domingo, 20 de julio de 2014

Capítulo 73

Chicas, no sé vosotras, pero yo me he quedado así O_O cuando lo he terminado de leer. Es un poco más corto debido a la falta de tiempo. Espero que os guste aunque a mí me ha dejado muerta... Muakas! 

-Eva



Capítulo 73


Me llevé la mano al cuello casi instintivamente. Dolía pero sabía que desaparecería pronto. Abrí los ojos con cuidado por la luz, pero a diferencia de otras veces, no había un solo rayo que me hiciese cerrarlos de nuevo. ¿Era aún de noche? No, era la habitación de Tom. Las cortinas seguían echadas y la lámpara apagada. El cuarto estaba oscuro, casi tanto como su alma.

Estiré el brazo y ahí estaba, su piel fría como el hielo provocándome escalofríos como otras tantas veces. Estaba dormido o muerto, o quizás ambas pero no podía distinguirlo tan fácilmente. Tom era ese tipo de personas que cuando duermen parecen otro ser completamente distinto. Pues bien, Tom cuando estaba así era el hermano que creí desaparecido, mi Tommy,... Sin embargo, cuando despertaba, se convertía en una bestia.

Apenas podía recordar con claridad qué pasó después de que Tom me mordiera. Suponía que me había desmayado. ¿Cómo había sido capaz de llegar a ese punto? ¿Y si era verdad que Tom estaba enfermo? Por mucho que intentase comprender qué le había llevado a beber mi sangre como si llevase años sin beber nada, no podía hacerlo. Yo había estado llorando como una magdalena delante de él, Tom sabía que algo no iba bien pero aun así, no le importó para saciarse como si nada.

Millones de dudas asaltaron mi cabeza de pronto. No sabía si realmente podía confiar en Tom o creer a Jan y a la doctora Bichmann como parecía que habían hecho todos... Incluso Bill. Su actitud de ayer era tan diferente a como se comportaba conmigo que me hizo sospechar de él pese a que sabía que era una tontería desconfiar de mi querido Bill, ¿verdad?

Me moví un poco y me acurruqué en el pecho desnudo de Tom. Me hubiese gustado sentir los latidos de su corazón como una vez me pareció escuchar pero no oía nada, ni siquiera algo que me dijese que continuaba vivo. O eso creía...

Su mano se movió hasta mi cabeza y comenzó a acariciar mi pelo como hacía de pequeño. Eso me relajaba, me sentía protegida pero sabía que esas sensaciones eran mayores para él. Tom había estado tan solo durante su infancia que tener a alguien cerca le parecía extraño, razón por la cual su comportamiento era tan agresivo. Debía de ser duro que con la tierna edad de cinco años, cualquiera que se acercase a ti fuese para pegarte por haber hecho algo mal.

El corazón se me encogió de sólo pensarlo y Tom pareció darse cuenta.

-¿Qué pasa?- Preguntó con la voz ronca de recién levantado.

-Me gustaría estar dentro de tu cabeza aunque sólo fuese un par de segundos.- Contesté mientras las incesantes caricias recorrían mi pelo.

-No podrías soportarlo.- Contestó. Lo peor era que sabía que tenia razón. Si sólo pudiese arrancar todo el dolor que llevaba sobre sus hombros, sentiría que era útil de algún modo para él.

-Voy a protegerte.- Declaré, alzando mi cabeza para alcanzar sus ojos.- No dejaré que nadie te haga daño de nuevo.- Él sonrió, una sonrisa triste que rompía mi corazón en mil pedazos.

-Prefiero que te protejas a ti primero.- Su mano se posó en mi mejilla y la acarició con el pulgar mientras sus ojos penetraban en mi alma.

-No estamos solos, Bill, mamá y Gordon están de nuestro lado.- Quise animarlo pero sólo hice que su actitud cambiase.

-Los enemigos no son los que sostienen sus espadas contra ti, sino los que permanecen a tu lado con los puñales tras sus espaldas.- ¿Qué quería decir eso?

-¿Significa que no puedo fiarme de nadie?- Tom sonrió de nuevo, esa sonrisa tétrica que podría congelarte en cuestión de segundos.

-Significa que tengas cuidado, Lilith.- De un movimiento veloz consiguió ponerse sobre mí. Su dedo índice empezó a descender desde mi cuello hasta mi barriga y se detuvo ahí. Su mirada se volvió fría y sus ojos rojos como el fuego.- Incluso el demonio fue ángel una vez.- Me mordió. Me mordió tan fuerte que grité pero su mano me acalló. Estaba bebiendo mi sangre de nuevo, la sangre de mi vientre.

Iba a desmayarme otra vez, lo sentía, pero en ese instante Tom paró. Sus ojos rojos y su boca chorreando sangre retrataban al monstruo al que estaba acostumbrada. Ambos nos quedamos callados, él con la respiración agitada y yo perpleja ante el recorrido de aquel líquido rojo por su torso.

Ahí estaba, el demonio que una vez fue un ángel en su máximo esplendor. Tom era el resultado de una vida llena de dolor, golpes y gritos por eso él se comportaba de esa forma, porque era la única que conocía. Tom no estaba loco, estaba roto, tan roto que encontrar las piezas para recomponerlo era tan difícil como revivir a los muertos.

-Tom...- Dejé escapar cuando sus ojos volvieron a su color natural.- ¿Por qué aquí?- Puse la mano en mi barriga justo encima de donde él había mordido, llenando mis dedos de sangre.

-Es el único sitio que se corrompió por mi culpa.- Dijo aún con la vista perdida.- Algo mío estuvo ahí y lo volvió impuro.- Estaba hablando de nuestro monstruito.

-Te equivocas, es el sitio más sagrado de mi cuerpo.- Me miró después de un largo tiempo, cansado, triste o tal vez lleno de miedo.

-El hijo de Eva... es mío también, Lilith.- Parecía perdido en algún lugar de su mente, un lado oscuro y oculto de todo el mundo.- Voy a ser padre y mírame.- Alcancé con mis dedos su rostro. ¿Por qué parecía que iba a romperse entre mis manos?- ¿Qué clase de padre voy a ser? ¿Cómo le diré a ese niño que no haga cosas malas cuando soy yo el primero que las hace? ¿Cómo un perturbado como yo puede ser padre?- Tom estaba preocupado por ese niño. Él mismo le había llamado así pero el nuestro había sido un monstruito, nunca le escuché llamarlo de otra manera.

-Serás un buen padre, Tom.- Quise levantarme pero no pude. Presionó con más fuerza mi cuerpo contra la cama.- Tom...- Dije, intentado que se apartarse.

-¿Te enfadas al escucharme hablar de Eva?- Preguntó sonriendo.

-No.- Respondí seca.

-Vamos, Lilith... No te dicho nada que no supieras.- ¿Se estaba burlando de mí? ¿Cómo podía pasar de un humor a otro en una milésima de segundo?

-No estoy de humor para tus tonterías.- Él resopló y se echó a un lado, liberándome de su peso.

-Lo siento.- Dijo, dejándose caer en la cama de nuevo mientras miraba al techo. Pedir disculpas se había vuelto algo natural para él...

-No, perdóname.- Me senté en la orilla de la cama, dándole la espalda. Me dolía el vientre por la mordida de Tom, un dolor parecido al que sentí cuando estaba perdiendo a mi monstruito. ¿Estaba perdiendo a Tom también?- Me hubiese gustado ser la mujer que te diese un hijo y que pasara el resto de su vida contigo.- ¡Maldita sea! Yo no iba a ser esa mujer y pese a que intentaba no pensar en ello, no podía evitar sentirme mal.

-Es mi culpa, yo dejé que esto pasará.- Me miré la mano aún llena de mi sangre. No quería hablar de esto ahora.- Pensé que la mejor forma de que no me rompieran el corazón era pretender que no tenía uno. Me equivoqué.- Me volví a mirarlo. Se estaba sincerando de nuevo conmigo.- Pensaba que si me unía a Eva y tú te casabas con Louis ambos conseguiríamos seguir adelante. El problema es que no pude dejarte ir y por mi culpa estás envuelta en esto de nuevo.- Cerró los ojos, volviéndose vulnerable mientras mi corazón se encogía al escuchar sus palabras.- Soy un egoísta de mierda que te necesita. Juré protegerte, Lilith, pero realmente no sé qué hacer. Es la primera vez que me pasa. Las cosas no están yendo como planeé y tengo miedo.- ¡¿Había dicho que tenía miedo?!

-¿De qué?- Pregunté con los ojos llenos de lágrimas.

-De que te vayas si sabes la verdad.- Me levanté de la cama. Realmente quería irme.

-¿Qué verdad?- Pregunté aunque sabía que no iba a responderme.

-No, Lilith. Es suficiente por hoy.- Respondió resignado.

-Prefiero la verdad a que me mientas y me ocultes cosas.- Abrí la puerta y me fui, con un lío de sensaciones metidas en mi cuerpo.

Todos los que custodiaban la puerta se quedaron mirándome impresionados. Mi barriga seguía sangrando y todos se estaban volviendo casi locos por el olor de mi sangre. Quería volver con Tom pero no podía. Quería hacerle saber que mentirme no era la solución para mantenerme a su lado.

-Se... Señorita.- Me llamó Gustav con los ojos rojos.- Tiene que salir de aquí.- Y eso quería pero mi cuerpo estaba congelado.

-Deja que la acompañe.- Uno de los que guardaban la puerta de Tom se acercó a mí. No parecía exaltado como los otros así que le seguí.

Todos hablaban de como mi sangre tenía un sabor y un olor especial pero hasta ahora no lo había visto con mis propios ojos. No debía de ser tan dura con Tom, él también sentía esa necesidad imperiosa de beberla...

-Señorita Kaulitz, déjeme ayudarla.- Se volvió hacia mí y me mordió. Ni siquiera me di cuenta de lo rápido que fue, sólo sentí un fuego abrasador que nacía en mi cuello y recorría todo mi cuerpo. Era un dolor fortísimo pero podía soportarlo.

¿Por qué no lo alejaba? ¿Por qué no me defendía? No tenía fuerzas, ni ganas. No tenía motivos para luchar por mi vida... Sentía que aunque Tom me hubiese confesado sus sentimientos, seguía habiendo una barrera entre nosotros. Nunca llegaría a conocer al cien por cien quién era él o en qué pensaba cuando no decía nada. Lo cierto era que acercarme mucho a Tom me daba miedo, miedo de no poder alejarme nunca jamás.

El fuego cesó pero el dolor permanecía. Abrí los ojos con la esperanza de estar muerta ya pero por desgracia, no lo estaba. Sus ojos verdes se clavaron en los míos, preocupados y alarmados al mismo tiempo. Entre sus manos, aquel ser inmundo que me había mordido casi llorando mientras suplicaba por su vida.

-¿Estás bien?- Preguntó. Asentí débilmente sin apartar la mirada de él.

Agarró a ese tipo por los hombros y en un visto y no visto, metió su mano en el pecho y le arrancó el corazón ante sus ojos. No dudó ni un segundo en enseñárselo a su víctima antes de que éste desapareciera convertido en un gran charco de sangre.

No podía creer lo que había visto. Era la primera vez que presenciaba la muerte de un vampiro y era horrible. Sin embargo, no me inmuté ni un segundo. Me llevé la mano al cuello, ese malnacido me había mordido en el mismo sitio en el que lo había hecho Tom anoche.

-Lilith...- Lo miré aún metida en mis pensamientos.- Ven, tienes que cambiarte.- Jan me agarró de la mano y me guió por el pasillo.

Su tacto era suave, ni siquiera apretaba mi mano cuando la sujetaba. Me abría paso por el pasillo y las escaleras pese a que yo era incapaz de dar un paso sin que me temblasen las piernas. Él parecía haberse dado cuenta ya que no iba para nada rápido. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué seguía al hombre que le había arrebatado a Tom el liderazgo? No lo sabía pero una parte de mí gritaba ansiosa que lo hiciese.

Entramos en su despacho, bueno, el despacho de Tom. Los muebles habían sido cambiados de sitio, los colores de las cortinas eran más brillantes y la luz parecía hacer acto de presencia en todos los rincones.

-Toma.- Me tiró una toalla para que la cogiera pero está cayó a mis pies. No tenía fuerzas para levantar los brazos, es más, creía que me caería en cualquier momento.- Déjame ayudarte.- Recogió la toalla del suelo y comenzó a secar la sangre de mi cuello, lenta y suavemente.

No podía apartar mis ojos del verde de los suyos. Pensaba que el color que distinguía a los Kaulitz del resto de vampiros era el miel de nuestras pupilas. Sus ojos se encontraron con los míos y entonces lo sentí. Una pequeña descarga en mi corazón que contrajo todos los músculos de mi cuerpo incluso los que pensaba que no tenía. Nos quedamos así quizá por unos cuantos segundos... ¿O fueron minutos? No recordaba nada, salvo el color verde invadiendo hasta el rincón más oculto de mi cuerpo, el cual se paralizó.

-¡Lilith!- La puerta del despacho se abrió de golpe y él entró, seguido de unos cuantos hombres que querían retenerlo pero que eran incapaces de controlar a Tom.

-Tom...- Susurré. Parecía nervioso y exaltado. Le faltó tiempo para correr hasta mí y agarrarme por los hombros para mirar todo mi cuerpo.

-¿Estás bien?- Preguntó Tom. Asentí casi sin fuerzas.- ¡Maldito hijo de puta!- Salió casi disparado de mi lado y agarró a Jan por la camisa.- ¡Te mataré y lanzaré tu puto cadáver a Markus!- La mano de Tom se puso en su pecho tal y como Jan había hecho con el que me mordió. No sé de dónde saqué fuerzas pero corrí como nunca y agarré la mano de Tom antes de que atravesara el pecho de Jan.

-¡No, Tom!- Él me miró con los ojos muy abiertos, incapaz de creer lo que estaba viendo.- ¡Él me salvó de ese tipo!- Tom me miró achinando los ojos, en otro duelo de miradas que estaba dispuesta a ganar.- Por favor...- Le supliqué. Empujó a Jan con desprecio y volteó, dándome la espalda.

-Jamás mordería a Lilith como si fuera un monstruo...- Dijo Jan con una sonrisa en sus labios. Posiblemente ya sabría que las otras mordeduras de mi cuerpo me las había hecho Tom.

-Más te vale porque de lo contrario ya estarías muerto.- Respondió Tom con los puños apretados. Tenía miedo porque sabía que Tom podría saltar en cualquier momento.

-¿Sabes que está prohibido beber la sangre de Lilith, verdad?- Preguntó Jan. Mi hermano se dio la vuelta casi como una fiera.

-Me bebo su sangre y luego me la follo. ¿Tienes algún problema con eso?- Dijo Tom con sarcasmo. ¡¿Cómo podía haber dicho eso delante de él?! ¡¿No era un secreto?!

-Vaya...- Dijo Jan por lo bajo.- Eres muy malo, llamarte Satán es un insulto.- Dijo riéndose. Tom lo imitó aunque su sonrisa era el primer signo antes de explotar.

-No hay nada prohibido en eso, Lilith y yo aún estamos vinculados.- ¡¿Qué?! Miré a Tom impresionada pero él ni siquiera me vio. Él y Jan estaban envueltos en un duelo silencioso del que no estaba segura quien ganaría.

-¿Cuándo le vas a dar los papeles al Consejo?- Preguntó Jan.

-¿Quieres saberlo?- Dijo Tom con sarcasmo. Rodeó el escritorio y se sentó en la que siempre había sido su silla.- Cuando me salga de la punta de la polla.- Nuestro primo contrajo el rostro, las palabras de Tom podían sobrepasarse más de la cuenta algunas veces.

-Eva está a punto de dar a luz a tu hijo, Tom. Si ese niño nace antes de que la Unión se haya llevado a acabo, no podrá ser tu heredero.- ¡¿Cómo?! Por eso Tom no se había unido a Eva todavía, porque él y yo seguíamos vinculados.- ¿No decías que todo lo relacionado con Lilith te daba asco?- Miré a Tom sorprendida. ¿Lo había dicho debido a su plan para que nadie supiese lo que había entre nosotros?

-Y me da asco pero su sangre es jodidamente buena y la necesito ya que no me fio de la que tus lameculos me dan.- Eso explicaba los vasos de sangre en su habitación...

-Entrega los papeles y rompe el Vínculo de una vez.- Dijo Jan cambiando tanto el tono de su voz como la expresión de su rostro.

-¿Por qué?- Respondió mi hermano con un tono divertido aún.

-¡Porque soy tu líder!- Jan perdió los papeles, dando un grito atronador que me hizo estremecerme. Tom comenzó a reírse como un histérico mientras Jan respiraba agitado y con los ojos rojos.

-Jan, Jan, Jan... -Su sonrisa cesó a la vez que se levantaba del sillón, posaba ambas manos en la mesa y miraba fijamente a nuestro primo.- Un líder no necesita decir que lo es.- La mesa se partió bajo sus manos, haciendo que tanto Jan como yo retrocediéramos.- Vamos.- Tom dio la vuelta al escritorio, me agarró de la mano y me sacó de allí.

El cuerpo aún me temblaba cuando los guardias agarraron a Tom de ambos brazos. Él me soltó resignado sin apartar la mirada de mí. Sabía que él podía librarse de ellos perfectamente pero no estaba haciendo nada para conseguirlo.

-Tom...- Alargué el brazo para tocarlo pero se lo llevaron antes de que pudiera hacerlo. Quería llorar, estaba mareada y tenía ganas de vomitar. No me encontraba bien pero desconocía el motivo exacto.

-Tapa las herida, Lilith.- Asentí antes de que desapareciera por el pasillo para estar de nuevo encarcelado en esa habitación oscura.

Caí sobre mis rodillas, perdiendo todas las fuerzas que me quedaban y comencé a llorar. ¿Por qué me dolía tanto el pecho si mi corazón estaba muerto? Era incapaz de ayudar a Tom, sólo de meterme en problemas que no lo favorecían en nada. Y Eva... Ella estaba a punto de tener a su hijo, al heredero de Tom mientras que él se aferraba a mí sin que eso le beneficiara en absoluto. ¿Por qué no había entregado los papeles de la disolución? ¡Seguíamos Vinculados!

-¡Lilith!- Bill pareció de la nada y se puso de cuclillas frente a mí. No tardé en lanzarme a sus brazos y llorar como nunca.- ¡Dios, Lilith! ¡¿Qué ha pasado?!- Me separó de él y observó mi cuerpo bañado en sangre.- ¡¿Te ha hecho esto Jan?!- Negué con la cabeza mientras los hipidos seguían saliendo de mi garganta.- Vamos...- Me ayudó a levantarme y caminamos sin saber a dónde íbamos. Seguía teniendo ganas de vomitar...

Cuando me di cuenta, estaba en frente de la puerta del sótano de dónde lo había visto salir. Había algo que me empujaba hacia su interior. Todo estaba tan oscuro como lo recordaba, ese ambiente tan extraño seguía ahí y yo me veía envuelta en él.

Bill abrió la puerta y unos cánticos en un idioma que no entendía cautivaron mis oídos. Había gente con capas y capuchas negras, con las manos alzadas y recitando algo ante un enorme atril de cristal. Todo estaba oscuro salvo por velas enormes que rodeaban la habitación.

Todos se volvieron a mirarme, puede que por el olor de mi sangre, la cual empezaba a escurrirse por mis piernas. Los cánticos se detuvieron y los ojos rojos de aquellas personas era lo único que podía ver.

Las rodillas de los encapuchados tocaron el suelo, al igual que sus cabezas. Di un paso atrás pero Bill me sostuvo. ¿Qué era todo esto?

-Mi señora.- Una voz femenina resurgió de entre las personas que se arrodillaban. Se apartó la capucha negra, dejándome ver a una mujer de pelo negro largo y unos ojos del mismo color que me miraba sonriente.- Perdone que la hayamos asustado.- Miré a Bill, esperando que éste me diese alguna explicación pero salvo una sonrisa, no obtuve nada más.

-Anja, Lilith está sangrando. ¿Podrías ayudarla?- La mujer asintió. De repente, dejé de sentir las manos de Bil sobre mis hombros. Me volteé pero él ya había desaparecido.- Angela, trae algunas gasas, y tú, Lila, trae una 0 negativo para la señora.- Dos personas salieron corriendo al instante.

Ella dio un paso al frente pero yo retrocedí de inmediato. No podía fiarme de alguien a quien no conocía y mucho menos cuando todo mi cuerpo estaba bañado en sangre. Sin embargo, había algo en ella que me decía que podía confiar. No estaba segura de si era su sonrisa o el ambiente tan extraño al que estaba expuesta.

-Aquí tiene, madre... ¡Digo, Señora!- A la chica, la cual supuestamente se llamaba Lila, le temblaban tanto las manos que la sangre salpica fuera del vaso.

-Déjeme ver las heridas, Señora.- Cogí el vaso de aquella chica y me lo bebí de un trago. Necesitaba más sangre, un vaso no era suficiente.- Trae más.- La chica salió disparada a por más mientras mis ansias por aquel líquido rojo iban en aumento.- Voy a levantarle la camiseta, Señora.- Asentí y Anja levantó con cuidado aquel trozo de tela empapado de mi sangre. Un quejido de dolor se escapó de mi garganta. Estaba pegado a mi piel y dolía demasiado cuando el simple aire rozaba la herida.- Tendré cuidado.- La segunda chica vino con vendas y un tarro con algún mejunje para limpiarla.

-¿Quiénes sois?- Me atreví a preguntar.

-Servidoras de la Madre.- Me quejé cuando ese líquido entró en contacto con mi piel.

-No entiendo.- Respondí mientras intentaba controlar el dolor.

-Somos sacerdotisas de Lilith.- La miré extrañada a la vez que ella seguía limpiando la herida de mi vientre, dejando al descubierto los colmillos de Tom.- ¡Vaya!... Es profundo.- Dijo sorprendida.

-¿Qué hacéis aquí?- Quería saber más sobre ellas, porque de alguna manera me sentía conectada a este sitio o tal vez fuera porque la mujer de mis sueños me había dicho que viniese al sótano.

-Rezar, Señora- Sus ojos se encontraron con los míos.- Rezar es todo lo que podemos hacer ahora.- Su atención volvió a su trabajo, dejándome perdida en un nuevo sin sentido.

-¿Todos saben que estáis aquí?- Ella sonrió, confirmando mi pregunta. ¿Qué era todo esto? ¿Por qué nadie me había dicho que había sacerdotisas de Lilith? Aunque en realidad no debería de extrañarme. Los vampiros le rendían culto a ella así que, como en toda religión, debía tener una guías espirituales.

-Iros, yo me encargo.- Todas las personas se bajaron las capuchas y se arrodillaron en el suelo de nuevo antes de irse. Me fijé que todas de ellas eran mujeres y que bajos esas largas capas estaban desnudas.- Su vientre es una fuente de vida.- Dijo casi embelesada cuando puso la venda en mi barriga.

-Tom suele clavar sus colmillos bastante profundo.- Dije resignada. ¿Era consciente mi hermano del daño que me hacía a veces?

-Es una suerte que esta vez no lo haya hecho.- ¿Estaba de broma? Se habían clavado bastante y estaba segura que a él no le había importado. Alguna que otra vez, me replanteaba si era verdad que él no estaba bien psicológicamente.- Su presencia es fuerte, más de lo que alguna vez pensé.- Se pasó a la herida de mi cuello y empezó a a limpiarla con cuidado.

-¿No es mi presencia a la que te refieres, verdad?- Le pregunté, sintiendo las lágrimas agolparse en mis ojos.

-No, no es su presencia solamente.- Ella secó mis lágrimas antes de que se escurriesen por mi cuello y estropearan su trabajo.- El cuerpo muere pero el alma permanece.- Cerré los ojos y me dejé llevar por esa presencia que tanto ella como yo habíamos empezado a sentir.- No deje que nadie lo sepa, ni siquiera el Señor.- Asentí porque era incapaz de hablar por el nudo en la garganta.


¿Por qué ahora? Este no era el mejor momento pero esta vez protegería a mi pequeño monst... No, a mi hijo, aunque fuese lo último que hiciese.



viernes, 18 de julio de 2014

The End

Hola chic@s! Qué tal habéis estado? No sé si lo sabréis pero los exámenes y los trabajos no me han dejado entrar mucho por aquí :( 

Como tod@s sabéis, hace tiempo que los capítulos de Vínculo de Sangre llegaron a su etapa final, y aunque nos duela muchísimo el final se acerca.

Hoy me gustaría preguntaros algo... 


¿Cómo os gustaría que acabara Vínculo de Sangre?


No os olvidéis de comentar... Muakas! :*