la bestia en su hábitat natural.- Se estaba echando piedras en su propio tejado pero por qué.

-Me entregas los papeles del Vínculo con mis obligaciones, escritas por hombres para su propio beneficio y luego te llamas bestia. Creo que pretendes influir en mi decisión.- Su intención era que firmara los papeles que romperían el Vínculo y yo me sentía frustrada.

-Tan solo quiero que veas la realidad. Tu decides si quieres vivir libre el resto de la eternidad o permanecer atada a un loco psicótico.- Me estremecí al escuchar esas palabras tan duras al referirse a él mismo.

-¿Por qué no has firmado?- Me había dado cuenta que donde debería ir su firma estaba en blanco.

-Porque lo que yo quiero lo tengo claro, todo depende de lo que quieras tú.- ¿A qué se refería con eso?- Tómate eso y vete a la cama, antes de que una de las costillas rotas se te clave en un pulmón.- Se dio media vuelta, dejándome ahí, con un lío monumental en la cabeza.- Fondo del pasillo a la derecha.- Se sentó en el sofá y sacó su móvil, como si la conversación que acabábamos de tener no significara nada.

Empecé a caminar a un ritmo bastante lento. Las piernas me temblaban y por cada paso que cada sentía el dolor agudizarse. Pero ese dolor no era comparable con la frustración en mi interior. Tom no me había dicho nada de lo del bebé ni de lo de Rachell. Puede que no lo supiera o simplemente ese era su método de tortura, y si era así, era realmente efectivo porque me estaba volviendo loca.

Abrí la puerta que Tom me había indicado y ante mí se levantaba una habitación perfectamente decorada al estilo minimalista. Al igual que lo que había podido ver de la casa, todo era blanco y negro. Resumiendo, los muebles volvían a ser blanco y lo que los decoraba negro. ¿Era esta su habitación?

Cuando cerré la puerta después de mí, la habitación pareció oscurecerse. Una sangre espesa empezó a bañarme los pies desnudos y cuando alcé la cabeza, la vi allí. Sus ojos volvían a mirarme lleno de lágrimas, fijos en mí. Mi espalda chocó con la puerta y los papeles cayeron al suelo, tiñéndose de ese rojo intenso, al igual que el vaso de sangre.

-No...- Balbuceé, convencida de que así desaparecería. La escena era tan terrorífica que ni era capaz de mirarla. Rachell me observaba sonriendo, a la vez que por su boca se escapaba más sangre.- ¡No! ¡Vete!- Cerré los ojos con fuerza, esperando que cuando los abriese, ella hubiese desaparecido. Pero no fue así.- ¡Déjame en paz!- Corrí hacia el rincón más alejado de donde estaba ella y pese a que el dolor me aniquilaba por dentro, conseguí sentarme y abrazar mis rodillas.- ¡Lárgate!- Hundí la cara entre mis piernas mientras las lágrimas las humedecían lentamente.

Levanté la vista y vi que Rachell se arrastraba por el suelo para llegar a mí. Tenía tanto miedo que pensaba que me desmayaría en cualquier momento. Esa sonrisa no se le borraba del rostro y sus ojos empezaron a derramar las lágrimas que había estado conteniendo.

-Tom es mío.- Alargó su mano temblorosa para alcanzarme y yo me pegué más a la pared.- Tú me lo has quitado.- Me tapé los oídos con las manos y apreté con fuerza los ojos.

Noté una mano sobre mi hombros, pero para mi sorpresa, no me produjo el miedo que pensé que sentiría si me tocaba Rachell. No. Me sentía protegida.

Abrí los ojos y vi a Tom de cuclillas frente a mí, con una ceja alzada y una expresión neutra en la cara. Me miraba extrañado, con su mano en mi hombro intentando atraerme a la realidad. Miré por encima de su hombro y Rachell no estaba, había sido una pesadilla de la cual Tom me había sacado.

Me abalancé sobre él e hice que se cayese al suelo de espaldas conmigo encima. Agarré su camiseta con mis manos y apreté mi cara en su pecho. Empecé a llorar como una niña pequeña que había tenido una pesadilla e iba corriendo a la cama de sus padres. Me sentía protegida junto a él y si me imaginaba que me dejaba sola de nuevo, me entraba el pánico.

-Perdóname.- Dije entre sollozos, mientras él permanecía inmóvil, sin tocarme.- No podía dejar que iontia y Jake sufrieran la pérdida de su bebé, estaban muy ilusionados. No lo pensé.- Ni siquiera sabía por qué le estaba dando explicaciones a Tom sin que me las hubiese pedido pero sentía la necesidad de decírselo.- Rachell...- Sus brazos me rodearon en eso mismo instante, cortando mi largo monólogo cuando pronuncié su nombre. Me estaba abrazando, Tom me estaba abrazando y como si fuera arte de magia, se me olvidó qué le estaba diciendo, qué quería decirle y que estábamos en el suelo de su enorme apartamento, abrazados, a la vez que mis lágrimas no paraban de salir.


[…] 


Abrí los ojos con lentitud cegada por la radiante luz del Sol. Miré a mi alrededor y supe que no había estado soñando. Estaba en la cama de la habitación donde me había quedado dormida encima de Tom. Sonreí como una estúpida al recordarlo. Aún sentía sus fuertes brazos abrazándome, como si se hubiesen quedado gravados en mi piel con fuego.

Me incorporé con cuidado y las costillas parecían haber dejado de dolerme con tanta intensidad. ¿Era este el efecto Tom Kaulitz? Tal vez. Cuando miré a mi izquierda, vi los papeles de la disolución del Vínculo de Sangre sobre la mesita de noche. ¿Por qué Tom insistía en dármelos? Estaba tan claro que era incapaz de pensarlo. Lo que él quería era que firmase los papeles que lo alejaría de mí. Me pareció oír un tremendo estruendo en el interior de mi corazón sin vida. Me dolía, más que el del abdomen. Era cierto que había sido yo la que le había dicho a Tom que quería la disolución, que no lo aguantaba, que lo odiaba... y pese a todo, no podía dejar de sentirme culpable.


No es a mí al que tienes que tener miedo sino a ti, a la Lilith que ha sido incapaz de buscar la verdad y que sólo se ha limitado a seguir lo que todo el mundo le decía. Thomas, ¿qué sabes de él? Que simplemente te ha hecho daño... ¿Te has preguntado por qué?

La familia Kaulitz, los Sangres Pura de los vampiros. Una familia aparentemente normal hasta que a la madre, con dos hijos y perfectamente posicionada en su raza, le dio por acostarse con el enemigo de toda la especie, simplemente porque pensaba que su marido y hermano la habían engañado. Cuando el padre se enteró, entró en cólera maldiciendo a la especie del amante de su mujer. Les dijo que hasta que de su especie no saliera una mujer, cosa imposible entre los Sangres Pura, estarían condenados a no controlar sus instintos.

Meses más tarde nació una niña hermosa, de la cual una persona se enamoró hasta perder la cordura. Su propio hermano, heredero a liderar la especie tras la muerte de su padre, se enamoró perdidamente de su pequeña hermana. Se obligó a él mismo a seguir los mismos pasos de su padre para así poder darle la vida que se merecía pero sobre todo, para poder protegerla de la especie que la perseguía para romper la maldición que sobre ellos había caído.


Las palabras de Markus me estaban atormentando. Mi cabeza dibujaba a un niño pequeño enamorado de su propia hermana, llorando y sufriendo porque se estaba sometiendo a todo tipo de tortura para ser fuerte y protegerla. ¿Y qué había pasado? Que ella se había ido, dejándolo solo, sin nadie que se preocupara por él. Ese niño hacía que mi corazón se rompiese en mil pedazos y me sintiera culpable de todo su dolor.

Por otro lado, estaba ese niño de adulto, que a ver a esa niña, decidió hacerle daño, causarle el peor de los dolores, haciéndola sentir una mierda. Ese monstruo, el mismo que había matado a su propio padre y hubiese sido capaz de matar a la persona que un día creyó amar.

La piel se me puso de gallina así que dejé de pensar en eso y en la disolución aunque tenía que tener claro lo que quería... ¿El Cielo? ¿El Infierno?

Salí de la habitación una vez duchada y vestida con unos shorts de estar por casa y una camiseta que Bill me había comprado hacía tiempo. El pasillo estaba totalmente oscuro pero cuando empecé a andar las luces se encendieron. Todo era tan moderno. A ambos lados de éste, tres puertas más y unas escaleras que conducían al piso de arriba. ¿Qué habría arriba?

Una vez en el salón, vi un enorme ventanal que juraba no haberlo visto anoche. Llamarlo ventana sería quedarse corta. Era otra pared pero de cristal por donde se podía ver toda la ciudad de Hamburgo bajo mis pies. Era una vista excepcional y maravillosa. Me sentía tan alejada de la realidad aquí arriba...

-¿Ya se ha despertado, señorita?- Me volví asustada cuando escuché una voz en mi espalda. Una mujer regordeta y con lo que parecía un uniforme de pantalón, se erguía frente a mí con una sonrisa en los labios. Lo que me sorprendió no fue que estuviera ahí sino que era humana.- Perdone, soy Gretchen, el ama de llaves del señor Kaulitz.- Asentí con la cabeza y sin dejar de mirar su sonrisa no pude evitar hacerlo yo también.

-Yo soy Lilith, la...- Y bien, ¿qué le decía ahora? ¿Hermana? ¿Novia? ¿Alguien que por desgracia había entrado en su vida? ¿Quién demonios era yo para Tom?

-La esposa del señor.- Terminó mi frase. ¿Esposa? ¿Era eso lo que Tom le había dicho?- El señor me dijo que llegó ayer de Londres y que estaba cansada así que le he preparado el desayuno, señorita.- Comenzó a caminar en dirección a la cocina y yo la seguí con pasos inseguros.

En la encimera de la cocina había un desayuno copioso, demasiado para una sola persona. Me quedé asombrada cuando la mujer, Gretchen, lo empezó a poner en la mesa de la cocina. ¡Vaya, era más grande de lo que parecía!

-Espero que le guste, señorita Kaulitz.- Me sonrió de nuevo. Parecía que esa expresión no se borraba nunca de su cara.

-Por favor, llámeme Lilith.- Me sentía incómoda cuando me llamaban tan formalmente. Ella asintió y empezó a limpiar los cacharros que le habían servido para hacerme el desayuno.

Cogí el vaso de zumo y le dí un trago. Hacía tanto tiempo que no tomaba algo que no fuese sangre que se me había olvidado a qué sabía todo, incluso como se cogían los cubiertos. Empecé a comer, dejando que mis sentidos se empezaran a despertar de un largo letargo. Pese a que creí no tener hambre, por cada bocado, mi apetito se acentuaba. ¡Estaba todo tan bueno!

-El señor Kaulitz se ha ido temprano a trabajar hoy.- Dejé de comer como una posesa para volverme a mirarla. Así que Tom no estaba en casa...

-¿Hace mucho que se fue?- Ella asintió sin dejar de lavar la sartén en el fregadero.- Me alegro mucho de que usted esté aquí, seño... Lilith.- Cerró el grifo y me miró con expresión preocupada.- El señor no ha estado muy bien estos días. No sé si por la muerte de su padre o por que usted se fue, lo cierto es que cada día lo veía peor.- Sus ojos se llenaron de lágrimas y los míos no tardarían en imitarlos. Parecía que sentía mucho aprecio por él, quizá la única persona que lo hiciera.- Cada vez que me hablaba de usted, le afloraba una sonrisa en sus labios, lo veía tan feliz... Pero desde hace unos días, lo veo peor que nunca.- Una valiente lágrima cruzó mi cara en silencio. Agradecía que fuese cristalina o de lo contrario Gretchen se habría alarmado.- Hoy se ha levantado con esa sonrisa en su rostro de nuevo y era porque usted está aquí.- Gretchen me estaba dejando ver una faceta de Tom que desconocía. Estaba contento de que yo estuviera aquí pero no me lo demostraba a mí ya que conmigo seguía teniendo el mismo comportamiento de siempre.

-¿Hace cuánto que trabaja aquí?- Decidí cambiar de tema antes de que más lágrimas salieran de mis ojos. A ella pareció sorprenderle mi pregunta.

-Hace cuatro años.- ¡¿Cuatro años?! Desde antes de que yo “llegara”. Gretchen debía conocerlo mejor que nadie ya que como él me había dicho, “esta era su hábitat natural”.

-Gracias por cuidar de él.- Tenía la sensación de que ella había estado ejerciendo de la madre que Tom nunca tuvo y eso me entristecía pero en lo más profundo de mi corazón, me gustaba que ella hubiese estado ahí para él.

-Gracias a usted por hacer que el señor se levante con una sonrisa.- Sonreí como una tonta al pensarlo.

Esto me ponía la decisión más difícil. Por un lado, ansiaba mi libertad, salir de la familia Kaulitz, poder vivir en paz y feliz, sin más lágrimas. Por otro lado, estaba Tom, el demonio, el ser que más dolor me había causado en mi vida y al que parecía no conocer. Un auténtico monstruo herido, por lo que era aún más peligroso. Sin embargo, cuando estaba con él me sentía tan... plena.

Me levanté y recogí los platos de la mesa, los cuales estaban vacíos. No había dejado nada y es que Gretchen cocinaba muy bien. ¿Sabría ella que éramos vampiros? Mejor sería no preguntarle.

-¿Qué hay en la planta de arriba?- Gretchen me miró extrañada, como si lo que le hubiese dicho fuese lo más inesperado. De pronto, sonrió de manera divertida.

-Es el despacho del señor y el estudio.- Me preguntaba si podría subir. Ayer no podía levantar ni la pierna pero esperaba que hoy y tras el delicioso desayuno de Gretchen, tuviese más fuerza.- La otra puerta no sé qué es, el señor es muy reservado.- ¿Otra puerta? ¿Sería dónde guardaba la sangre para que Gretchen no la viese?

-Creo que iré a hacer un tour por la casa.- Le sonreí y ella me devolvió la sonrisa más sincera que nunca había visto. Me gustaba esta mujer...

Dejé la cocina y me dispuse a ir directa a las escaleras que antes había visto en el pasillo. Al igual que en la vez anterior, las luces de ésta se encendieron automáticamente cuando puse el pie en el primer escalón. No podía evitar sentirme nerviosa por lo que podía encontrarme. Era la casa e Tom, un espacio personal que desconocía, donde se mostraba seguro y natural. Y yo estaba aquí, compartiendo su espacio vital, percibiendo su aroma por cada rincón... y me gusta.

Cuando llegué al piso de arriba otro enorme salón me dejó petrificada. Un enorme piano se erguía frente a mí, negro y de cola. Era tan hermoso y parecía resaltar con el blanco de las paredes. No sabía si estaba ahí por decoración o porque Tom sabía tocar, lo cierto era que resplandecía en aquel espacioso salón. Al igual que en la planta de abajo, otro ventanal-pared permitía observar, esta vez, un frondoso bosque. La vista desde aquí era muy inspiradora y relajante, tanto que hacía que te perdieras del mundo por unos minutos.

A la derecha, había una puerta negra entreabierta y a la izquierda, otra, pero ésta si que estaba cerrada. Me dirigí a la de la derecha y la abrí lentamente. Era el despacho de Tom... Un escritorio enorme y una pantalla del ordenador gigantesca. Por lo visto, Tom no escatimaba en lujos...

Sin embargo, mis pies se movieron involuntariamente hacia la otra puerta. Algo me atraía hacia ella y por un momento, pensé que sería la sangre de su interior aunque seguía sin olerla pese a que esta delante. Como me suponía, la puerta estaba cerrada con llave. Quería saber qué se escondía tras esa puerta. Millones de posibilidades se me pasaban por la cabeza y todas ellas bastante macabras. Tenía un presentimiento bastante malo sobre lo que se escondía detrás y me daba miedo saber qué podría ser.

-Es de mala educación husmear en las casas ajenas.- Mi cuerpo se paralizó al escuchar su voz, incapaz de moverse para darle la cara. ¿Cómo no lo había sentido llegar?

-Estaba... viendo... viendo la casa.- Decidí volverme y verlo. Llevaba el uniforme del hospital, por lo que acabaría de llegar, dejado caer en la pared con los brazos cruzados.- No sabía que te iba a molestar.- Observé su expresión y ésta cambió en un segundo. Se volvió fría y oscura. Entendía que no le gustara, yo estaba invadiendo su espacio personal...

-No me gusta que toquen mis cosas, supongo que ya deberías de saberlo.- Voló hasta ponerse frente a mí, a una velocidad propia de todo vampiro.- Sobre todo, sin mi permiso.- Cogió mis manos, las levantó por encima de mi cabeza e hizo que mi espalda se chocara con violencia contra la “puerta prohibida”.

-¡Ah!- Grité cuando mis costillas se resistieron por el golpe aunque eso no impidió que se alejase de mí o me soltara, al contrario, su cuerpo se pegó tanto al mío que era capaz tocarlo con la nariz.- Me duele.- Cerré los ojos y apreté los puños con fuerza intentando apaciguar el dolor.

-Lo sé.- Su cara se acercó a la mía peligrosamente. ¿Iba a besarme?- Escuchame bien, no quiero que te acerques a esta puerta y como lo hagas...- Sonrió con tanta malicia que me dejó petrificaba. Esa sonrisa de medio lado era tan aterradora que los escalofríos empezaron a recorrerme toda la columna.- Conocerás al verdadero monstruo del que has estado escapando todo este tiempo.- Asentí con miedo. No, con auténtico pavor.

-¿Tantas ganas tienes de que firme la disolución?- Las palabras salieron valientes de mi boca, casi sin pensarlo. Me había armado de valor pese a que estaba segura que Tom podría matarme en estos instantes si quisiera.- Si me quisieras como dijiste, deberías de luchar por mí y no alejarme como estás haciendo.- ¡Dios! ¿Me había metido en la boca del lobo y ya no había salida! Sus ojos se clavaron en los míos, oscuros y con... ¿miedo? Su cuerpo se pegó por completo al mío, dejándome sentir después de mucho tiempo, incluso con la ropa, lo que provocaba en mí.

-Amar a alguien no significa mentirle, señorita Kaulitz.- Dijo con ironía y mi cuerpo se convulsionó por sus palabras. Quizá fuese lo más romántico que Tom hubiese dicho, y mi cuerpo reaccionó con ello. Quería besarle, tocarle, sentirle,... ¿Por qué estaba necesitando esto cuando hace dos días le odiaba con todo mi ser?- Tus ojos... ¿Quiere morderme, señorita Kaulitz?- Ahora parecía divertirse a mi costa, cuando no me había dado ni cuenta que mi cuerpo quería al suyo, a su sangre...

Mi pies se pusieron de puntillas para elevarme hacia el cuello de aquel monstruo mientras él sonreía divertido. Había perdido toda muestra de cordura porque lo único que veía eran sus venas marcadas en su cuello, las cuales quería perforar con mis colmillos y dejar que aquel delicioso elixir invadiera todo mi cuerpo.

-La necesito.- Ahora no era yo la que hablaba sino la Lilith vampiro, la que adoraba la sangre de su propio hermano, la que mató a Rachell.

-Exacto, Lilith. Ahora sabes lo que se siente.- Su expresión era triste, tanto que el corazón se me encogió. Veía a ese niño tan vulnerable delante de mí, aflojando la presión de mis muñecas y separándose lentamente de mí.- Estaba con ella para saciar mi sed por ti.- ¿Ella? ¿Rachell?- Mi sed de tu sangre sólo se calmaba cuando la bebía o cuando ingería casi toda la sangre de un cuerpo humano. Ella se ofreció cuando le conté la verdad a darme su sangre si la necesitaba. Fue por eso que estaba con ella...- Las lágrimas volvieron a escaparse de mis ojos. ¿Por qué me estaba contando esto?

-¿La querías?- Le pregunté con la garganta seca y un nudo en el estómago.

-No, simplemente me la follaba cuando la iba a morder.- Bajé la cabeza para que no me viese como me derrumbaba y aguantaba los gritos.- Cuando ella llegaba al orgasmo la mordía para que el dolor no fuese tan intenso y lo pudiese asociar con algo bueno. De lo contrario, no habría aguantado tanto tiempo.- Las piernas estaban empezando a fallarme y de no ser porque Tom me agarraba las muñecas, ya me habría desplomado.- La necesitaba para olvidarme de ti.

-Basta, por favor.- Le rogué entre sollozos. No quería escuchar nada más. Me estaba haciendo daño.- ¿Lo conseguiste?- Levanté la cabeza para ver su expresión. Sus ojos se abrieron como platos y se quedaron absortos mirando mis lágrimas, confuso.- ¿Conseguiste olvidarme?- Me soltó las muñecas y me limpio las lágrimas de las mejillas. Su roce me transmitía corrientes eléctricas por todo el cuerpo. El hechizo Thomas Kaulitz había vuelto a mí pero tenía que ser fuerte y resistirlo antes de acabar muerta a sus manos.

-No estarías aquí si lo hubiese hecho.- Mis rodillas chocaron con el suelo, resonando en mis costillas y martirizándome por el dolor. Me tapé la cara con las manos, aguantando toda la frustración guardada en mi corazón durante todo este tiempo.- Mañana.- No le miré aunque sí escuché sus pasos alejarse de mí.- Quiero una respuesta.- Y se fue, dejándome derribada en el suelo, en posición fetal, mientras mis pies luchaban por huir de aquí y buscar mi libertad.