sábado, 16 de abril de 2016

Capítulo 76

Capítulo 76


Te mentí.
Te engañé.
Te manipulé.
Y te usé.
Nunca supiste este lado de la historia, ¿verdad?
La parte donde te dije lindas mentiras para conseguirte,
cómo te hice creerme cuando lloraba.
Debí advertirte,
pero por el contrario, construí tu autoestima en lujuria y segundas intenciones.

Merecías algo mejor,
y parte de mí lo sabía.
Quizás esa fuese la razón por la que
en lugar de partirte el corazón,
dejé que destrozaras el mío.




By Tom


-Asia ha sido eliminada.- ¡Mierda! Los Kaulitz en Asia habían sido quitados del mapa por parte de la prole de Markus. Los próximos en caer serían los chupaculos de Jan en América y después... después iríamos nosotros.

Sabía que Markus nos dejaría para el final con el fin de ponernos más nerviosos. Mi pregunta era cómo cojones iba Jan a hacerse cargo de esto. Yo no era el líder ahora, él se había hecho cargo porque Eva decía que yo estaba como una puta cabra. Vale, lo estaba, pero eso no influía en mis decisiones como líder, nunca lo había hecho.

Cogí aire mientras Bill me miraba esperando que dijese algo. Si algo tenía claro era que no iba a morir a manos de ese hijo de puta de Markus pero claro, yo no podía hacer nada pero sí Jan. Él nunca se había enfrentado a ellos, no sabía lo capaz que era ese perro asqueroso de acabar con nosotros. ¿La razón? Yo maté a Adam, o al menos eso pensaba él.

-Tom, tenemos que hacer algo.- Solté el aire y lo miré. Sus ojos me desafiaron como hacía tiempo venían haciendo.

-¿Por qué no le preguntas a tu querido primo? He visto que últimamente os lleváis muy bien.- Bill apartó la mirada.

-No me jodas.- Respondió. Hacía días que Bill entraba bastante en el despacho de Jan (bueno, mi despacho) y salía al cabo de varios minutos.- Sabes que nuestra religión está ligada al líder.- ¿Al líder?

-¿Ahora Jan es el líder para ti?- No se atrevía a mirarme y lo agradecía, un desafío más y me lo comía con patatas.

-Te guste o no Jan es el líder ahora, si no fueras haciendo el tonto y preñando a tías por ahí, esto no estaría pasando.- Dijo con rintintín. Maldito Bill...

-Me importa una mierda lo que digas, ya lo sabes. Lo más importante ahora es saber cómo cojones vamos a salir de ésta. Te recuerdo que vienen en busca de la que ellos creen es la diosa que los salvará pero no está, esa puta loca no existe.- Dije imitando su tono de voz.

-Tom... Lilith sí existe.- Lo miré y estaba vez mi hermano no apartó la mirada.

-No me jodas, Bill.- Estaba harto del mismo cuento una y otra vez.

-¿Cómo puedes ponerlo en duda? Tú mismo la has visto. ¿Me vas a decir que aquella Lilith que viste era la misma a la que amabas?- Sentí como la sangre empezaba a burbujear en mis venas. Cuando quise percatarme, tenía a Bill agarrado por el cuello pegado a la pared.

Mis uñas estaban clavadas en su piel, justo encima de su yugular. Sentía mis ojos inyectados en sangre. ¿Quería matarlo? No, claro que no, pero había tocado un tema que no pensaba hablar con él en este momento.

Sentí una presencia demasiado fuerte, demasiado para ser de un simple vampiro. Solté a Bill y me quedé quieto, sintiéndola. Mi hermano se arrodilló en el suelo, haciendo una reverencia sólo reservada al líder o en este caso, a un dios.

-¿Podrías dejarnos a solas, William?- Él asintió y salió de mi habitación, dedicándome una mirada difícil de descifrar.

Cogí fuerzas para enfrentarla. Estaba parada frente a la puerta con ese pelo rubio anaranjado colgando a ambos lados de su blanco rostro, un vestido blanco suelto que no no marcaba nada sus curvas y con un escote... ¡dios, qué escote!

-¿Qué quieres?- Pregunté, apartando la vista de tan increíble anatomía.

-Hablar.- Me senté en la cama y esperé a que dijese lo que tenía que decir.- Ríndete.- La miré con una sonrisa sarcástica en el rostro pero esta vez ella no se estremeció sino que permaneció impasible, fría.

-¿Rendirme en cuanto a qué exactamente?- Lilith se acercó más al filo de la cama donde estaba sentado, haciendo resonar los tacones y meneando su cintura.

-El bastón de mando ya no es tuyo.- Esta vez fui yo quien se acercó a ella. La observé desde arriba ya que pese a los tacones, seguía siendo más baja que yo.

-Creo que ahora mismo nada me pertenece.- Lilith me miró directamente a los ojos.- Ni siquiera tú.- Sus ojos se achinaron pero era incapaz de descifrar que significaba ese gesto.

-Te equivocas si piensas que alguna vez fui tuya, Thomas.- ¿Thomas? ¿Estaba de puta coña?- Tus acciones hasta el momento han llevado a tu pueblo a la miseria y al miedo de morir a manos de los licántropos. Eres incapaz de darles una solución sino que simplemente permaneces sentado sin hacer nada, con los brazos cruzados y compadeciéndote. Dime Thomas, ¿eliges luchar o eliges la muerte?- Me acerqué un paso más a ella, sintiendo esa presencia casi celestial pero a la vez tan conocida. No dude un segundo en inclinarme y poner mi cara frente a la suya. Si intentaba hacerse la dura, conmigo no lo iba a conseguir.

-Deja este rollo.- Acerqué mis labios a los suyos, saboreando esa suavidad esas sensaciones que recorrían mi cuerpo.

Ella no se opuso, es más, creía que deseaba este contacto tanto como yo. Sentía como mi sangre iba volviéndose más densa en busca de aquella que pudiese darle ese chute de irrealidad tan dulce.

Agarré su rostro y la conduje contra la pared, presionándola con ella y mi cuerpo. Había algo raro que en aquel momento no noté, y puede que fuese por ello por lo que ella intentaba apartarse un poco sin separar nuestras bocas, las cuales se devoraban. Mis colmillos agarraron sus labios y ella gimió. Había perdido el control y supe que ella también cuando no le importó esa distancia que había impuesto entre nosotros.

No recuerdo cómo llegamos a ese momento pero de un momento a otro, tenía sus piernas alrededor de mi cintura y presionándome junto a ese lugar que era capaz de volverme loco. No quería llevarla a la cama pese a que estábamos a escasos dos metros, la quería aquí y ahora.

Me hundí en ella tan fuerte que pensé que gritaría de dolor pero no lo hizo, gimió en un silencio casi ensordecedor. Clavó sus uñas en mis hombros tan fuerte que atravesaban mi camisa. No tardé dos segundos en comenzar a embestirla como si la vida me fuese en ello. Necesitaba tanto este momento y ella también, o al menos ese era lo que me estaba dejando ver.

No podía dejar de mirarla casi temblar en mis brazos sumergida en la lujuria de este momento. Ella también me miró y como siempre, eso provocaba un efecto tan asombroso como el sexo. Estábamos conectados más allá de que estábamos follando como posesos, envueltos en gemidos sin apartar la vista el uno del otro. ¿Había un momento más caliente que este?

Sentía como iba a correrme en cuestión de segundos y ella lo iba a hacer también. Su cuerpo estaba empezando a estremecerse y mis embestidas se hicieron más profundas a medida que sus gemidos se hacían más fuertes. Era un placer casi doloroso que no tardé en liberar dentro de ella. Dios, pensaba que iba a volverme loco cuando sus piernas me apretaron más a ella y se derritió a mi alrededor.

Sus piernas se soltaron y rompieron ese contacto entre nosotros. Tenía la respiración agitada, los ojos cerrados y las piernas casi temblando. Era una criatura perfecta y yo estaba embelesado mirándola. Necesitaba un cigarro o iba a saltar a su yugular.

-Elige.- Dijo cuando su respiración se tranquiló.

-Luchar.- Dije sin pensarlo dos veces. Era hora de moverse pero cómo. Ni siquiera sabía si ella era una diosa... ¿Cómo iba a serlo? ¿Y si lo era? ¿Y esa conversación con Jan, sus besos con él,...?- ¿Y tú qué eliges?- Ella me miró sin entender a qué venía esa pregunta.- ¿A Jan o a mí?- Lilith sonrió de esa manera frívola que venía haciendo desde hace un tiempo.

-Elijo la muerte entonces.- Sonreí, sin saber por qué pero lo hice.

Supongo que en aquel entonces no sabía nada de lo que pasaría después...


By Bill


La sala VIP del aeropuerto se estaba empezando a llenar. Supongo que fue una buena idea volar en un vuelo comercial mejor que en el nuestro privado dirección a Alemania, todo por que Markus no nos detectara. Jan había decidido volver a casa para utilizar todas las fuerzas posibles para protegernos, es decir, usar al gobierno para defendernos.

Tom hacía tiempo que había llegado. Escuchaba música con sus auriculares mientras escribía en ese blog de notas del que no se separaba. Me preguntaba qué había ahí... En esta última semana salía más a menudo de su habitación, se metía a ver al pequeño Aaron que hasta ahora, era el único que no lo juzgaba.

No pensaba que Tom estuviese loco tal y como Eva declaró, sabía de sobra que esos documentos habían sido modificados por el Consejo. Todos querían quitar a mi hermano del medio ya que él no estaba haciendo lo que ellos más deseaban... entregar a Lilith. De momento, Jan tampoco lo había hecho pero lo haría, por eso era importante que Lilith se hiciera con él para poder controlarlo desde dentro. Si Jan pensaba que ella era su aliada al menos no la mataría.

El susodicho entró en la sala VIP seguido por Georg y Gustav. Ninguno de ellos quería proteger a ese hijo de puta que le había quitado el puesto a su amigo. Sin embargo, era mejor así. Si Tom se enterase del peligro que corríamos todos los que estábamos haciendo esto, haría algo para pararlo y Jan nos descubriría. Sí, nos habíamos aliado todos en secreto para acabar con Jan y el Consejo usando a Lilith como cebo. Ella misma se había ofrecido a hacerlo pese a su estado, si alguien descubría lo que realmente ella ocultaba, estábamos todos muertos.

-Hola, primito.- Saludó a Tom. Gracias a los auriculares que llevaba no se enteró del tono de voz que había utilizado para saludarlo si no...- Bill.- Le hice una reverencia con la cabeza pese a que era lo que menos me apetecía de momento.- ¿Y Lilith?

-De camino.- Respondí. Que se interesara por ella era buena señal.

No tardamos en embarcar después de que Lilith llegará. Los Kaulitz y algunos guardaespaldas en un avión, si Markus quisiera matarnos lo tenía a huevo pero claro, había sido una idea de Jan y eso iba a misa. Nuestro líder en funciones había decidido sentarse junto a mi hermana, la cual observaba ausente por la ventanilla del avión. Estaba seguro de lo manipulada que se sentía por todos nosotros pero era eso o morir...

-Si la miras tanto la vas a gastar.- Me dijo mi hermano, con los ojos cerrados y escuchando música. De lo alto que tenía el volumen, oía esa sinfonía una y otra vez. Era esa canción que había compuesto y la que juró terminar cuando todo esto acabase. Parecía demasiado triste, un llanto desesperado cantado por las teclas rasgadas de un piano de cola.

-¿Qué escuchas?- Pregunté aún sabiendo lo que era.

-¿Recuerdas cuándo queríamos formar un grupo de rock? Tú, Gustav, Georg y yo...- Sonreí inconscientemente. Siempre habíamos hablado sobre eso, había sido nuestro sueño durante muchísimo tiempo pero el futuro de Tom estaba marcado y supongo que también el mío.- A veces me pregunto qué hubiese pasado si hubiese mandado todo a la mierda y hubiese seguido mi sueño.- Continuó. Debía reconocer que yo también lo había pensado muchas veces aunque por el contrario de mi hermano, yo había ido a cantar a algunos lares donde nadie me conocía.

-Cuando todo esto acabe, vamos a cumplir nuestro sueño. Dejemos todo esto, salgamos de aquí.- Por un momento, me ilusioné y mi cuerpo vibró. Hacer lo que me gustaba y salir de esta mierda de mundo.

-¿Y Aaron?- Vale, ahora Tom tenía responsabilidades y era consciente de ello. ¡Vaya cambio!

-Aaron será nuestro telonero. Le damos un sonajero y que se las apañe.- Dije en broma pero conseguí que mi hermano esbozara una sonrisa.

Volví a mirar a Lilith, absorta en sus pensamientos. Era tan bella... Sin embargo, nunca pensé que fuese débil, es más. Siempre supe que era la persona más fuerte que jamás hubiese conocido. Pasar por todo lo que ella había pasado y encima estar haciendo esto ahora...

Mi hermana se percató de que la estaba mirando y me devolvió la mirada con una leve sonrisa. Esperaba que ese ser que llevaría a nuestra raza a la libertad, no sufriera ningún daño. Sin embargo, tenía tanto miedo de que Jan y Tom descubrieran nuestro plan que me paralizaba.

Los ojos de Lilith estaban más vivos que nunca, el embarazo le estaba sentando genial o quizá fuese la esperanza de que pronto estaría junto con Tom y su pequeño monstruito, como ella lo llamaba. Esos luceros en su cara se volvieron hacia mi hermano, tristes y compungidos. Si todo esto no hubiese pasado, si Tom no hubiese sido tan idiota de intentar alejarla para protegerla haciéndole más daño, si el puto Consejo se hubiese disuelto cuando Jörg murió... ¡Joder! ¡¿Cómo las sacerdotisas no lo vieron venir?!

-Señores pasajeros, les informamos que en breves minutos estaremos llegando a Hamburgo. Por favor, mantengan sus cinturones de seguridad abrochados hasta próximo aviso.

Estábamos llegando al lugar donde todo empezó...



By Lilith


Me bajé del coche frente al gran portón de la mansión Kaulitz perdida en lo más profundo de un bosque en Hamburgo. Mi casa, donde esta historia había comenzado, se veía tan impresionante como siempre. Pero había algo raro, un escalofrío recorrió mi cuerpo de arriba abajo. Había un aura distinta... algo aterrador.

-¿Señora?- Lila me llamó justo cuando se bajó también.

-No entréis.- Balbuceé. Sentí la mirada de todos los que estaban bajando de sus coches.

-¿Qué hacemos aquí parados? ¡Moveos, estoy cansado!- Gritó Jan como un energúmeno.

-¡No entréis!- Grité.

-¿Qué ocurre, Lilith?- Bill corrió hasta mí.

-¿No lo sientes? Markus...- Susurré con miedo de pronunciar su nombre.

-¡Seguridad, adentro!- Gritó Tom tan fuerte que todos se sorprendieron. Los de seguridad no rechistaron y fueron corriendo hasta la puerta a punto de entrar.- Bill ven conmigo y tú...- Dijo mirándome con miedo.- Métete en el coche y no salgas.- Asentí.

-¡Esperad! ¿Os olvidáis de quién es el líder aquí?- Dijo Jan.

-¿Qué estás haciendo?- Respondió Tom sin entender nada.- ¿Qué más da quien sea el puto líder ahora? ¡Está en peligro la vida de los nuestros!- Me encogí ante su grito tan fuerte.

-Si Markus está aquí nos matará pero a ella no.- Todos me miraron mientras el miedo me paralizó por un momento. En parte, Jan tenía razón. Markus había tenido oportunidades para matarme y no lo había hecho. Bueno, quizás Adam estuvo bastante cerca...- ¿O es que acaso tienes miedo?- Sabía que pese a mis esfuerzos y los de todos Jan aún no se creía que yo fuese ella.

Me acerqué lentamente hacía mi primo, con una sonrisa escalofriante tal y como Tom me había enseñado tantas veces y estaría funcionando porque percibí cómo todos se tensaban al instante. Puse mi mano sobre su pecho de la manera más sensual que pude y acerqué mis labios a su oído. Su sangre burbujeaba, sus ojos cambiaban de color lentamente al ritmo de mi respiración sobre su piel.

-¿Dudas de mí?- Le pregunté en un tono que sólo él podía escuchar.

-Demuéstrame que me equivoco.- Sonreí y me aparté bajo la atenta mirada de Tom.

Le hice un gesto con la cabeza a Georg y Gustav. Ellos serían los únicos que me llevaría conmigo, al menos sabía que era los únicos que no me traicionarían si la cosa se ponía seria.

Gustav abrió la puerta para mí y entré. Debía reconocer que estaba aterrada pero no podía dejar que eso me detuviese. La casa estaba a oscuras pero sentía esa presencia en el ambiente. No era tan fuerte como la de Markus pero sí tan potente que podía llegar a percibirse desde fuera.

Todo estaba en completo silencio salvo por el fuerte olor a sangre... nuestra sangre. Georg no tardó en encender las luces y fue así como vimos los cuerpos de varios de los empleados que trabajaban en la casa y de servicio. Estaban casi desmembrados, algunos con un gran corte en el cuello o en sus cuerpo. Muchas de las mujeres tenían signos de haber sido violadas de la manera más terrible que cualquiera podría imaginarse, desangradas y con los ojos bastante abiertos.

-Lilith, sal de aquí.- Las palabras de Georg retumbaban en mis oídos sin ni siquiera quedarme con el significado de ellas.- Mantente detrás nuestra.- Añadió, al ver que no le haría caso.

El olor a sangre era casi repulsivo pero no podía venirme abajo ante esto. Respiré, cogí aire de aquel ambiente infestado y seguí caminado. Había visto cadáveres otras veces e incluso había sido yo la que había matado en ciertas ocasiones (cosa de la que no me sentía orgullosa) pero reconocía que ver a mi gente muerta y desangrada de la peor manera que jamás había podido imaginar, me revolvía. Lo peor era que estaban así por mi culpa, para proteger a aquella diosa en la que ellos creían.

Cogimos por una de las escaleras que conducían a los sótanos inmensos bajo la casa a los que nunca había ido salvo para dirigirme a donde estaban mis abuelos enterrados. Había miles de puertas que antes había visto custodiadas por guardias de seguridad y detrás de una de ellas, una presencia que conocía. ¿Markus? ¿Era Markus quién estaba ahí?

-Detrás de esa puerta.- Señalé para que Georg y Gustav se percatasen.

-La cerradura no ha sido forzada, así que no debe de haber nadie dentro.- Noté el nerviosismo de Gustav en su voz.

-Abridla.- Estaba segura de que había alguien ahí, vivo o muerto, y no era de los nuestros.

-Lilith...- Georg secundó a su compañero.- No podemos abrir esa puerta, no tenemos la clave ni nada...- Se tocó la cabeza nervioso.

-¿Quién tiene la clave?- Pregunté.

-Mmm... El... Tom.- Por supuesto que tenía que ser él.

Me acerqué a la puerta y puse mi mano sobre aquel cajetín con números pendiente de que por un milagro divino la contraseña apareciese ante mis ojos. En lugar de eso, esperé, esperé y esperé... “click” un sonido casi inaudible pero que hizo que toda la piel se me pusiese de gallina. La puerta se había abierto y no sabía cómo pero este hecho había puesto a Georg y a Gustav demasiado nerviosos.

-Entraremos nosotros.- Georg se puso delante de mí y Gustav justo detrás de éste.

-Yo también voy.- Declaré.

-Mejor no, puede ser peligroso.- Dijo Gustav con su seriedad de siempre.

-¿Os olvidáis de quién soy? ¡¿Sois capaces de desobedecer mis órdenes?!- Grité. No quería hacerlo pero estaba segura que había alguien al otro lado y por alguna extraña razón, esa presencia no me provocaba ningún miedo.

-Está bien.- Dijo Georg, haciéndose a un lado.

Abrí la puerta de hierro que podría pesar más que los tres juntos. Todo estaba oscuro y olía fatal. Las náuseas no tardaron en subir por mi garganta y revolverme el estómago. Era un sitio parecido a una cárcel, más bien al corredor de la muerte de Guantánamo. Eran puertas grises con un pequeño ventanal de cristal y una rendija en los bajos de la puerta.

-¿Qué es esto?- Pregunté confusa y mareada por el olor.

-Es... Aquí es donde encerramos a... bueno,... rehenes o... a la gente de Markus.- Titubeó Gustav. ¿Rehenes? ¿Gente de Markus? Mis ojos fueron hasta la última puerta de aquel interminable pasillo. Una luz titilaba justo en frente de ésta, exactamente donde la presencia se hacía más fuerte.

-¿Qué semejante monstruo es capaz de encerrar a gente aquí como si fuesen animales salvajes?- Me arrepentí al hacer esa pregunta porque sabía cuál era la respuesta.

Me acerqué a la puerta y me puse de puntillas para mirar por la ventanilla. Si mi corazón estuviese latiendo en ese momento, se me había salido por la boca. Había una figura agarrotada en un esquina apenas alumbrada por la ventanilla por la que estaba mirando.

De repente, esa figura ya no estaba y lo único que pude ver fueron unos ojos tan azules como el mar, unos ojos tan conocidos y a la vez angustiados que los reconocería allá donde fuese. Esos ojos me miraron a través de aquel cristal y de la impresión caí al suelo mientras que Gustav y Georg corrían para que mi cuerpo no lo tocase.

No podía ser. No podía ser él. Estaba muerto, yo lo había visto morir. ¿Qué hacía Adam allí?





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Espero que os haya gustado!!

- Eva 

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