martes, 24 de diciembre de 2013

Capítulo 69

Capítulo 69


By Lilith


Me estaba tirando del pelo aunque dado el tiempo que llevaba haciéndolo, ya no me dolía. ¿De dónde había dicho que venía? ¿París? Sus ojos estaban fijos en mi pelo, cepillándolo y echándole productos para que se viese más bonito o tal vez con algo de vida. Era una mujer alta y estilizada, de unos cuarenta y pocos y con una expresión seria, estirada diría yo. Atendía a las órdenes de mi madre y Mara sin ni siquiera consultármelo aunque si lo hiciera tampoco sabría qué decirle.

Escuchaba los sollozos de mi madre pese a que no podía verla. Llevaba así desde esta mañana y aún quedaban varias horas por delante. Mi abuela y Mara intentaban consolarla pero ésta sólo podía llorar y secarse con un pañuelo más que humedecido. No sabría decir si eran lágrimas de felicidad o no pero lo cierto era que no había parado de llorar y abrazarme en todo lo que llevábamos de mañana.

En pocas horas estaría frente a un altar, de la mano de Louis y a punto de alejarme de los Kaulitz para siempre. Eran mi familia pero no había hueco para ellos si quería proteger a Louis y alejarme de él. De sólo pensarlo ya me ponía mal pero no quería que esos pensamientos me amargasen este gran día. Iba a casarme con un hombre fantástico, que me quería más que a nada y al que no le importaba qué era. ¿Entonces, por qué me sentía así?

-Señorita, tiene un pelo fantástico.- Dijo la estilista con un acento parisino más que reconocible.

-Gracias.- Respondí con una falsa sonrisa en los labios. Llevaba todo el tiempo haciéndonos a mi madre y a mí la pelota... Claro, era ella quien le pagaba.

-Lilith, estás preciosa.- Dijo mi abuela con los ojos vidriosos.

Me miré en el espejo una vez que la estilista me terminó de poner los pasadores en el pelo. Una chica rubia, de cabello brillante recogido y con un flequillo ladeado que no recordaba tener me miraba expectante. Estaba guapa pese a que no estaba aún maquillada. Sería por el buen trabajo que había hecho esa mujer o quizá porque ya no llevaba la Cruz. Fuera lo que fuese, estaba contenta por cómo estaban yendo las cosas.

-Señora, Jean Paul.- Dijo Dorotha tras aparecer por la puerta.

La peluquera parisina quitó sus manos de mi cabeza y me sonrió satisfecha a través del espejo. Ahora vendría el maquillaje para prepararme para este gran día. ¿Seguirían llorando mi madre y mi abuela?

Jean Paul, un chico de unos treinta y con un peinado más que elaborado entró en mi habitación junto a dos chicas. Llevaba un maletín en la mano con lo que supuse sería su set de maquillaje. No eran vampiros como lo era la peluquera sino humanos cuyos crazones latían a una velocidad pausada y armoniosa. Nunca me cansaría de esa magnífica melodía...

El chico no tardó en ponerse manos a la obra a la vez que le decía a las chicas que lo acompañaban qué era lo que necesitaba. Sus manos se movían con destreza sobre mi rostro, untando cremas al rededor de éste. Parecía profesional, tenía que serlo si mi madre lo había contratado para que me maquillase.

-Gracias por venir, Jean Paul.- Dijo mi madre sentada desde el sofá de mi cuarto. Ella ya estaba peinada y maquillada, Mara se había encargado de todo.

-No se preocupe, señora Trümper, hubiese venido aunque tuviese a la mismísima reina de Inglaterra esperando.- Dijo con una sonrisa. Parecía simpático y dulce, se parecía a Nate. Recordaba que no les había hecho mucha gracia la noticia de que me casaba con Louis, se habían puesto serios, al igual que Bill. No había aparecido en todo el día y eso me preocupaba.- ¿Tiene algún estilo en mente, señorita Kaulitz?- Negué con la cabeza y él me sonrió de vuelta. Vaya, demasiado buena persona.- Base.- Una de las chicas le pasó un tarrito de cristal con la base de maquillaje líquida, la cual no tardó en fundir en mi cara.

Movía una especie de brochita con agilidad sobre mis mejillas y frente, con una suavidad impropia de los de mi especie, algo que sólo los humanos poseían. Luego, untó unos polvitos sobre mí y pasó a mis ojos. Un delineador negro cubrió mi párpado superior, perfilando la línea de mis ojos. Algo de sombra de un tono vainilla y rímel. Me gustaba, no se parecía al look cargado que Mara me había hecho.

El colorete dio algo de vida a mis mejillas y un tono rosado en mis labios hizo que pareciera un poco más inocente. La combinación de peinado y maquillaje hacía que me viese mejor, más humana, con algo de vida.

-Estás preciosa, cariño.- Dijo mi madre tras ponerse detrás de mí y cruzar miradas en el espejo.- Muchísimas gracias, Jean Paul.- El chico le sonrió mientras recogía sus cosas y las metía en el maletín.

-Parezco... distinta.- Mi mano se movió temblorosa por mi mejilla. Estaba suave, como de procelana se tratase.

-Aún te falta algo.- Mis ojos se empezaron a aguar y no estaba segura de si era por felicidad.- Se supone que el día de tu boda tiene que ser uno de los más felices de tu vida, cielo. Sin embargo, sigo sin ver brillar tus ojos.- Me levanté del sillón del tocador y fui hasta la ventana. Si seguía viendo a mi madre me pondría a llorar como una magdalena.- ¿Eres feliz, Lilith?- Miré por la ventana. Veía los coches que traían la comida para la fiesta, las flores y toda la decoración.- ¿Lo eres?- ¿Lo era? No, claro que no, pero no era mi felicidad lo que estaba buscando sino la de él.

-No soy yo la que tiene que serlo, mamá.- Su coche estaba aparcado fuera por lo que estaba en casa. Eso hizo que me pusiese nerviosa y comenzase a derramar lágrimas silenciosas.

-¿Qué sentido tiene esto entonces, Lilith?- Se acercó a mí y me limpió con cuidado las lágrimas para no estropear el maquillaje.- El amor es algo hermoso pero también algo horrible. Sólo las personas que son fuertes son capaces de amar.- Yo no era fuerte, no estaba preparada para amar...

-Tengo miedo de que nunca pueda llegar a ser feliz, mamá.- Ella me abrazó con fuerza y yo la rodeé con mis brazos, sedienta del amor incondicional de una madre, una madre que había cometido errores pero que había sabido superarlos.

-Cariño, a veces la felicidad no está en ti sino en personas.- ¿Personas?- Quizá tu felicidad se te está escapando porque eres incapaz de retenerla.- Me alejé de ella y cogí aire.

-O puede que mi felicidad haya encontrado la suya, mamá.- Ella negó con la cabeza y me sonrió.

-Creo que tu felicidad sigue esperándote, Lilith.

-¿Por qué me dices esto ahora? ¿No crees que es un poco tarde?- Le reproché.

-Porque no quiero ver sufrir a mis hijos otra vez. Yo aprendí por las malas y no quiero que eso te ocurra a ti.- Me respondió con esa hermosa sonrisa maternal.

-No hay vuelta atrás, cada uno ha decidido su camino y además...- Me quedé pensando unos segundos si lo que iba a decir era lo más apropiado.- Tú eres el más claro ejemplo de que no saldría bien.- Se puso seria aunque no por estar enfadada sino por recordar una etapa de su vida un tanto oscura.

-Una vez leí que las personas están atadas a otras por un hilo rojo en sus meñiques. Poco a poco ese hilo se hace más corto hasta el punto de que esas dos personas se encuentran.- Agachó la cabeza y se miró las manos y sus largos dedos en donde estaba su alianza.- Yo me esforcé en tirar del hilo creyéndome que esa persona era tu padre pero me equivoqué, esa persona no era él sino Gordon.- Cogió mis manos entre las suyas heladas.- Deja de tirar de tu hilo, Lilith, porque si ambos tiráis el hilo se romperá.- Dudaba mucho que él hubiese tirado del suyo alguna vez.- Deja que sea él quien tire.- Me dio un beso en la mejilla y se fue, dejándome confundida en medio de mi habitación.


[…]


En media hora estaría en el altar de la mano de Tom. Al no tener padre, él debía de llevarme al altar al ser el hermano mayor. Era la condición que había puesto el Consejo para que la ceremonia se celebrase. ¿Por qué sentía que no podía respirar?

Me miré de nuevo en el enorme espejo. Mi vestido blanco se ajustaba a la perfección a mi silueta, dibujando mis curvas y cayendo con delicadeza a partir de mis caderas. El velo nacía en mi cabeza a partir de la pequeña tiara que se sujetaba en mi recogido. Estaba guapa, demasiado para mi gusto pero una vez más, faltaba algo. Ese brillo en mis ojos, esa sonrisa estúpida que resplandecía cuando estaba feliz.

Los pendientes habían sido un regalo de mi abuela Aghata, los mismos que llevó el día de su boda. La tiara había sido de mi abuela Elizabeth, tradición que heredó mi madre y ahora yo. Y el collar... El collar que había elegido pasaba casi inadvertido a los ojos de cualquiera. El cordón era muy fino y lo que colgaba de él era ese pequeño diamante que una vez estuvo en la pulsera que Tom me regaló por mi cumpleaños. Ahora era rojo, estaba manchado de mi propia sangre, la cual se había colado en su interior y ahora no podía sacar. Era bonito, quizás la joya más valiosa que llevaba puesta.

Dos golpes sonaron en la puerta y me tensé al instante. Faltaban quince minutos para que comenzase la ceremonia así que tendrían que ser los encargados de llevarme hasta el recinto preparado en el jardín para ello.

El pomo se giró con cuidado y apareció él. Mis ojos se abrieron como platos al igual que los suyos, acción que intentó disimular en cuanto se dio cuenta. Llevaba el pelo recogido, con esa barba de tres días y vestido de chaqueta. Sí, Tom vestido de chaqueta. Estaba... estaba... simplemente asombroso.

-¿Puedo pasar?- Dijo con un tono de voz frío y oscuro.

-Claro, Mi Señor.- Pasó y cerró la puerta tras sí. Se quedó quieto, observándome con sus penetrantes ojos miel.- Estás... muy guapa.- Le sonreí con desgana.

-Gracias, Señor.- Dio un paso hacia delante que hizo que mis sentidos se pusiesen en alerta.

-Lilith...- Dijo casi en un susurro. Comenzó a caminar hasta mí mientras yo era incapaz de moverme.- Lilith.- Repitió cuando se puso frente a mí.

-Será mejor que nos vayamos yendo, no quiero llegar tarde.- Lo ignoré y caminé por su lado hasta la puerta. Sin embargo, él me detuvo. Me agarró del brazo e hizo que me volviese a mirarlo, sintiendo esas descargas electricas que nacían en su agarre y morían en mi corazón.- Mi Señor...- Dije, mirando su mano temblar sobre mi muñeca.

-¿Eres feliz?- Otra vez esa maldita pregunta.

-Sí, mucho.- Le respondí, incapaz de mirarlo a la cara.

-Mientes.- Me soltó y me agarró la barbilla para que lo mirase.- Mírame y dime la verdad, Lilith.- Lo miré a los ojos, viéndome reflejada en ellos.

-Soy feliz, Mi Señor.- Le respondí, notando como las lágrimas volvían a formarse en mis ojos.

-¡Mientes!- Gritó, tan fuerte que tuve que cerrar los ojos, haciendo que dos pequeños ríos surcasen mis mejillas.- ¡¿Por qué cojones sigues mintiéndome?!- ¡Dios, estaba enfadado!

-¿Va a pegarme... Señor?- Me marcó con la Cruz por no ser feliz así que ahora podría hacer cualquier cosa.

-No...- Me soltó como si se lo hubiese recriminado, como si esa pregunta le hubiese hecho daño.- He... he notado que has estado evitándome.- Me sequé las lágrimas y cogí aire. No sabía a qué venía este repentino interrogatorio pero si segía así... Tenía que poner el muro que había estado construyendo entre nosotros estos últimos días.

-¿Notaste cuando intentada alcanzarte?- Dije con frialdad. Sus ojos se achinaron y su rostro se contrajo.

-No.- Me respondió con la misma frialdad.- Y me arrepiento cada día de no haberme dado cuenta antes.- Di un paso hacia atrás, sintiendo como sus palabras calaban cada vez más hondo en mi corazón.

-Ya es tarde, estoy a punto de casarme.- Se acercó más a mí y esta vez, fui incapaz de moverme.

-A eso me refiero, Lilith. ¿Eres feliz? ¿Quieres hacer esto?- Desvié la mirada hasta el suelo, pensando cómo debía responderle a eso.

-¿Por qué me pregunta eso ahora, Mi Señor?- Dije con un nudo en la garganta.

-Olvídate de las formalidades, Lilith.- Me agarró de los hombros, obligándome a mirarlo de nuevo.- Una vez me dijiste que si yo te decía que no lo hicieses, no lo harías.- Sí, lo recordaba.

Tom, dime que no lo haga y no lo haré.
Una palabra tuya basta para que lo deje todo.

-Eso fue hace mucho tiempo.- Noté como sus manos apretaban más mis hombros, como si temiese a que saliese corriendo en cualquier momento.

-¿Han cambiado?- Me preguntó serio y con algo de miedo en su mirada.

-¿El qué?- Dije confundida.

-Tus... tus sentimientos.- El nudo en la garganta creció y el pellizco de mi barriga se intensificó.

-¿Qué más da? Louis es una persona maravillosa y me quiere muchísimo. Me ha perdonado por no contarle la verdad y sigue ahí pese a que intenté matarlo.- Lo miré directamente a los ojos, hecho que nos contrajo a los dos.- Me preguntaste si era feliz y te dije que no. Si ahora me preguntases te volvería a decir que no y nunca lo seré. Lo he intentado pero no puedo.- Estaba llorando de nuevo frente a él, haciéndome pequeña ante mi hermano.

-Te dejé ir para que fuese feliz y no lo fuiste, es más, sigues sin serlo. ¿Qué sentido tiene esto, Lilith?- Sus manos volaron hasta mi cara y secó con una extraña delicadeza mis lágrimas.

-¡Basta!- Me aparté de él y le di la espalda.- ¡No quiero que me comas la cabeza con tonterías!- Anduve casi corriendo hasta la puerta y sujeté el pomo con fuerza.- Voy a casarme, Tom.- Giré el pomo a punto de salir pero algo me detuvo... Él me detuvo.

-No lo hagas...- Dijo, más bien, suplicó.- No te cases, Lilith.- Apreté aquel trozo de metal con más fuerza, intentando controlar todo el huracán de sentimientos que se habían instaurado en mi pecho.- Sé que no te he hecho feliz y dudo que pueda hacerlo algún día pero, por favor, déjame intentarlo.- ¡Dios! ¡¿Qué estaba diciendo?!

-Deja de jugar conmigo, Tom.- Pese a que le daba la espalda, sabía que me estaba mirando de esa forma que sólo él sabía.

-No estoy jugando, Lilith. Tan sólo intento explicarme a mí mismo cómo debo mirar a la persona que amo y decirme que tengo que alejarme.- ¿Estaba jugando conmigo, verdad? ¿Había dicho que me amaba?- Quiero que seas feliz, Lilith, pero quiero que seas feliz conmigo.- ¿Era consciente de que las lágrimas no paraban de salir de mis ojos?- No puedes cambiarme, poner mi mundo patas arriba y luego irte. Me prometiste que jamás me dejarías de nuevo y dudo mucho que pueda sobrevivir cinco años más sin ti.- Giré el pomo y salí de allí antes de que pudiese decir algo más.

Escuché su grito llamándome antes de cerrar la puerta pero no me detuve. Me agarré el vestido y comencé a caminar rumbo al altar. Estaba claro que esto formaba parte de su plan, un plan para hacerme la vida imposible de nuevo.

¿Por qué iba a querer estar conmigo ahora que tenía a una mujer maravillosa y estaba esperando un hijo? Sin embargo, una voz en mi interior me exigía que me parase. La voz de aquella mujer que me mandó a atacar a Louis lloraba desesperada para que volviese a sus brazos.

No podía hacerlo, no podía creerlo. Esta no era la primera vez que me engañaba pero sí podía ser la última. Vi sus ojos brillantes, deseosos de algo y esas palabras cargadas de... ¿sentimientos? Sí, sentimientos. Era la primera vez que me hablaba de esa forma, la primera vez que decía que me amaba...

Empecé a andar con un rumbo ya marcado a la vez que sujetaba mi vestido blanco inmaculado. Agarré la puerta y la abrí. Me daba la espalda, miraba por la ventana perdido aunque se volvió de inmediato cuando escuchó la puerta.

No me pude contener y salí corriendo en su dirección. Él abrió sus brazos y yo no tardé en refugiarme en ellos, llorando como nunca lo había hecho, rompiendo ese muro entre él y yo.

-Lilith...- Susurró de nuevo mientras me rodeaba con sus fuertes brazos y hundía su cabeza en mi pelo.- Déjame hacerte feliz, creo que puedo hacerlo.- Me separé de él y vi cómo sus ojos miel me calaban hasta en lo más profundo de mi corazón.- ¿Qué haces?- Dijo cuando puse mi mano en su pecho, justo encima de su corazón. Un “bum” casi imperceptible retumbó hasta en mis huesos.

-Cuando lo sientas, entenderás qué es lo que siento por ti.- Dije y él lo entendió. Había sentido el latido de su corazón, algo que sólo yo podía escuchar.- Tom...- Agarré su chaqueta y lo atraje hacia mí.- Hazlo.- Sus ojos se volvieron azules de inmediato. Lo necesitaba, más que yo.

-Lilith...- Agarró la tiara y la tiró en la cama. El velo cayó a mis pies a la vez que él se colaba en mi cuello.- El Vínculo de Sangre se volverá a sellar.- Sus colmillos se clavaron en mi piel con fuerza, sin ningún tipo de miramiento.

Contuve un gemido cuando el sonido de su garganta al tragar y la sensación de sentir mi sangre conquistar su cuerpo despertó mis instintos. Recordaba aquella noche de mi cumpleaños en la que mi madre me había regalado un vestido blanco precioso. En aquel entonces me había dicho que el blanco simbolizaba pureza, algo que yo no poseía.

Aquella noche manché mi vestido de sangre al igual que estaba pasando ahora. Mi vestido de novia blanco se estaba convirtiendo en un precioso vestido rojo. Ese color simbolizaba el pecado, la lujuria, el deseo...


Ese color simbolizaba algo que nos unía a Tom y a mí, algo que traspasaba lo conocido, más que un sentimiento, más que el simple amor... Era el Vínculo de Sangre. 

9 comentarios:

  1. o.o OOOMMMMGGG!!!!!!!!!! no me lo puedo creer tom??? eres tu???? oooo por DIOS!!!! sube pronto!!

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  2. Oh dios!! oh dios!! No puedo creerlo!!!
    Sabes que tras el capítulo 68 casi me da un ataque??
    Por fin se lo dijo!! Fuaa xD Me siento aliviada... e intrigada nuevamente
    cómo darán la noticia? :O
    Una vez más enganchada!! x) esperare ansiosa el capitulo 70!!

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  3. Este es 'tu' capítulo o es un capítulo de Verito?, es que ya no me abre el foro :$$

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  4. Bueno, como sea, me encantó el capitulo. Ahhh Tom es tan alskdhfgalskdjfhfg!


    Al fin van a estar juntos? Espero que si. Que se muera la Eva wajaja

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  5. ¡Mi Dios! Me encantooooo ¿Por fin juntos? Es lo que más deseo.
    Aunque Louis... me da pesar por él. Esperaré más que ansiosa el próximo capítulo.

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  6. aaaaa que emociòn de verdad me encata esta historia de verdad vero muchas gracias por postear este dia de verdad que capitulo!! este tom es un amorsh y esta chica por fin abrio los ojos.. ainss que dulcura el vinculo se fortalecio :) ahora solo queda borrar del mapa a eva ¬¬ XD.
    bueno cuidate mucho y feliz año nuevo :)

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  7. No quiero que acabe..! TTuTT Me encanta tú forma de escribir cada vez que leo un nuevo capítulo me sorprendes más, espero que sigas pronto, ame la parte en la que Tom le dijo a Lilith que la amaba juro que no me lo esperaba!
    Como deseo que a la perra de Eva la mate Lilith como a Rachell muajajaja
    Saludos Vero & sigue así~

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  8. llore ok? llore y mucho madre santa!!! quiero el capi 70 yaaaaa :3

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