lunes, 31 de marzo de 2014

Saludos desde Munich~!!

Hola, chicas!! Qué tal están?? :)

Vero y yo andamos de vacaciones unos días en Munich, conocen la ciudad? Dejénme decirles que es una de las más hermosas ciudades que he visto en mucho tiempo. Hemos visitado el castillo de Neuschwanstein y el de Hohenschwangau, y nos hemos quedado asombradas. La historia de su dueño, el rey Luis II nos ha hecho recordar a Tom, es más, se parece tanto que da hasta miedito...

Los palacios que hay en esta región son impresionantes y han servido mucho a Vero para inspirarse. Se ha traído su laptop y sigue escribiendo en los trenes. Supongo que es algo bueno para nosotras no? :P Por lo que tengo entendido, creo que va a utilizar ese castillo para seguir la historia en él. Os imagináis? Yo no puedo esperar para ver qué será lo próximo >_<

Para las interesadas os dejo dos fotos de los castillos y el link que da información sobre ellos. Son impresionantes!

Sed pacientes y esperad con ganas el nuevo capítulo de Vínculo de Sangre! Muakas! <3

Eva.













lunes, 17 de marzo de 2014

Capítulo 71

Capítulo 71


By Lilith


Alargué mi brazo hasta el lado donde creía que se encontraba pero no estaba. Me levanté de la cama sobresaltada, sudando y aterrorizada. Estaba en una habitación en la que no estaba él, como si todo lo que hubiésemos vivido hubiese sido un sueño. ¡Dios! ¡¿Y si había sido eso?!

Me levanté a toda prisa y salí corriendo escaleras abajo en su busca, en busca de mi caballero oscuro, el demonio en mi infierno particular... Llegué hasta el salón y allí estaba, tocando el piano de cola con sus largos dedos. No se había dado cuenta de que estaba allí porque llevaba unos auriculares en sus oídos que transmitían el sonido de aquel lujoso instrumento, alejándolo de este mundo.

Me quedé embelesada mirándolo. Sus ojos estaban cerrados y de vez en cuando movía su cabeza al compás de la música que parecía estar escuchando. Ni siquiera sabía que Tom tocase el piano, es más, nunca lo había oído tocar la guitarra que parecía acompañarlo a todos sitios.

Su mandíbula estaba apretada aunque sus músculos estuviesen relajados. Era tan extraño verlo tan indefenso y sin ese aura oscura que siempre lo rodeaba. El que estaba ahí sentado era la misma persona que me había confesado que me quería, no... ¡que me amaba! Y yo seguía allí quieta, respirando agitada y embelesada ante tan hermosa criatura.

Sus dedos dejaron de tocar las teclas del piano aunque permanecía con los ojos cerrados, como si terminara de escuchar las últimas notas que emanaban gracias a él. Quería correr hacia él y abrazarlo, sentir su frío corazón derretirse aunque sólo fuera un poco pero estaba segura de que a Tom ese tipo de cosas no le gustaban.

-Y una vez más la princesa fue en busca del monstruo.- Abrió los ojos y los clavó en mí, con fuerza, agónicos y llenos de sufrimiento.

-Ho... Hola.- Conseguí decir cuando los escalofríos que me provocaba su simple mirada cesaron.

-Que princesa tan tonta y masoquista.- Se levantó del sillín frente al piano y comenzó a andar hacia a mí lentamente. Ni siquiera me había percatado antes de que sólo llevaba los pantalones...

-¿Qui... Quieres desayunar?- Pregunté intentando evitar mirar otra parte de su cuerpo que no fuese su cara.- Creo que puedo hacer magdalenas. ¡Agatha me enseñó muy bien!- Empecé a reírme nerviosa, tanto que parecía estúpida.

-¿Has pensado en lo que te dije?- ¡Dios! ¡¿Lo de si quería casarme con él?! Recordaba haberme quedado atónita cuando me lo dijo y que sólo la llamada de Bill me libró de constestarle.- ¿Necesitas más tiempo? Creía que lo tenías claro.- La sonrisa desapareció de mi rostro.

-Sé lo que quiero pero no estoy segura de que este sea el mejor momento.- Le respondí, viendo como se tensaba por cada palabra que salía de mi boca.

-Tonta, masoquista e insegura.- Dijo antes de irse hacia la cocina.

¡¿Qué había sido eso?! ¿Estaba enfadado? Quería casarme con él pero no cuando tenía una Unión a la vuelta de la esquina, un hijo en camino y una panda de perros siguiéndole los talones. ¿Es que acaso era yo la única que veía todos los problemas a los que nos enfrentábamos?

Ni siquiera me había dicho para qué lo llamó Bill aunque pude imaginármelo. Todos se habían dado cuenta de que habíamos huido juntos y esta segura de que nos estarían buscando.

No quería pensar en ello pero no podía evitarlo. Tenía tantas cosas que preguntarle y tantas dudas en mi cabeza sobre lo que estaría pasando que me volvería loca. Sin embargo, a él parecía no importarle en absoluto, o al menos eso creía.

Me senté en el sofá y esperé. Me estuve quieta hasta que las ganas de llorar desaparecieron. ¿Estábamos haciendo lo correcto? No me importaba lo que pudiese pasarme a mí pero qué pasaría con él. Tom era el líder, un ejemplo a seguir para los de nuestra especie, con un hijo en camino y la Unión con una mujer extraordinaria. ¿Por qué lo había dejado todo? Yo no era lo suficientemente buena para él, es más, dudaba que fuese lo suficientemente buena para alguien.

La pantalla del móvil de Tom se iluminó sin emitir ningún sonido. Él lo había puesto en modo silencioso para que no me diese cuenta de las veces que lo llamaban aunque podía sentir la vibración del móvil. No quería hacerlo pero lo hice, alargué mi mano y cogí el móvil.

Jan está aquí”


¿Jan? ¿Quién era ese? Mi estómago se contrajo al sentir su presencia en mi espalda. Dejé el móvil sobre la mesa sin volverme a verlo. La burbuja de paz y tranquilidad había estallado.

-Lo siento.- Dije antes de que él empezase a gritar como un energúmeno.- Estoy preocupada porque esto seguro te está afectando más de lo que crees. No creo que esto haya sido una buena idea. Tienes un hijo en camino, Tom, no puedes huir como si no afrontaras responsabilidades.- Apreté mis puños sobre mi regazo. Quería aparentar ser fuerte pero en mi interior estaba rogando no despertarme de este sueño.

-Tienes razón.- ¿La tenía?- Huir no es la solución, es por eso que dejé de hacerlo hace mucho tiempo.- Me volteé a mirarlo. Nuestras miradas se encontraron al instante, volviendo a formar nuestra burbuja en la que sólo estábamos él y yo.- No estoy huyendo, Lilith, estoy dejando que la corriente me arrastre.- Bonita forma de llamar al “destino”, pensé. ¿Era eso lo que Tom estaba haciendo? ¿Dejarlo todo a manos de éste?

-No puedes hacer eso, tienes que elegir un camino hacia donde ir.- Le respondí un tanto alterada. Sin duda, a él no parecía importarle ninguna de sus responsabilidades.

-Delante de mí tengo dos caminos. ¿Cuál debería elegir, Lilith?- Me preguntó con un tono cansado y triste, algo a lo que ya me había acostumbrado en él.

-Qué más da que camino cojas, los dos te llevarán a alguna parte.- Tom me miró con fiereza, estaba intentado saber en qué estaba pensando de nuevo.

-Sé dónde quiero llegar, ese es el problema.- Se sentó a mi lado y me cogió la mano que mantenía apretada en mi regazo.- Quiero llegar a ti, Lilith.- Lo miré petrificada ante su comentario.- Dime qué camino debería elegir entonces.- Su mano apretó la mía con fuerza, como si temiese que me escapase. Respiré hondo y le dije la única y verdadera respuesta a su pregunta.

-Da igual qué camino cojas, Tom... yo siempre voy a estar esperándote al otro lado.- Un destello en sus ojos hizo que me congelase. Eran tan... tan... fuera de este mundo que era imposible no estar enamorada de él.

-Prométemelo.- Su mirada se volvió fría al instante. Veía miedo y oscuridad reflejarse en sus pupilas.

-¿El qué?- Pregunté confusa.

-Que siempre estarás ahí.- Mi estómago se contrajo de nuevo. Tenía ante mí a un Tom asustado por primera vez. Era el niño que lloraba por las noches cuando su padre le pegaba.

-Te lo prometo.- Puse mis manos en sus mejillas, frías como el hielo. ¿Por qué siempre estaba congelado?- Nunca te voy a dejar, Tom... Pase lo que pase.- Le di un tímido beso que lo cogió por sorpresa.

Pese a que tenía los ojos cerrados, sentía su mirada clavada en mí mientras nuestros labios estaban unidos. No se movía, ni siquiera parecía tener intención de responder. Se había quedado perdido en algún punto de su subconsciente... no era la primera vez que le pasaba.

Y una vez más, me preguntaba qué estaba pasando por su cabeza que lo hacía alejarse del mundo. ¿Eran las voces de nuevo? ¿O es que simplemente no le apetecía corresponderme? Quería meterme en su cabeza y saber qué pensaba o qué sentía, pero como Bill ya me había advertido, posiblemente me horrorizaría.

Despegué nuestros labios y abrí mis ojos lentamente, observando a la bestia herida que me miraba fríamente. Le sonreí con timidez, dispuesta a descongelar su frío corazón. ¿Funcionaría esta vez?

-Recuerda tu promesa, hermanita, porque puede que la necesites más de una vez.- Se levantó y se fue. No más palabras, no más frases inacabadas... Otra vez más, su corazón se había congelado y cerrado ante mí.

-¡Tom!- Lo llamé cuando casi desaparecía de mi vista. Él se volvió a mirarme con ese aire chulesco de “sé algo que tú no sabes”.- La princesa nunca va en busca del monstruo.- Tom levantó una ceja interrogante, sin entender de qué estaba hablando.- Nunca he visto a ninguna princesa aquí.- Él sonrió de medio lado y se fue junto a su más que adolorida alma.

[…]


El Sol era algo que me encantaba pese a que sentía como me debilitaba por momentos. Quizá fuese por ese motivo que estaba en el balcón con vistas al bosque, viendo cómo los niños jugaban pese al calor que debía de hacer.

Me gustaba este sitio, me recordaba a la casa de la abuela en Burdeos. Un sentimiento de culpa me invadió por un momento. Seguro que mi abuela estaría preocupada sin entender qué estaba pasando, al igual que Louis... ¡Dios, Louis!

-¡Lilith!- Una voz me llamó desde abajo. La mujer que nos encontramos ayer junto su marido me saludaba animadamente.

-¡Hola!- Respondí en mi, más que nativo, francés.

-¡Vamos a la playa! ¡¿Venís?!- ¿Ir a la playa? Tendría que preguntárselo a Tom...

-¡No, gracias!- Su voz retumbó en mis oídos. ¿Cómo no lo había sentido llegar?

-¡Pasaros luego a cenar!- Ella nos sonrió y se fue mientras se despedía animada.

-¿Por qué no vamos a la playa?- Le pregunté, un poco desilusionada. A mí sí que me apetecía ir...

-No me gusta que los tíos se te queden mirando mientras babean.- Gracias a que le daba la espalda pude sonreír victoriosa. Tom estaba celoso.

-Supongo que es normal.- Dije, intentando ponerlo aún peor.- Muchos hombres me desean. ¿Pensabas que eras el único?- Sentí sus manos en mis caderas y su cabeza posarse en mi hombro.

-No juegues conmigo, Lilith... Es peligroso.- Sonreí como una boba cuando sus brazos me rodearon por la cintura desde atrás. ¿Cómo podía ser tan monstruoso y dulce en un abrir y cerrar de ojos?

-No creía que fueses celoso.- Le respondí, poniendo mis manos sobre las suyas justo encima de mi barriga.

-Los celos son falta de seguridad pero tal y como está el mundo ahora, prefiero no bajar la guardia.- Solté una pequeña risotada, puede que la más sincera en mucho tiempo.- Pero tú no eres celosa.

-¿Qué te hace pensar eso?- Le pregunté curiosa ante tan rotunda afirmación.

-Bueno, los hechos lo demuestran.- ¿Qué hechos? Empezó a darme besos por el cuello por lo que no quería seguir con la conversación que yo pretendía llevar a cabo.

-Explícate.- Le pedí.

-Olvídalo.- Me dio la vuelta de cara a él de una forma bastante brusca. Sus ojos azules me mostraban cuáles eran sus intenciones.- Una relación se basa en tres principios fundamentales, Lilith.- Se pegó a mí por completo, tanto que su aliento chocaba con mi cara.

-¿Cuáles son?- Le pregunté a la vez que posaba mis manos en la cintura de su pantalón.

-Confianza, respeto y... amor.- Su boca se coló de nuevo en mi cuello, dando pequeños besos y lametones que me ponían la piel de gallina.- Estoy trabajando en el último.- Solté un pequeño gemido cuando me dio un pequeño mordisco en la clavícula.

-¿Confianza?- Le pregunté.

-Confío en ti. ¿Crees que te hubiese dejado sola durante cinco años si supiera que la ibas a cagar?- Tenía sentido...

-¿Y respeto?- Sus besos pararon y sentí de nuevo ese aura maligna rodearnos lentamente. Estaba empezando a ponerme nerviosa a medida que su boca se iba acercando más a mi oído.

-Si no te respetara...- Sus manos atraparon mis muñecas con fuerza.-...ya te habría matado.- Abrí mucho los ojos por la sorpresa y por el tono de voz que había puesto al decir esa frase. O tal vez fuese porque esa era la verdad más absoluta que le había escuchado decir.

-Tom...- Dije casi sin aliento. ¿Por qué estaba tan nerviosa?- Suéltame, por favor.- Se retiró de mí con un gesto serio.

-Era broma.- Lo peor de todo era que ambos sabíamos que no lo era.

-No juegues conmigo de esa forma, Tom.- Se acercó de nuevo y me besó sin previo aviso.

-Eres más valiosa para mí de lo que piensas.- Lo abracé con fuerza y miedo de que se esfumara de entre mis brazos como otras veces en mis sueños.

-¿Eso forma parte de la confianza o del respeto?- Pregunté con una sonrisa aunque seguía como un flan.

-Del amor, supongo.- Dijo sin darle importancia pero para mí era más que suficiente para enamorarme más si cabía de él.- Ven.- Agarró mi mano y me condujo al interior del dormitorio.

-¿Dónde vamos?- Pregunté cuando se puso justo delante de mí con esa sonrisa de niño malo dibujada en su rostro.

-Voy a hacerte el amor, Lilith.- Mi cuerpo ya había empezado a reaccionar ante esa frase, deshaciéndose lentamente aunque mi alma, seguía clavada en esos intensos ojos miel que me devoraban.

En dos segundos, la camiseta que llevaba de él había desaparecido, dejando mi cuerpo sólo cubierto con uno de sus boxers. La sangre burbujeaba en mis venas, anticipándose a lo que vendría más tarde. Sus ojos devoraban mi cuerpo minuciosamente, como si llevase siglos sin verlo. Ante él me sentía poderosa, deseada y, por qué no decirlo, como la diosa que decían que era. Posiblemente, no fuese amor lo que Tom sentía por mí pero se le parecía bastante y eso me bastaba.

Por fin reaccionó y su cuerpo se pegó al mío, apoyando su frente contra la mía y entrelazando mis manos con las suyas. Sentía su cuerpo calentarse, su corazón derretirse sólo un poco y su aroma invadir cada rincón de mi cuerpo. Lo amaba... Lo amaba tanto que estar a su lado me dolía.

-Quisiera parar el tiempo justo en este momento.- Dije frente a su boca. Tom cerró los ojos y atrapó mis labios con los dientes suavemente.

-El tiempo es relativo.- Dijo con un hilo de voz, como si le costase respirar.

-¿Estás bien?- Frunció el ceño al escuchar mi voz... ¿O no era a mí a quien escuchaba?

-Es... Estoy bien.- Abrió los ojos, rojos como el fuego. Me solté de sus manos y di un paso atrás. Era el rostro del mismísimo demonio.- ¿Qué pasa?- Preguntó confuso.

-Tus ojos...- Agarré la camiseta del suelo y me cubrí a la vez que mi cuerpo me gritaba que huyese.

-Tan solo intento controlarme, Lilith.- Respondió algo cansado.

-¿Controlarte?- Se acercó a mí lentamente y me quitó la camiseta de las manos con fuerza. Me agarró por la cintura y me llevo hasta la cama, donde me empujó sin previo aviso.

-No quiero hacerte daño.- ¿Por qué demonios volvía a decir eso? Me senté en la cama y agarré la correa de sus pantalones hasta poner su pelvis frente a mi cara.- Las princesas son demasiado delicadas para...- Bajé sus pantalones antes de que terminase esa frase.

Tom me miró sorprendido aunque fue aún peor cuando empecé a quitarme los boxers lentamente ante sus ojos y se los lancé a la cara. Su sonrisa de niño malo no tardó en aparecer. Su cuerpo estaba respondiendo ante lo que veía y sí, esa diosa que decían que era estaba orgullosa de mí.

-Te dije que no había visto a ninguna princesa por aquí.- Se pasó la lengua por su labio inferior sin apartar los ojos de mi cuerpo.

Sabía que me iba a hacer daño, que eso de “hacer el amor” significaba no haber sangre de por medio mientras se hundía en mi interior pero sin embargo, no me importaba. Ahí estaba, dispuesta a hacer lo que hiciera falta por él. Mentiría si decía que yo no disfrutaba haciendo esto, claro que lo hacía, es más, me moría por hacerlo.

Puede que hubiésemos “hecho el amor” por tres o cuatro horas, era incapaz de recordarlo. Sólo se quedaba en mi mente cómo me hacía sentir, cómo decía mi nombre entre gruñidos y pequeños jadeos en mi oreja o cómo mi cuerpo reaccionaba cuando me tocaba. Sus ojos al mirarme como si estuviese contemplando el mayor de los espectáculos... Sólo lo recordaba a él.

Tenía los ojos cerrados, estaba dormido. Yo lo miraba recostado boca abajo en la cama y con mis brazos como soporte. Era guapísimo, una criatura perfecta que no parecía de este mundo. ¿Cómo una persona así podía convertirse en el monstruo que llegaba a ser a veces?

Su móvil sobre la mesilla empezó a vibrar de nuevo. En la pantalla pude ver el nombre de Bill reflejarse. No quería hacerlo pero me levanté con cuidado hasta el móvil y salí fuera de la habitación.

Vibraba entre mis manos mientras me debatía si cogerlo o no. Sabía que era importante o de lo contrario Bill no estaría llamándolo con tanta insistencia.

Deslicé mi dedo por la pantalla y me llevé el móvil al oído.

-¡Estúpido gilipollas! ¡¿Dónde cojones estás?!- Los gritos de Bill hicieron que me alejase del teléfono.

-¿Bill?- Dije en voz baja.

-¿Lilith? ¡Lilith! ¡Tenéis que salir de allí ahora mismo!- El móvil voló de mis manos por culpa de Tom. Éste lo había cogido y escuchaba atento los gritos de Bill sin apartar su fría mirada de mí.

-Cierra la puta boca.- Dijo de lo más tranquilo. Escuchaba los maldiciones de su gemelo al otro lado hasta que su expresión cambió.- ¿Quién?... ¿Jan?- Abrió los ojos como platos y me miró.- ¿Dónde?... Hijos de puta.- Maldijo a la vez que le colgaba a Bill.- Ven, no tenemos mucho tiempo.- Agarró mi brazo y me llevó casi arrastras por todo el pasillo hasta las escaleras.

-¿Qué pasa? ¿Quién viene?- Pregunté nerviosa. No entendía nada pero Tom parecía confuso por algo.

-Escúchame bien. Cuando vengan sólo finge que no ha pasado nada entre nosotros. Sólo he venido aquí para llevarte de vuelta a casa. Seguiré siendo el mismo hijo de puta que era antes contigo pero sólo estaré fingiendo, ¿entendido?- No estaba comprendiendo nada de lo que decía.

-¿Quién viene? ¿Por qué tenemos que hacer eso?- Llegamos hasta la cocina y Tom me abrazó con fuerza.- Tom...- Susurré a punto de llorar.

-Confía en mí, Lilith. No dejaré que te hagan daño.- Se fue hasta uno de los cajones y sacó un cuchillo bastante afilado.

-¡¿Qué vas a hacer?!- Pregunté nerviosa cuando agarró mi brazo con fuerza y posó la hoja en mi brazo mientras yo luchaba para librarme.

-Los cabrones del Consejo te introdujeron un chip localizador en el brazo cuando estabas en el hospital hace cinco años sin mi permiso. Han descubierto dónde estamos por culpa de esto.- Colocó mi brazo sobre el fregadero y se situó detrás de mí.- Lo siento, Lilith.- La hoja del cuchillo no tardó en abrir mi piel en dos, haciendo que la sangre se escurriera por el sumidero del fregadero.

Las lágrimas caían de mis ojos por el dolor, sentía mi cuerpo temblar entre los brazos de mi hermano, el cual escarbaba en mi piel para dar con esa cosa. Un pequeño grito ahogado salió de mi garganta cuando ese chisme salió del interior de mi antebrazo. Antes de poder ver lo que era, Tom me dio la vuelta y me abrazó con fuerza mientras la lágrimas por el dolor se fundían con el frío de su torso.

-Ya pasó.- Dijo, pero sus palabras sólo hacían ponerme peor. ¿Cuándo me habían puesto eso? ¿Quién nos perseguía? ¿Por qué?- Espera.- Tom salió de la cocina, llevándose consigo ese chip ensangrentado y dejándome allí temblando.

No tardó en regresar con unas vendas, una camiseta de las suyas y unos boxers. Me vestí y Tom me agarró el brazo para vendarlo. Estaba muy serio, frío y a punto de estallar. Veía sus ojos tornarse lentamente en el color de la sangre.

Si no hubiese visto cómo Tom mataba a Adam delante de mis ojos aquel día en el que perdí a mi monstruito, hubiese jurado que era él quien nos perseguía. Había visto a Tom furioso muchas veces pero nunca como ahora. Estaba intentando mantener la calma, quizá para que no me alarmase o tal vez porque no quería armar ningún escándalo.

El timbre de la puerta sonó, haciendo que tanto Tom como yo dejásemos de prestar atención a la herida de mi brazo y nos volviésemos a mirar hacia la puerta. Volvía a estar nerviosa aunque sabía que Tom no. Diría que estaba a punto de estallar como una bomba en los últimos segundos antes de su detonación...

-Lilith, mírame.- Hice lo que me dijo y él agarró mi cara con sus manos.- Recuerda lo que te dije y actúa como si nada hubiese cambiado. Puede que diga cosas que no son ciertas y que te hagan daño pero no las tomes en serio, es la única forma que tengo de protegerte.- Asentí débilmente.- Buena chica.- Me dio un fugaz beso en los labios y me señaló el sofá para que me sentara allí.

Él camino decidido hacia la puerta y la abrió como si nada. Tres hombres enchaquetados y con unas gafas de sol impenetrables aparecieron ante él. Uno de ellos le dio un papel a Tom, quien lo abrió como si nada. Su expresión cambió, era oscura y fría, tanto que hasta los tres hombres lo sintieron.

-No puede oponer resistencia, señor.- Tom se apartó de la puerta y esos tres hombres entraron hasta el salón donde yo estaba.- Señorita Kaulitz, por orden del Consejo General de Ancianos y a petición del líder en funciones, Nuestro Señor Jan Kaulitz, tenemos que llevarla ante él. Se le acusa de desacato a la autoridad, rompimiento de leyes y derramamiento de sangre. Será juzgada ante el Consejo General de Ancianos en los siguiente días. Por favor, señorita Kaulitz, acompáñenos.- Los tres hicieron una reverencia y yo miré a Tom. Asintió con la cabeza no tan seguro como yo quería que estuviese.

No entendía qué estaba pasando pero me levanté y los seguí hacía la puerta. Una vez fuera, seguidos por Tom, nos subimos en uno de los dos coches que estaban estacionados en la puerta.

Una vez dentro, las lágrimas volvieron a derramarse lentamente mientras que poníamos rumbo a Burdeos. ¿Por qué tenía que ser juzgada por eso? ¿Por qué Tom no decía algo? ¿Quién demonios era Jan Kaulitz y por qué era el líder en funciones ahora?

-¿Quiere un pañuelo, señorita Kaulitz?- El mismo hombre que me había soltado todo ese discurso antes se volvió para darme un pañuelo y secarme las lágrimas.

-No, gracias.- Dije antes de hacerlo con las manos. No me había dado cuenta pero seguía temblando como un animal asustado.

-Por el amor de Dios, deja de ser tan patética.- Dijo Tom con desdén. ¿Era esto parte de su plan en el que tenía que confiar?

-Lo siento.- Susurré.

El viaje hacia Burdeos fue de lo más callado y silencioso. Nadie dijo nada pero la tensión se podía cortar con un cuchillo. No tardamos en estacionar el coche frente a la puerta de la mansión de verano de los Kaulitz, donde ya se encontraban varias personas.

Salimos del coche sin rechistar, aunque lo único que me apetecía era salir corriendo. Subimos las escaleras que daban acceso a la puerta principal y las puertas se abrieron, dejándonos ver al otro lado de mi madre, Gordon, Bill, y varias personas que no conocía.

-Bienvenidos.- Una de las personas que se encontraba allí, dio un paso hacia delante. Un hombre bastante apuesto, moreno, con los ojos verdes intensos que pude ver pese a que estaba lejos y una barba de varios días.- Me alegro mucho de veros, primos.- ¿Primos?- Puede que no te acuerdes de mí, eras muy pequeña.- ¿Se estaba dirigiendo a mí? Me puse recta al instante, nerviosa y asustada.

-Lilith tiene memoria selectiva, olvida todo lo innecesario.- Respondió Tom, con un tono de ironía en sus palabras.

-Pues espero que no se haya olvidado del motivo por el cual va a ser castigada.- Sonrió. Una sonrisa tan aterradora como la de Tom.- Cogedla.- Dijo, y de un segundo a otro, me encontraba agarrada por dos hombres en los brazos y dos en las piernas que me impedían moverme.

-¡Cariño!- Escuché gritar a mi madre pero no la pude ver ya que el tal Jan me tapaba la visión.

-¿Sabes qué es esto, primita?- Me preguntó, enseñándome aquella pequeña navaja de plata que marcaba a las personas con la Cruz. Me revolví inquieta aunque fui incapaz de librarme de las garras de aquellos tipos.

-Eso sólo lo puede hacer el líder.- Dijo Tom con la mandíbula apretada.

-En efecto, Thomas... el líder.- Se puso en cuclillas ante mí y paseó la navaja por mis piernas.- ¿Dónde debería ponerla?- Dijo mientras sentía el frío metal en mi piel. Aproveché ese instante para mirar a Tom. Le estaba rogando con la mirada que lo parase pero él estaba bloqueado, con los ojos clavados en los míos, rojos como el fuego por la ira.- Tal vez... aquí.- Me lo encontré de frente, con la navaja en mi mejilla y sus ojos quemándome viva. Estaba temblando y llorando silenciosamente delante de aquel ser repugnante.- Tranquila, primita, tan solo estaba jugando contigo.- Aquellos tipos me soltaron y yo caí de bruces al suelo, incapaz de mantenerme en pie.

-Tesoro.- Mi madre vino corriendo en mi ayuda al igual que Bill y Gordon.- Tranquila, mi amor.- Intentó tranquilizarme aunque yo sólo necesitaba a Tom en estos momentos, que me abrazara y sentirme protegida.

-Bien, si ya has terminado con tu jueguecito, yo me voy.- Tom comenzó a caminar escaleras arriba como si nada, pasando por al lado de Jan.

-Mi jueguecito acaba de empezar, Thomas.- Tom se paró a medio camino y se quedó dándole la espada a nuestro primo.- Y para tu información, estás perdiendo.- Mi hermano siguió subiendo las escaleras hasta desaparecer de nuestra vista.

Jan se volvió y me miró. Tenía una mirada que congelaría a cualquiera. Me escrutó con la mirada una vez que me puse de pie. Ambos seguíamos batallando por ver quién se rendía antes pero esta vez no fui yo. Quizá, al igual que Tom, no gané sino que él me permitió darme ese gusto.

-Y la princesa al fin salió del castillo... aunque el dragón la estaba esperando abajo.- Sonrió y despareció en la nada, haciendo que escalofríos que creía olvidados me recorriesen la espina dorsal.

No era así cómo me imaginaba que iba a despertar de mi sueño en el que sólo estábamos Tom y yo.





Jan Kaulitz