domingo, 19 de enero de 2014

Capítulo 70

Capítulo 70


By Lilith


Los tacones hacía tiempo que habían desaparecido de mis pies. Realmente, no recordaba cuándo se perdieron aunque tampoco me importaba. Corría y corría sin parar de su mano. Tiraba de mí con fuerza a la vez que apretaba mi mano como si temiera que me escapase.

Salíamos por la puerta de atrás de la residencia de verano en Burdeos de los Kaulitz cuando vimos uno de los coches en los que iba a menudo Tom, negro y con los cristales tintados. Georg abrió una de las puertas de atrás mientras Gustav se metía en el asiento del piloto.

-Entra.- Me dijo Tom antes de desaparecer por el otro lado del coche. Hice lo que me ordenó y Georg cerró la puerta a la vez que mi hermano entraba por el otro lado, con la respiración agitada y sin ni siquiera mirarme.- Arranca, Gustav.- le ordenó y el coche no tardó en ponerse en marcha una vez que Georg entró.

En cuanto éste arrancó Tom pareció relajarse. Lo observé por el rabillo del ojo, incapaz de creerme lo que estaba viviendo. ¡Estábamos juntos! Sonreí al ver cómo dejaba caer la cabeza hacia atrás y cerraba los ojos, cansado o tal vez superado por toda esta situación. ¡¿Estaba pasando esto de verdad?!

De repente, una pantalla metálica y totalmente negra se interpuso entre los guardaespaldas y nosotros. Me tensé en el asiento cuando quedamos totalmente alejados de ellos. Volvíamos a estar solos y la tensión era más que notable aunque no era incómoda como otras veces sino algo así como... extraña.

-Yo...- Conseguí decir pero él me detuvo. Abrió los ojos y me miró, clavándolos en los míos.

-Cállate.- Volvía a sentir ese nudo en la garganta y ese pellizco en mi barriga.- Si lo que vas a decir no es que quieres seguir con esto no digas nada.- Volvió a reposar su cabeza en el asiento mientras yo observaba mi vestido de novia blanco, cuyo escote estaba manchado de sangre, de mi sangre.

-¿Por qué has hecho esto?- Me atreví a preguntarle.

-¿El qué?- Dijo de lo más relajado.

-¿Huir conmigo?- Le aclaré sintiendo como el nudo de mi garganta se acentuaba y los ojos me escocían.

-Pensaba que te había quedado claro.- Lo miré con los ojos aguados y él hizo el mismo gesto. Su rostro se contrajo al verme así aunque se esforzase por disimularlo.- No soporto verte con otro tío, de sólo pensar que te toca, te... - Cogió aire.- Eres mía, Lilith, y no me gusta que toquen mis cosas.

-¿Sólo por eso?- Le pregunté, desafiándolo.

-En estos cinco años me he dado cuenta de que fue una auténtica tontería el haberte dejado ir.- Me miró y mi corazón dio un vuelco.- Quizás Bill tenía razón.- Dijo en voz baja.

-¿Razón en qué?- Se volvió a mirar por la ventana.

-En que estaba enamorado de ti.- Abrí los ojos como platos ante su confesión. ¿Ha... Había dicho que estaba enamorado?

-¿Por qué has tardado cinco putos años en darte cuenta?- Le pregunté con un hilo de voz a la vez que me hacía un paño de lágrimas.- ¡¿Por qué esperaste tanto, gilipollas?!- Él me miró estupefacto, sin esperarse esa reacción de mi parte.- ¡¿Sabes lo mal que lo he pasado?! ¡¿Sabes lo mucho que he intentado olvidarte?!- Le di un bofetón tan fuerte que su mejilla se puso roja.

-No vuelvas a hacer eso.- Dijo cuando se tocó el sitio donde había recibido el golpe.

-¡Haré lo que me de la gana! ¡Te lo mereces, hijo de puta!- Comencé a pegarle por todos sitios aunque no tan fuerte como quería. No tenía fuerzas y no lo veía bien por las lágrimas. Aun así, Tom no intentaba defenderse sino que me miraba con su expresión de póquer.- ¡Estúpido egoísta!- Grité tan fuerte que estaba segura de que Georg y Gustav se habrían enterado. De repente, me agarró por las muñecas y las apretó con fuerza.

-¿Te has desahogado ya?- Intenté zafarme de él pero me era imposible.- Si lo hice fue para que fueses feliz y no lo has sido así que prefiero que estés conmigo. Puede sonar egoísta pero me importa una mierda.- Tiró de mí e hizo que nos quedásemos a pocos centímetros el uno del otro.- Te necesito y tú me necesitas a mí.- Sentí escalofríos por todo mi cuerpo cuando lo escuché decir eso. Claro que lo necesitaba, lo amaba. Amaba a Tom tanto que me dolía.

-Dilo.- Me soltó las muñecas y se tensó al instante.- Dilo, por favor.- Cerró los ojos y cogió aire.

-Te... te quiero.- Agarré su cara y Tom abrió los ojos al no esperarse ese movimiento de mi parte.

-Mírame a los ojos y dímelo.- Sus ojos se abrieron, rojos como la sangre que manchaba mi vestido y su camisa. ¿Se había enfadado?

-¡Te quiero, estúpida!- Gritó, mostrándome sus colmillos.- ¡Y me jode que te lo tenga que decir! ¡¿Es que acaso no lo sabes?!- Dios... ¿Era esto un sueño? No podía estar pasando esto, era demasiado bonito para ser verdad. Ni siquiera Tom parecía el mismo.

-Estúpido...- Dije con una sonrisa camuflada por las lágrimas.

-¿Preparada para volver al infierno, señorita Kaulitz?- Me preguntó con esa sonrisa de niño malo que tenía.

-Ya soy cliente VIP, Mi Señor.- Le respondí.


[…]


Abrí los ojos lentamente. Me había quedado dormida en el hombro de Tom, el cual estaba con su iPad mirando lo que parecían historiales médicos. No se había dado cuenta de que me había despertado ni yo me había movido un ápice para que se percatase. No podía creerme que estuviese así, en su hombro, medio dormida y en un coche del que desconocía su destino. En otro momento, hubiese estado asustada, aterrorizada más bien al no saber dónde me llevaba pero ahora estaba tranquila, en paz conmigo misma y como si estuviese volando en una nube alejada del mundo.

Respiré su aroma. Era una mezcla entre algún perfume masculino y tabaco. Me gustaba, olía a Tom. No recordaba el momento exacto en el que me quedé dormida. Quizá fuese justo después de haberlo escuchado decir que me quería y que estaba enamorado de mí. Ahora bien, ¿dónde estaba el truco? No podía creerme que esto me estuviese pasando después de tanto dolor.

-Si te has despertado ya, levántate. Se me está durmiendo el brazo.- Pegué un bote al escuchar su voz ronca sacarme de mis pensamientos. Me coloqué en mi sitio y me puse el pelo en su lugar. No se me había movido nada del peinado... Buen trabajo, señora estirada.

-¿Dónde vamos?- Le pregunté. Tom no me miraba sino que seguía pendiente de su Tablet.

-Marsella.- ¡¿Qué?! ¡Eso estaba lejísimos!

-¿Cuánto falta?- Miré por la ventanilla, ya era de noche. ¿Cuántas horas llevaríamos de viaje? Cinco horas al menos...

-Estamos llegando, la casa está a las afueras.- Íbamos a una casa, puede que a una de las que poseía mi familia, y lo mejor era que íbamos a estar solos. Tom y yo sin nadie más. Sentí un pellizco en mi vientre de sólo imaginármelo. Quería besarlo, tocarlo, hacer el amor con él... ¡Dios, lo necesitaba tanto!

-No sabía que tuviésemos una casa en Marsella.- Dejé caer, intentando evadir esos pensamientos de mi cabeza.

-Es mía, nadie sabe que tengo una casa aquí.- Lo miré impresionada aunque él seguía pendiente de ese maldito cacharro.

-¿Cuántas casas tienes?- Levantó la vista del iPad y miró al techo, pensativo.

-Con la de Bochum, creo que unas diez.- ¡¿Qué?!

-¿Por qué tantas casas? No las necesitas.- Apagó la Tablet y me miró. Sus ojos eran fríos, oscuros y daban miedo. Estaban cargados de dolor o quizás miedo, ni siquiera sabría decirlo con exactitud.

-Hemos llegado.- Dijo justo cuando el coche se paró.

Mi puerta se abrió y Gustav me sonrió de esa forma tan dulce. Parecía muy buena persona aunque un poco serio, siempre lo había sido. Salí con dificultad del coche por culpa del vestido y casi me caigo al contemplar la casa. Me esperaba un casoplón tal y como estaba acostumbrada pero en su lugar había una pequeña casa de madera, de dos plantas y rodeada de otras casas del mismo estilo.

Habían niños jugando entre los árboles, cuyos padres hablaban entre ellos animados. Todos eran humanos y absolutamente todos se volvieron a ver a una chica con un vestido de novia saliendo de un coche.

-¡Doctor Kaulitz!- Gritó desde la lejanía un hombre, alzando la mano en señal de saludo. Agarró la mano de la que parecía su esposa y empezó a caminar hacia nosotros.

Sentí la chaqueta de Tom sobre mis hombros, Tom me la había puesto para cubrir la sangre que manchaba el escote de mi vestido. Lo apreté entre mis dedos y me la agarré delante de mis pechos para disimular.

El hombre que había saludado a mi hermano le estrechó la mano y comenzaron a hablar en un perfecto francés del que me esforcé en desconectar. Me quedé embelesada observando el lugar donde estábamos. Era parecido a esas casitas en las estaciones de esquí solo que rodeada de árboles y niños jugando aunque fuese tarde.

Los árboles se movían con el viento, rodeados de una brisa casi embriagadora. Olía a mar aunque no viese nada de agua a mi alrededor. Me gustaba este sitio, me sentía tranquila, fuera de peligro...

-Ella es Lilith, mi... novia.- Lo miré sin entender nada. Todos dirigieron su atención hacia mí y yo sólo pude sonreír sin saber qué decir.

-Encantado, Lilith. Mi nombre es Adrien y ella es mi mujer Bernadette.- La mujer me sonrió con ternura. Eran jóvenes y ambos humanos. Bernadette era rubia y con los ojos marrones, delgada y con un vestido largo de gasa rosa palo. Por el contrario, su marido era casi tan alto como Tom. Moreno y con los ojos marrones, fuerte y vestido de forma informal. Me cayeron bien al instante...

-Encantada.- Les tendí la mano y sentí el calor propio de los humanos invadirme.

-¡Vaya, me encanta tu disfraz! ¿Eres una especie de novia zombie?- Rió Bernadette junto con su marido. Busqué a Tom con la mirada y él me hizo un gesto afirmativo con la cabeza.

-Sí.- Les sonreí. ¿Qué rollo les habría contado Tom? Un momento... ¡¿Es que acaso lo tenía todo planeado?!

-Si nos disculpáis, estamos un poco cansados.- Dijo Tom, agarrando mi mano. Sentí de nuevo esos escalofríos por todo mi cuerpo y como toda mi piel se ponía de gallina.

-¡Claro, nos vemos mañana!- Se estrecharon la mano de nuevo antes de que Tom tirase de mí hacia la casa.

Escuché el coche arrancar y desaparecer con Georg y Gustav en su interior. ¿Se iban? ¿Nos iban a dejar solos, sin nada de protección? ¿Y si pasaba algo? ¿Y si necesitábamos el coche para irnos? ¿Íbamos a estar incomunicados?

Tom abrió la puerta de la casa y un recibidor se abrió ante nosotros. No era muy grande si lo comparaba con el de la mansión en Hamburgo pero era precioso. Todo de madera, con decoración minimalista tal y como le gustaba a Tom.

Me soltó la mano y cerró la puerta mientras yo seguía andando por la casa embelesada. Me encantaba, era tan acogedora y cálida. No podía creer que esta casa perteneciese a él. El salón tenía un sofá rojo extra-grande, una TV parecida a una pantalla de cine, una estantería con muchísimos libros, y en un rincón, un piano de cola negro precioso.

-¿Sabes tocar el piano?- Dije cuando sentí su presencia a mi espalda.

-Sé tocar muchas cosas y todas muy bien.- Me respondió con un tono de ironía. Pasé mis dedos por las teclas de aquel maravilloso instrumento. Eran tan suaves y el sonido que emanaba de ellas era tan triste... tan Tom.

-¿Podrías tocarme algo?- Le pregunté. Me miraba desde la entrada del salón. Parecía tenso aunque ansioso al mismo tiempo.

-Lilith, como comprenderás lo que más me apetece ahora no es tocar el piano precisamente.- Esta vez fui yo la que se tensó. Todos los músculos de mi cuerpo se contrajeron al escuchar su respuesta.

-¿Qué quieres tocar?- Me arrepentí al instante de preguntárselo. Tom comenzó a caminar hacia mí, hasta ponerse justo delante.

-A ti.- Quería lanzarme a sus brazos pero estaba paralizada.- Pero no voy a hacer nada que no quieras hacer. Tú marcas las normas, no yo.- ¿Qué? Yo... Yo no sabía qué hacer, al menos no con él.
-Sabes que puedes hacer lo que quieras.- Le respondí con el estómago contraído y los nervios a flor de piel.

-No, porque si hiciera lo que tengo en mente ahora mismo no te podrías levantar en un mes.- ¡Dios! Lo miré sorprendida, gesto que pareció hacerle gracia.- ¿Qué quieres hacer, Lilith?- Di un paso hacia delante y puse mis manos en su rostro. Él cerró los ojos, sintiendo el calor de mi piel en contraste con la suya.

-Besarte.- Llevaba queriéndolo hacer desde que lo vi por primera vez hoy pero él se había contenido todo este tiempo.

-Dudo que pueda controlarme después.- Acerqué mis labios a los suyos y los junté. No pretendía llegar más lejos, simplemente quería sentirlo.- Lilith...- Dijo al separarse de mí. Antes de que pudiese decir algo más, puse mis manos en la cremallera de mi espalda y comencé a bajarla lentamente.- No...- Susurró cuando el vestido cayó a mis pies, dejando a la vista el conjunto de lencería blanco que había comprado para mi noche de bodas.

-Te necesito.- Sólo bastó esa frase para que sus ojos le delatasen y se lanzará a por mí como una bestia salvaje.

Empezó a besarme como si mis labios fuesen agua y él un animal sediento. Sentía sus colmillos rasgarme los labios, su lengua moverse ávida en mi boca y mis instintos despertar de un largo letargo.

Sus manos se posaron en mis caderas para pegarme más él. Noté su más que pronunciada erección y mi deseo crecer más y más. Dios, lo necesitaba tanto que dudaba que durase mucho tiempo así. El simple tacto de su piel sobre la mía era algo mágico que sólo él podía provocar en mí.

Puse mis manos sobre su pecho y comencé a quitarle los botones de la camisa mientras Tom se entretenía en mi cuello, besándolo y lamiéndolo. Esa acción me hacía temblar, eso y sentir como el torso de mi hermano se pegaba a mí, frío pero ardiendo en lujuria.

Me quitó el sujetador en un visto y no visto, posó su boca en mis pechos. Gemí al notar su lengua pasearse a gusto por ellos, chupándolos hasta el punto de hacerme perder la cabeza.

Se separó de mí y me contempló con los ojos azules que mostraban que tenía ganas de hacer algo más que besarme. Se pasaba la lengua por los labios mientras mi cuerpo empezaba a deshacerse en temblores, impaciente por sentir a Tom en mi interior.

-¿Qué... qué pasa?- Le pregunté ya que no hacía nada, sólo mirarme y respirar como si le faltase el aire.

-Intento controlarme.- Dijo finalmente.

-¿Controlarte?- ¿Por qué quería controlarse?

-No quiero hacerte daño, Lilith.- ¿Desde cuándo le importaba no hacerme daño? Me acerqué a él y me puse de rodillas frente a él bajo su atenta mirada.- ¿Qué vas a hacer?- Dijo con la voz ronca.

-Descontrolarlo, Mi Señor.- Bajé sus pantalones junto con sus bóxers y liberé su erección.

No dudé dos segundo y me la metí en la boca, saboreando a mi hermano. Soltó un gruñido propio de una bestia cuando pasé mi lengua por toda la longitud de su miembro. Tom estaba disfrutando... yo le estaba haciendo disfrutar.

Comencé a mover mi cabeza de delante hacia atrás cada vez más rápido. Tom puso sus manos en mi cabeza, guiándome a la vez que mi cuerpo ansiaba más de él. Notaba como mi ropa interior su humedecía como hacía tiempo que no pasaba.

Me agarró del brazo muy fuerte para levantarme del suelo y me empujó contra la pared. Sentí todos mis huesos quebrarse al golpearse. Cerré los ojos por el dolor generalizado que se había formado, dolor que desapareció en cuanto Tom se lanzó a por mí.

Me arrancó las bragas de un manotazo y empezó a acariciar mi sexo, rápido y sin pausa. Pegó su cuerpo al mío mientras me besaba desesperado. Yo sólo podía agarrarme a él y gemir como una loca sobre su boca.

Empecé a sentir un calor infernal en mi vagina. Mis caderas se movían en busca de su mano y Tom pareció notarlo. Metió dos de sus dedos en mí y comenzó a moverlos muy rápido en mi interior.

-¡Tom!- Grité cuando mi cuerpo se deshizo sobre su mano.

-Aún no hemos terminado, nena.- Sacó sus dedos de mi interior y los lamió ante mis ojos.- Sabes tan bien, Lilith.- Esta vez fui yo la que se lanzó a su boca como una posesa. De un salto rodeé sus caderas con mis piernas y comencé a moverme, restregando mi sexo contra el suyo. Tom gruñía mientras yo me dedicaba a lamer su cuello,

-Quiero sentirte dentro.- Le susurré al oído y de un segundo a otro, Tom me penetró. Tan fuerte que sentí la embestida hasta en lo más profundo de mi ser.

-¡Tom!- Gemí cuando a sus acometidas se unieron sus jadeos ahogados.

-¿Qui... Quieres... más, Lilith?- Clavé mis uñas en su espalda en respuesta. ¡Claro que quería más!- Bien...- Sus embestidas se volvieron más rápidas, a un ritmo casi inhumano.

-¡Oh, sí!- Grité cuando sentí los músculos de mi vagina contraerse a su alrededor.

Tom me apretó más sobre su cuerpo hasta deshacerse en mi interior. Mis piernas se aflojaron sin fuerzas y Tom las dejó posarse en el suelo. Todo mi cuerpo temblaba por el enorme placer que había sentido segundos antes.

Su respiración estaba agitada, haciendo que su pecho chocase contra el mío. Aún estaba tocando el cielo con los dedos cuando él se separó de mí, haciendo que mi cuerpo cayese por la pared hasta quedarme sentada en el suelo. Mantenía los ojos cerrados, sintiendo sus esencia rodearme y acariciar mis sentidos. Sin embargo, tenía miedo de abrir los ojos por si todo esto fuese un sueño que desaparecería si me despertaba.

-¿Estás bien?- Abrí los ojos lentamente al escuchar su voz. Se había puesto los pantalones y me miraba serio mientras gotas de sudor recorrían su perfecto rostro.

-Sí.- Me levanté y un dolor tremendo se instauró en mi espalda. No pude contenerme y grité de dolor, era como si me hubiesen roto las vértebras.

-No, no estás bien.- Se acercó a mí pero no me tocó, se quedó mirándome confundido.- Déjame ver.- Me agarró del brazo y me dio la vuelta.- Vaya...- Empezó a tocarme la espalda y cada roce era un suplicio.- ¿Te duele?- Asentí con la cabeza.- Sabía que te iba a hacer daño.- Me soltó y yo me volví al instante.

-¡No!- Le grité cuando vi su expresión oscura.- Se me pasará, no es nada.- Le sonreí para tranquilizarlo.

-¿No te das cuenta, Lilith? Tenía tantas ganas de follarte que me ha sido casi imposible contenerme y aun así, no me he controlado.- Se sacó el paquete de tabaco del bolsillo y lo encendió enfadado.

-Tom, repetiría esto veinte mil veces más por sólo sentirte cerca. Sabes que me pondré bien, no es nada.- Me miró con una ceja alzada sin creerse lo que le había dicho.

-Debería de haberte hecho el amor...- Dijo, expulsando el humo por su boca.

-Puede... Pero yo quería que me follaras... fuerte.- ¡Dios! ¡¿Había dicho yo eso?! Tom abrió los ojos impresionado, ni él se había esperado esas palabras.

-Vaya, señorita Kaulitz, se está volviendo usted un poco pervertida.- Le dio otra calada al cigarro con la mirada de tigre en sus ojos.- ¿Cómo de fuerte quieres que te folle, Lilith?- parecía que este juego le estaba gustando aunque no estaba segura de si podría hacer una ronda más de sexo con Tom tan pronto.

-Tom...- Suspiré cuando puso sus manos en mi cara.

-Es suficiente por hoy.- ¡¿Qué?! ¡No!

-Espera.- Le rogué cuando se dio la vuelta.- ¿Por qué no quieres? ¿Es por lo que dijiste de que te daba asco?- Aunque me daba la espalda pude ver como los músculos de su cuerpo entraban en tensión.

-No, Lilith.- Le dio una calada a la casi colilla y soltó el humo pausadamente.- Es porque no quiero que esto se convierta en un espiral de sexo y sangre. Así éramos antes y no salió bien por eso quiero hacer las cosas de forma diferente.- Sentí mis ojos aguarse con tal confesión. Tom había pensado muchísimo en todo y eso sólo podía significar que lo que pasó entre nosotros le había marcado realmente.

-Está bien.- Se sentó en el sofá como si llevase años sin ver uno. Parecía cansado, tenía que estarlo después de todo.

-Vístete, Lilith, o no podré cumplir lo que te acabo de decir.- Me mordí el labio ansiosa pero no, no quería volver a esa etapa en la que sólo lo hacíamos.

Recordaba que cuando estábamos haciéndolo, todo a mi alrededor desparecía. Me gusta esa sensación ya que al menos no podía pensar en quién era el monstruo que se hundía en mi interior, qué tramaba, qué quería de mí... Sin embargo, cuando el éxtasis y la excitación pasaban volvían las preguntas y el miedo.

Esta vez sería diferente aunque no estuviese segura si ambos aguantaríamos tanto sin sentirnos el uno al otro. Verlo así tirado en el sofá, con los pantalones puestos y esa barba de tres días me hacía enloquecer y también pensar de nuevo en quién demonios era ese ser que tenía delante.

¿Realmente había cambiado? ¿Y Eva? ¿Y su futuro hijo? ¿Qué diría el Consejo de todo el esto? ¿Se habrían enterado ya? ¡Claro que sí! Un nudo se formó en mi estómago, tenía ganas de vomitar. Tenía miedo a las represalias, a lo que pudiesen hacer para que lo nuestro no siguiera adelante...

-Tom...- Lo llamé cuando me puse la ropa interior de nuevo.

-¿Qué?- Contestó con los ojos cerrados.

-¿Qué pasará a partir de ahora?- Él abrió los ojos lentamente aunque no me miró, sino que mantenía la vista fija en el techo.

-No lo sé.- Caminé hasta él y me senté en el sofá a su lado, dejando mi cabeza en su regazo.- ¿Tienes miedo?- Una lágrima descendió hasta perderse en el pantalón de mi hermano.

-No, si estás aquí no.- De nuevo, se puso tenso, lo noté por cómo el ambiente cambiaba.

-No pienso irme a ningún sitio.- Sonreí como una boba. Todo esto era demasiado bonito para ser real.

-Me aterra pensar que esto es sólo un sueño del que me despertaré pronto.- Me volví hasta quedarme boca arriba, mirándolo.

-La realidad a veces supera a los sueños.- Dijo mirándome.

-Me gusta este sueño.- Me levanté y me senté sobre sus rodillas de cara a él.

-A mí me gusta más esta realidad.- Puso sus manos en mis caderas, acariciando mis muslos lentamente. El tacto de su piel me encendía aunque mis intenciones fuesen otras. Le di un fugaz beso en los labios y me pasé a su cuello. Lo lamía con suavidad, haciendo que Tom gruñese como un animal salvaje. Notaba su erección crecer pero el sexo no era lo que más quería en este momento.- Vamos, nena.- Clavé mis colmillos con lentitud, haciendo que se estremeciera y gimiera cuando su sangre empezó a deslizarse por mi garganta.- Eso es, pequeña.- Sentí sus brazos rodearme por la cintura y pegarme más a él en lo que parecía un abrazo del que temía que me escapase.- Lilith...- Dijo casi sin voz. ¿Me estaba pasando? Tal vez, pero no podía parar.- Ca... Cásate conmigo.- Paré al instante y me separé de él aún con la boca chorreando sangre.

-¿Qué?- Pregunté confusa por si lo que había escuchado era realmente lo que había dicho Tom.

-Cásate conmigo, Lilith.


By Bill


-¿La habéis encontrado?- Preguntó cuando vio a mi madre entrar.

-No, Louis, pero Tom ha salido a buscarla.- Se llevó las manos a la cabeza y volvió a sumergirse en sus pensamientos.- Será mejor que te vayas a casa, en cuanto sepamos algo te avisaremos.- Él asintió tímidamente y se fue, dejándonos a mi madre y a mí perdidos en un mar de dudas.- ¿Sabías que lo harían?- Me preguntó seria.

-No, pero me lo imaginaba.- Ella me miró con una expresión cansada en el rostro.

-Bueno, aún no sabemos qué es lo que realmente ha pasado.-Le debatí, esperando que su gesto se tornase un poco más relajado.

-Cariño, llevo mucho tiempo deseando que esto pasara así que no me eches por tierra mis teorías sobre lo que ha pasado aquí.- Me dedicó una sonrisa, una de las más sinceras que había visto en mucho tiempo, y se largó, dejándome perplejo ante la felicidad que le producía este nuevo acontecimiento.

Salí de la habitación de Lilith justo después de mi madre. Me daba pena Louis, era un buen chaval, pero por delante de él estaban mis hermanos. Si ellos era felices, yo lo era. Ese era mi principal objetivo en este mundo de mierda.

¿Qué pasaría cuando todo el mundo se enterase? ¡¿Y se había enterado ya el Consejo?! Aceleré el paso hasta llegar a las escaleras y bajarlas a un ritmo vertiginoso. Frené en seco en cuanto lo vi. Su expresión no había cambiado desde hacía mucho tiempo, o tal vez sí. Desde que había ocupado el lugar de su padre se había vuelto más arrogante que antes.

-William.- Dijo con una asquerosa sonrisa en la boca. Mi madre, incrédula ante lo que veían sus ojos, se volteó a mirarme.

-Jan, que de tiempo sin verte.- Le contesté sin cambiar la expresión de mi rostro. Él sonrió de nuevo.- ¿Puedo saber qué haces aquí?- Pregunté, desafiándolo con la mirada.

-He venido tras recibir la notificación del Consejo.- Sacó un papel de su bolsillo y vi como el sello de esa panda de gilipollas firmaba un largo escrito.- Por lo visto, Thomas no está capacitado para ejercer el puesto de líder hasta que no se recupere.- Dijo mostrando esa asquerosa mueca en su cara.

-¿Recuperado de qué?- Le dio el documento a unos de los tipos que estaban tras él, y éste me lo hizo llegar a mí.

Cuando lo leí, no quería creerlo.


Estimado Señor Jan Kaulitz:

El Consejo de la soberanía alemana le llama a la atención de nuestro líder, Thomas Kaulitz. Hemos recibido un informe psicológico de nuestro líder, un análisis completo de su estado mental que podría afectar a su servicio a nuestra especie.

A continuación se lo adjuntamos.

Tras haber analizado durante años el comportamiento de nuestro Señor Thomas Kaulitz, he llegado a la conclusión de que posee una serie de síntomas que agravan su situación mental y que perjudica a su función.

El estudio realizado durante este tiempo confirma que posee los siguientes cuadros psicológicos:

1) Desafecto: ya desde niño se observa el desapego y el carácter disimulado. No manifiesta inclinación por nadie, permanece indiferente al afecto que se le brinda. Se observa en él una completa pérdida de la afectividad. No sólo es indiferente, sino que se burla cínicamente de ello. La frialdad emocional es su signo.
2) Amoralidad: insensibilidad moral más o menos completa, una falta de juicio moral y de noción de ética. Carece de conciencia moral, ausencia de sentimientos morales.
3) Impulsividad: la pérdida del sentido moral permite comprender fácilmente que los instintos no poseen freno alguno. Además de la ausencia de sentimientos éticos altruistas, se aprecia como disturbio final afectivo una gran irritabilidad, que unido a la falta de sentimientos morales, lo impulsan a cometer las más grandes brutalidades y crueldades, llegando fácilmente a actos agresivos (homicidios, lesiones).
4) Inadaptabilidad: muestra ya sus primeros contactos sociales en disciplina, crueldad y manifiesta tendencia a la actividad delictiva. La inadaptabilidad aparece tempranamente en el medio familiar, se siente molesto a la autoridad de sus progenitores. Durante el período escolar es un alumno detestable, incapaz de observar los reglamentos escolares. Por su mentalidad, no tiene estabilidad en un oficio o empleo. Por ello su vida comienza a desenvolverse al margen de la ley y de la sociedad.
5) Incorregibilidad: puede desmembrarse de lo indicado como inadaptabilidad. En efecto, no puede recibir los beneficios de la reeducación, pues es incapaz de alcanzar las posibilidades de una readaptación social siendo insensible al castigo o al premio. Características generales de las personalidades antisociales que serían las siguientes:
a) Desproporción entre los estímulos recibidos y las respuestas emitidas, es decir, el sujeto responde en forma exagerada ante un estímulo mínimo, mientras que otras muestran una falta evidente de reacción ante estímulos importantes.
b) Desarmonía entre los elementos que integran el carácter; con esto se quiere decir que el sujeto no mantiene un equilibrio entre su inteligencia, su afectividad, su vida pasional y su voluntad.
c) Inadaptabilidad a la vida, ésta es la resultante de las características expuestas y que resulta de extrema importancia. En efecto, el sujeto no se encuentra a gusto en ninguna parte porque no se sienten bien consigo mismos. O bien se infravaloran o se sobrevaloran, o bien se idealizan a los demás o desean intensamente estar con ellos para que los apoyen o admiren, o bien rechazan bruscamente, los desestiman, los desprecian o los agreden. De allí el permanente malestar, la disforia, las discusiones con los demás, los muy frecuentes cambios de empleo, lugar de residencia, amistades y pareja.
d) Conducta antisocial. el sujeto por su falta de control, su desarmonía personal, su intolerancia psicofísica, su impulsividad, etcétera, entra en frecuentes conflictos con los demás.
Cabe destacar que el sujeto posee una gran obsesión hacia otra persona, causa según el estudio de su comportamiento y del desarrallo de la enfermedad. Tacho a la Señorita Lilith Kaulitz como la causa principal de su desorden, haciendo que erradique hacia ella una fuerte obsesión y odio a partes iguales.
Doctora Eva Bichmann


Rogamos, por favor, venga a Alemania y nos ayude durante el periodo de recuperación de Nuestro Señor ya que estará incapacitado durante un tiempo.

Atentamente,
El Consejo Alemán.


¿Enserio estaba esto pasando? Miré el papel y la carta adjunta de Eva. ¿Cómo podía ella haber hecho eso? ¡Estaba esperando su hijo! Arrugué ese bulo de mentiras en mi mano y lo metí en el bolsillo, lo leería más tarde.

-¿Y bien, dónde está Thomas?- Cogí aire mientras pensaba una buena excusa, o al menos una que me diera tiempo de localizar a Tom y traerlo corriendo hacía aquí.

-Le avisaré de que has venido.- Le respondí con la mayor de mis sonrisas falsas.

-Bien, será divertido que todos los primos nos volvamos a reunir.- Dio media vuelta y se fue seguido de todo un séquito de lameculos.

-¿Qué vamos a hacer? ¿Ocupará él el lugar de Tom ahora como líder de los nuestros en Europa?- Preguntó mi madre preocupada.

-Eso me temo.- Saqué el papel de mi bolsillo y lo miré.

Me temía que los secretos de Tom ya hubiesen salido a la luz y con ello, el revuelo que suponía que nuestra especie supiese todo lo que mi hermano encerraba.

Parecía que el principio del fin había comenzado...



5 comentarios:

  1. Lo sabia!!! esa maldita de eva escondia algo :S sin embargo no logro retener a Tom jajj


    Al fin!! juntos <3

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  2. OMFG! Esa Eva es una perra >.< La odio!!! Y me alegro por Tom & Lilith, Los AMO <3 Siguelaaa pronto :3

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  3. Esa Eva es de lo peor, de verdad nunca me agrado, pero lo bueno es que Lilith y Tom se arreglaron, eso si que monos pinta el primo de Tom ahora en todo esto?
    Bueno espero que estes bien y super que sigas subiendo cap. cuidate mucho chaiss

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  4. AWWWW *-* ME EN-CAN-TA!!

    No me creo que le pida casarse!! :O oh Gott! Es genial¡¡ x)
    Al igual que Bill, me da algo de pena por Louis... ¡Que se joda! Lilith y Tom vuelven a estar juntos <3
    Esa Eva es una kjfahgafghadfv!!! D:< Seguro que el rollo de que está embarazada es mentira! ¬¬ Cómo pudo hacerle eso a Tom!?!?

    Muy buen capítulo!! ;D Estaba ansiosa por leerlo xd
    Besos, linda!! ^^

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  5. :OO Tom le propuso matrimonio?? ... Tom realmente cambió, me encanta este Tom!!!


    & ese Jan que se joda! Al igual que esa Eva! No que muy enamorada de Tom? Es una perra!


    Me en cantó el capítulo, ya quiero leer el otro \•/

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