miércoles, 20 de noviembre de 2013

Capítulo 67

Capítulo 67


By Lilith


-Coge aire.- Hice lo que Bill me dijo y sostuve el oxígeno en mis pulmones. Mi hermano mojó un algodón en yodo y lo acercó a la herida.- ¡Ah!- Grité cuando el líquido me abrasó la piel.

-Has tenido suerte, no es tan profunda.- Dijo cuando lo retiró.

-¿Suerte?- Le pregunté con ironía. Si eso había sido tener suerte, no podía imaginarme cómo de profunda podría ser esta señal.

-Tom es un maldito gilipollas. No se marca a nadie con la Cruz por intentar atacar a un humano. ¡Ni siquiera lo has mordido!- Bill parecía cabreado y no era para menos. Cuando había entrado en la habitación de su gemelo porque olió mi sangre, casi le dio algo. Ni él se creía que Tom hubiese hecho eso, y mucho menos que me hubiese dejado sola cuando mi cuerpo luchaba por asimilar la plata en mi sangre.

-Estoy bien, Bill.- Dije para tranquilizarlo aunque él seguía limpiando la herida sin prestarme atención.- Tom no lo hizo por haber atacado a Louis.- Mi hermano me miró con los ojos abiertos por la sorpresa.- Dijo que me había castigado por no ser feliz.- Él volvió a centrarse en la herida y en taparla para que sanara pronto. Por lo que me había dicho, la plata hacía mucho daño a los vampiros si entraba en contacto con la sangre de éstos por lo que la herida no se cerraría tan fácilmente.

-No tienes la culpa por no ser feliz.- Dijo serio mientras ocultaba la Cruz de mi barriga con una gasa y esparadrapo.- Lo has intentado pero has fracasado al igual que él. Ambos pensasteis que si encontrabais a alguien que llenase el hueco que el otro había dejado estaríais bien, pero sabes qué.- Sus penetrantes ojos miel se clavaron en los míos. Me veía reflejada en sus pupilas aunque no reconocía a la Lilith que me observaba.- Habéis dejado una enorme cicatriz en el corazón del otro y eso, por mucho que intentéis ocultarlo, no va a desaparecer. Lilith, puedes seguir adelante y hacer caso omiso a esa marca en tu interior o puedes observarla y darte cuenta que esa cicatriz es una señal de lo que has vivido junto a la persona que querías.- Afirmé con la cabeza incapaz de pronunciar palabra por el nudo en la garganta que se me había formado.- ¿Qué sentido tiene estar pasándolo mal porque sois incapaces de ver lo que tenéis delante?- Tenía razón. Bill estaba en lo cierto aunque me costase reconocerlo.

-Tom... Me dijo que me había dejado escapar para que fuese feliz. Siempre ha creído que él no era lo mejor para mí. Sé que me quería, que siempre lo ha hecho pese a que era incapaz de reconocerlo. Sin embargo, estar juntos no nos beneficia en nada. Era tremendamente feliz cuando estaba con él, con el simple hecho de que me mirase todo mi mundo se iluminaba pero todo eso pasaba a un segundo plano cuando peleábamos. No sabes lo duro que es que la persona que amas te diga cosas tan horribles.- Bill me abrazó con fuerza mientras las lágrimas se volvían a agolpar en mis ojos.- No creo que pueda llegar a ser feliz de nuevo, Bill.- Comencé a llorar como una niña pequeña, apretando con fuerza la camisa de mi hermano entre mis manos. Dolía decir en voz alta todo lo que durante mucho tiempo me había repetido a mí misma.- Le he fallado a Tom y ahora le he fallado a Louis... Soy un desastre.- Bill se separó de mí y me agarró la cara con ambas manos.

-¡Tú no le has fallado a nadie y tampoco eres un desastre!- Sus pulgares secaron mis lágrimas y los mancharon de rojo. Mis lágrimas volvían a tornarse del color del pecado... Mi color.- Tú y Tom decidisteis estar así porque sois demasiado cabezones para dar vuestro brazo a torcer y Louis es un cobarde porque si amas a alguien da igual lo que sea, permaneces a su lado pase lo que pase.- Esta vez fui yo quien lo abracé. Las palabras de Bill estaban llenas de sabiduría. Él más que nadie conocía lo que se cocía entre nosotros y por ello, era el que más sabía de lo que hablaba.- Mírame, Tom es un puto loco y tú una cabezota sin remedio y, aun así, no os dejaría solos por nada del mundo porque sois mis hermanos y os quiero.- Me alejé de él y lo besé en los labios. No pensé en mucho antes de hacerlo, simplemente quería demostrarle que yo también lo quería.

Bill no tardó en corresponderme y meter su lengua en mi boca. Eso nunca lo habíamos hecho pero no me disgustaba en absoluto. Sus besos eran suaves y pausados, muy diferentes los besos que recordaba de Tom. Se separó un segundo de mí, tiempo suficiente para arrancarse la camisa y volver a devorar mis labios. ¿Qué estaba haciendo? La situación me estaba poniendo nerviosa pero me veía incapaz de detenerlo.

Agarró mis piernas y tiró con fuerza de ellas, haciendo que cayese de espaldas en la cama y él se pusiese sobre mí. Su lengua pasó a tomar posesión de mi cuello, besándolo y lamiéndolo lentamente.

-Bill...- Lo llamé pero parecía no escucharme. Estaba completamente perdido.- Bill, para.- Puse mis manos en sus hombros y empujé pero era en vano. No podía moverlo y esto ya estaba pareciéndome extraño. Sentí como con una mano se empezaba a bajar la cremallera del pantalón y el pánico me inundó.- ¡Dios mío, Bill!- Comencé a forcejear para quitármelo de encima aunque era imposible. Me sentía débil por el maldito dolor que tenía en la barriga debido a aquella marca.- ¡Basta!- Le di un guantazo que lo hizo parar por fin. Respiraba agitado, con los ojos azueles como nunca los había visto en él y con la mirada perdida. Estaba ido, como si no fuese consciente de lo que estaba haciendo. Cerró los ojos con fuerza y los volvió a abrir, dejando que su color natural volviese a ellos.

-¡Dios!- Se quitó de encima mía a toda prisa en cuanto me vio debajo.- Lo... Lo siento, no sé qué demonios me ha pasado.- Me senté en la cama, nerviosa aún por lo que acababa de vivir.

-No... No te preocupes.- Le sonreí para restarle importancia aunque por unos instantes había tenido muchísimo miedo de lo que Bill podría haber hecho.

-Será mejor que me vaya y te deje descansar. No salgas y recuerda que no puede darte la luz del sol.- Se levantó de la cama apresurado, cogió su camisa y me miró.- Lo siento, enana.- Me guiñó un ojo y se fue, dejándome confundida.

¡¿Qué diablos había sido eso?! Por mucho que mi mente intentara comprenderlo había sido la situación más incómoda que había vivido en muchos años. Bill parecía haberse metido de lleno en la situación, como si no fuésemos hermano sino amantes a punto de devorarse el uno al otro. Estaba segura que si no lo hubiese parado, habría seguido hasta el final. No reconocía a mi hermano, al menos no ahora que había estado dispuesto a seguir con lo que había empezado como un beso inocente.

Me recosté en la cama con muchísimo dolor. La Cruz de mi barriga parecía estar quemándome la piel por dentro. Era un dolor tan insufrible que me veía incapaz de soportarlo por mucho tiempo y según Bill, tardaría una semana o dos en irse, hasta entonces tendría que convivir con el dolor, la sed de sangre y las ganas de... sexo. Hasta ahora me encontraba bien y esperaba que continuase así todo el tiempo que la tuviese.

Aún podía oír la música desde mi habitación. La fiesta seguía como si nada, ajena a todo lo que había sucedido en la habitación de Tom. Seguía sintiendo su mirada abrasarme, sus manos en mi cuerpo atravesar mis huesos aunque él hubiese dicho que le daba asco mi cuerpo. No le había creído, es más, ni él mismo se creía lo que había dicho. ¿Por qué lo habría soltado de golpe? Una idea no tan extraña se pasó por mi cabeza... Eva. Era su psicóloga según Bill, no había indicios de que fuera más que eso y un juguete sexual para Tom pese a que mi subconsciente gritase lo contrario. De todas formas, si era algo más para Tom, no me importaba. No había nada entre nosotros salvo una relación líder-súbdita.

Gracias a ese pensamiento puede obtener el valor suficiente para coger mi móvil y mandarle un mensaje a Louis. No sabía qué decirle y mucho menos cómo explicarle lo que había sucedido. Estaba claro que no me contestaría pero le debía una disculpa por el miedo que le había tenido que hacer sentir. Desconocía ese yo tan oscuro, esa parte que me dominaba por completo y de la que no tenía control.

La voz de esa mujer que me llamaba y ordenaba que lo atacase… porque era un hijo de Adán… Nada tenía sentido pero era algo tan profundo lo que me incitaba a hacerlo que me era imposible detenerlo.

Miré la Biblia que Bill me había dado sobre la mesita de noche. Quería leerla pero el dolor que sentía en todo mi cuerpo no me dejaría concentrarme. Lo peor de todo era que la herida no era lo más doloroso sino ese hachazo en mi interior que tardaría siglos en cerrarse, si alguna vez lo hacía.

Lo siento.”


Le di al botón de enviar y apagué el móvil. Le debía una explicación pero me era imposible ya que ni yo sabía que había sucedido exactamente. Era consciente que un “lo siento” no arreglaría mucho las cosas. Le había mentido todo este tiempo, había sido tan egoísta… pese a que había recibido todo de él.

Cogí aire y me levanté de la cama. Me sentía mucho más ligera pese al dolor aunque caminase con un poco de dificultad pero no tanto como imaginaba. Quería salir de habitación y bajar por algo de sangre. Podía r directa a la cocina y nadie tendría por qué verme.

Me puse una chaqueta sobre el camisón y salí de mi habitación. El pasillo estaba desierto y en la habitación de Tom al final de éste, no había ni un solo guardaespaldas por lo que él no estaba allí. Gracias a eso, conseguí sentirme un poco más tranquila. No estaba segura si le gustaría verme merodeando habiendo tanta gente pero necesitaba beber algo.

La música sonaba atronadora y el olor a sangre era demasiado fuerte incluso para un vampiro. Ni siquiera me atrevía a ir al salón y ver qué estaba pasando, realmente prefería no saberlo. De sólo imaginarme que podría encontrarme a Tom de nuevo, prefería no pasar un segundo más en la cocina.

Abrí el frigorífico y saqué un bote de sangre del congelador. Con sólo verla la garganta ya se me empezaba a secar y los ojos a cambiar de color. Las ganas de bebérmela aumentaban por segundos, incluso se me pasaba por la cabeza el no descongelarla. No sabía si podría esperar…

Metí el bote en el microondas y esperé, esperé, esperé… y el tiempo parecía no pasar. Cada segundo que marcaba en la pantalla se me hacía eterno. Mi cuerpo quería sangre a toda costa y le daba igual si era congelada, líquida o ardiendo como el mismísimo infierno.

-Vaya… Hola, preciosa.- Me di la vuelta con la respiración agitada. La doctora Bichmann me miraba desde la puerta con el traje rojo que antes había visto en el suelo de la habitación de mi hermano.- Deberías de estar en tu habitación y descansar.- Le volví la espalda de nuevo, haciendo caso omiso a su “consejo”.

El silencio se formó entre nosotras. Yo estaba demasiado ocupada esperando escuchar el sonido del microondas para que me avisase que mi sangre estaba lista y ella, demasiado ocupada analizando cada uno de mis movimientos. Sentía sus profundos ojos clavados en mi espalda y una parte de mí odiaba eso.

El microondas por fin terminó de calentar la sangre y la saqué como una drogadicta esperando su chute diario de cocaína. Sólo el estar cerca de la sangre de Tom me había provocado esta reacción alguna vez y aun así, era consciente de que lo que me estaba pasando no era normal.

-Es por la Cruz.- Añadió mientras me debatía a mí misma si verterla en un vaso o bebérmela directamente de la botella.- Tu sed de sangre irá aumentando por días… Es normal.- Cogí la botella sin más dilaciones y empecé a beber como si llevase años sin hacerlo.- Creo que su castigo ha sido desmesurado.- Planté el recipiente de cristal de un solo golpe en la encimera una vez que me tomé todo su contenido.

-No deberías de hablar mal del Líder y mucho menos a sus espaldas.- Me volví y la miré con una sonrisa en mi rostro.

-Jamás hablaría mal de él, no tengo motivos para hacerlo.- Se irguió sobre sus tacones de infarto, demostrándome lo alta que era.

-¿Pones en juicio su castigo? ¿Dudas de él?- Eva se apartó el pelo de la cara y me sonrió.

-En absoluto.- Dio un paso que la acercó más a mí.- Durante estos cinco años me ha demostrado la clase de persona que es. Nunca pondría en tela de juicio ninguna de sus decisiones.- ¿A dónde quería llegar?

-¿Crees que yo sí?- Volvió a sonreír y a negar con la cabeza.

-Eso es lo que intento averiguar, señorita Kaulitz.- Notaba un tono de burla y prepotencia en su voz tal y como había escuchado muchas veces en Tom.- Sólo quería advertirle. Él ya no es quien era, yo lo he ayudado a que dejara atrás su pasado pero desde que llegó a Francia las cosas han vuelto a empeorar.- Sentí ese pequeño pellizco en mi interior de nuevo. ¿Qué quería decir?

-¿Crees que es por mi culpa?- Le pregunté por un lado curiosa y por el otro, intentando mostrarme lo más serena posible.

-La respuesta es obvia, señorita Kaulitz.- ¿De qué me extrañaba?

-Ese fue el motivo por el que decidí poner tierra de por medio. Si él está aquí es por propia voluntad, nadie lo obligó ni lo obliga a quedarse.- Fui al frigorífico y saqué una nueva botella sin prestarle más atención de la que merecía.

-Estoy enamorada de él.- La botella se me cayó al suelo cuando la doctora Bichmann terminó de pronunciar esa frase.- Sé cuáles son sus problemas, me ha contado hasta más oscuro de sus pensamientos y aun así, lo amo.- Tenía la vista perdida en la sangre de mis pies. Todo el suelo se había teñido de rojo y de cristales…- No pretendo que me dé su aprobación ni que lo acepte. Simplemente que lo deje ir y rehacer su vida de nuevo. Yo puedo ayudarlo a superar lo de las voces, sé cómo reaccionar ante sus ataques… Sé que puedo hacerlo feliz.- ¿Qué se suponía que debía decir? Ni siquiera mi mente era capaz de formular una palabra ante esa confesión.- Me contó todo lo que pasó entre vosotros, lo del Vínculo, el bebé,…- Me agaché y empecé a sacarme los trozos de cristal que se habían clavado en mi piel. No sentía ningún tipo de dolor y lo más seguro era que eso fuese bueno.- Hace poco, me propuso algo.- Arranqué con brusquedad el último trozo intentando sentir algo pero no había nada…- El Consejo está presionando ya que va siendo hora de que el heredero nazca.- Acerqué el trozo de cristal a mí muñeca. Me apetecía cortarme como cuando era humana. Antes, el dolor desaparecía pero ahora, estaba grabado en mi piel y no se iría aunque derramase toda mi sangre.- Apártese de su lado, usted es la causa de todos sus problemas.- Su tono cambió, frío y serio.

-Hace tiempo que me aparté.- Me levanté y puse rumbo hacia mi habitación de nuevo.

Tenía un nudo en la garganta y ganas de vomitar. No me sentía bien, la herida me estaba empezando a doler y a abrirse lentamente, manchando el vendaje que Bill me había puesto. Notaba cómo poco a poco iba perdiendo más sangre, cómo cualquier paso que daba me llevaba al abismo y cómo mi cabeza intentaba procesar todas y cada una de las palabras que Eva me había dicho.

Subí el primer peldaño y luego otro y otro y otro… mientras mi cuerpo luchaba por mantenerse en pie. Quería gritar su nombre, el nombre del autor que me había hecho esto pero no podía. Ningún sonido salía de mi garganta salvo pequeños gemidos de dolor ahogados.

¿Iba a desmayarme? Odiaba esa sensación de vacío en mi interior minutos antes de perder la conciencia. Mi cuerpo luchaba por pronunciar su nombre, por estar entre sus brazos sin que dijera nada, simplemente estando allí. Sin embargo, tenía que alejarme de él, tenía que lograr que me odiase y se apartara. Eva lo había dicho, conmigo no podría ser feliz y ella lo entendía, lo ayudaba y lo mejor, podía hacer de él una persona normal.

-¿Lilith?- Su voz, esa voz caída del cielo.- ¡¿Dios mío, estás bien?!- Pasó sus brazos por mi cintura y me levantó un poco del suelo.- ¡Estás sangrado!- Sus ojos irradiaban preocupación y yo sólo pude centrar mi vista en la mancha roja de mi camisón, la cual se hacía más grande por momentos.- Será mejor que avise a Tom...- Lo agarré del brazo antes de que pudiese salir corriendo. La profundidad azul de su mirada me demostraba lo nervioso que estaba.

-Sólo acompáñame a mi habitación, Nate.- Se quedó pensativo unos segundos pero aceptó sin oponer resistencia. Suponía que yo era la única que podía tener algo de control sobre él y Andreas...

Subimos hasta mi habitación sin mediar palabra. Su preocupación era parpable aunque estaba segura que había entendido que lo que menos quería hacer ahora era ver a Tom.

Me tumbó sobre la cama y solté un pequeño gemido de dolor que hizo que me mirase asustado. No entendía por qué seguía a mi lado cuando ni siquiera había podido estar a su lado durante su proceso de transformación. Yo lo había alejado de su vida como humano y ahí estaba él, pendiente de que nada me pasara.

-Creo que deberíamos avisar a alguien...- Pese a que tenía los ojos cerrados podía sentir su mirada clavada en mí.

-¿No me preguntas por qué estoy sangrando?- Le dije mientras sentía esa horrible sed y ansias de sexo.

-Bill nos lo ha dicho junto con un "dejadla descansar".- Abrí los ojos y lo miré. Se quedó impresionado por el color de que habían tomado.- Creo que será mejor que te deje descansar.- Se levantó de la cama pero una vez más lo detuve.

-No te vayas.- Le rogué. No quería estar sola, no al menos cuando necesitaba tanto al mísmisimo demonio en este momento.

-Te arrepentirás más tarde, lo sé.- Dijo desviando la mirada. Le estaba rogando por sexo y sangre y él controlaba sus impulsos para que yo no me sintiera mal. Admiraba a Nate, él al menos conservaba su parte humana...

-Lo sé pero hace tiempo que el futuro dejó de preocuparme.- El futuro dejó de tener sentido hacía cinco años.

Me senté en la cama bajo su atenta mirada y pasé mi mano por su cara. Nate cerró los ojos con fuerza, evitando que ese contacto le hiciese sentir algo de lo que luego no podría dar marcha atrás. Incliné mi cabeza y lo besé suavemente aunque eso fuese lo único que pudiese hacer ya que él apretó sus labios con fuerza para que no llegase más allá.

Me sentía sucia pero por mucho que quisiera no podía detener lo que ya había empezado. Si este era uno de los síntomas que suponía tener la Cruz marcada en mi vientre, lo odia. Estaba apunto de casi violar a Nate, un ser que, para mí, era una de las criaturas más inocentes en este mundo oscuro y de perversión manchado de sangre.

Tomé posesión de su cuello y empecé a lamerlo lentamente. Necesitaba sangre pero no esta... no la de él. Mi cuerpo me rogaba más pero me era imposible. Nate estaba casi temblando por cada lametón sobre cuello. Intentaba controlarse y lo estaba consiguiendo aunque de lo que no estaba segura era de por cuánto tiempo.

-Lilith...- Dejó escapar cuando clavé con sumo cuidado mis colmillos en su cuello. Su sangre pronto comenzó a recorrer mi cuerpo, abriendo camino hasta mi más que muerto corazón. Decir que me sentía el ser más miserable sobre la faz de la Tierra era quedarme corta.- No sé... si podría... parar ahora.- Dijo casi sin poder respirar. Debería parar antes de matarlo pero no podía. Bebía y bebía como si eso fuese suficiente para llenar el inmenso vacío que habitaba en mi interior.- Para, por favor.- Le hice caso aunque me costase separarme de él.

-Lo siento.- Le miré y sus ojos ya estaban de ese color que dejaba claro cuáles eran sus ideas.- Lo siento mucho.- Volví a repetir aunque él ya no me escuchase.

Nate se lanzó sobre mí sin importar que mis lágrimas volviesen a brotar de nuevo. Yo lo había despertado y ahora, yo pagaría las consecuencias de jugar con fuego. Sin embargo, y pese que necesitaba esto tanto o más que la sangre, estaba perdida, vacía y a punto de abandonar mi cuerpo para no sentir nada de lo que vendría ahora.

Se desabrochó los pántalones a toda prisa, siendo el monstruo que tan pocos veces había visto en él, me levantó el camisón y entró en mí con muchísima fuerza, tanta que dolía incluso en lo más profundo de mi alma. Sí, era esto lo que yo me había buscado, era esto lo que le había pedido y aun así, no podía sentir ni una pizca de placer, alegría o ganas de sexo.

Ahora más que nunca, me sentía tal y como estaba... muerta.



By Tom


-Ha sido una velada magnífica, Mi Señor.- Hizo una reverencia y se fue.

Cerré la puerta antes de que otro viniese a hacerme la pelota. Estaba cansado y por nada del mundo quería ver a nadie en este momento. Pronto se haría de día y necesitaba descansar después de tanta fiesta.

Subí las escaleras ahora desiertas hasta mi habitación. Bill hacía tiempo que se había ido con Mara a "dormir"... Eso no se lo creía ni él. Llegué al pasillo de las habitaciones. No se escuchaba nada y agradecia que así fuese. Necesitaba dormir o al menos tirarme en la cama para poder pensar.

Dirigí la vista hacia su habitación. La puerta estaba cerrada y su presencia seguía ahí cada vez más débil, más oscura, más fría... Su presencia y la de alguien más.

La puerta se abrió muy lentamente ante mis ojos. Una mata de pelo rubio salió de la habitación. Se movía nervioso mientras se preocupaba por meter su camisa en los pantalones y abrochárselos a toda prisa.

-To... Señor.- Hizo una reverencia más que apresurada.

-No son horas para estar por aquí.- Apreté los puños, intentando parecer calmado. No lo iba a conseguir por mucho que me esforzase.

-Lo... Lo siento, ya me iba.- Hizo otra reverencia pero antes de que se levantase ya lo tenía acorralado contra la pared. Quería parar, no quería matarlo aunque esa parte de mí me lo gritaba.

Hice caso a lo que Eva me dijo, contar hasta 10 y respirar. No, quizás debería contar hasta 20... Pero imaginármelo con ella... 30... Tocándola... 40... Besándola... 50... Haciéndose dueño de su cuerpo... ¡A la mierda!

-¿Te lo has pasado bien, Nate?- Mis colmillos, pese a que no quería, habían salido a amenazarle.

-Señor, yo... lo siento.- Lo agarré del cuello con fuerza. Quería matarlo.

-Apestas a ella.- Veía el miedo en su rostro y me gustaba.- ¿Te lo pidió ella? ¡¿Te pidió que te la follaras?!- Le grité haciendo que cerrase los ojos de la impresión. Posiblemente todo el mundo se habría enterado ya aunque ninguno se atrevería a venir a tranquilizarme.

-No, Señor.- Se creía que era gilipollas...- Ella no me ha pedido nada, simplemente ha surgido.- Me estaba mintiendo para defenderla y pensaba que me lo iba a creer.

-Escúchame bien, rubito. Espero que hayas disfrutado bien de ella porque va a ser la última vez que lo hagas.- Le susurré al oído antes de poner mi mano sobre su corazón e ir apretando lentamente.

Iba a matarlo. No quería hacerlo pero allí estaba su imagen de nuevo, siendo tocada por otro, disfrutando de los brazos de alguien que no era yo... y aunque odiase pensar en ello, era lo único que se me venía a la cabeza. Sin embargo, lo peor de todo era que si esto había pasado había sido por mi culpa. Yo la marqué con la Cruz para que estuviese mal y me pidiese ayuda pero no, Lilith hacía tiempo que prefería a cualquiera antes que a mí.

-¡Mi Señor!- Ella una vez más me detuvo como venía haciendo tiempo atrás. Me apartó la mano del corazón de aquel hijo de puta y la sostuvo en el aire.- Todo está bien.- Miré a Nate quien salió corriendo en cuanto solté el aire de mis pulmones. ¿Cuándo había dejado de respirar?- Vamos.- Eva empezó a tirar de mí hacia mi habitación mientas yo no podía apartar la vista de su suya, cuya puerta estaba cerrada, impidiendo que su aroma llegase hasta mí.

Cuando quise darme cuenta ya estaba en mi cuarto, sentado en la cama y sin aliento. Eva me observaba desde arriba, preocupada como siempre. Le debía otra una ver más. Me preguntaba cuántas iban ya, no era la primera vez que me sacaba de alguna parecida.

-Estoy bien, no hace falta que me mires así.- Saqué un cigarrillo del bolsillo y lo encendí. La nicotina me calmaría aunque sólo fuese por un par de minutos.

-¡No puede fumar!- Me arrebató el cigarro y lo apagó en el cenicero que había en mi mesilla de noche.

-Creí que sólo me dabas consejos sobre mi puta cabeza.- Saqué otro y lo encendí, echándole el humo de la primera calada en la cara.

-Mi Señor... Hay algo que debo decirle.- Dudé unos segundos si era acertado o no escucharla. No tenía ganas, no después de haber contemplado como ese capullo salía de su habitación.

-Suéltalo y lárgate.- Bajó la cabeza con una estúpida sonrisa en los labios. ¿Iba a pedirme que me la follara?- No tengo toda la noche, doctora Bichmann.- Dije con ironía.

-Señor... ¿Recuerda la propuesta que me hizo?- Me tensé al instante. Se me había olviado por completo. Se lo propuse sin pensarlo, presionado por el Consejo.

-¿Te lo has pensado?- Le pregunté. Era obvio que la respuesta sería sí ya que esa estúpida sonrisa no se le borraba de la cara.

-Creo que la respuesta ha venido sola.- Vi como se llevaba las manos a la barriga y entonces un escalofrío me recorrío el cuerpo como nunca antes.- Estoy embarazada, Mi Señor.- Era eso lo que le había propuesto, ser la madre de mi heredero pero no podía escuchar esa maldita palabra. ¿Embarazo? Sólo estaba criando un puto bicho en su interior.

-Ahora lárgate.- Ella hizo una reverencia y se fue sin mencionar palabra.

Salí al balcón e intenté coger todo el aire que pude para soltarlo en forma de humo. Para mi sorpresa, ya no habían voces que me atormetaban, me sentía en paz. Un bicho estaba creciendo dentro de Eva por lo que pronto me uniría a ella.

El Vínculo de Sangre no había salido bien y era por eso que el Consejo había “propuesto” la unión con una noble y quién mejor que la hija de uno de los peces gordos del Consejo, la cual me estaba ayudando a acallar las voces. He de reconocer que no me lo pensé mucho, era una buena forma de sacarla de mi vida para siempre.

Miré hacía el balcón de su habitación. Podía ver un pequeño rayo de luz colarse entre las cortinas. Estaba despierta, posiblemente culpándose por lo que le había hecho a Louis o quizás lo que había hecho con Nate. Ella quería ser mala y no le salía, era demasiado buena para eso.

Le di otra calada y expulsé el humo, recordando aquel día en Burdeos...


Acabábamos de follar y sus mejillas estaban sonrosadas. Ver cómo gritaba, su cara al llegar al orgasmo, escuchar su respiración... todo era un espectáculo que nunca me cansaría de contemplar. Mantenía los ojos cerrados, respirando agitada. Sonreía de esa forma tan tonta que llevaba haciendo desde que se enteró que estaba embarazada.

Posé mi mano en su barriga que se movía al compás de su respiración. Ahí estaba ese monstruito y su gran presencia. Era tan fuerte que podía sentirlo atravesar todo mi cuerpo. Me preguntaba cómo algo tan pequeño podía tener tanto poder sobre mí.

-Me siento como volando cuando me tocas la barriga. Creo que le gustas.- Dijo ella posando su mano sobre la mía.

-Ya.- Dije sin apartar la vista de su vientre desnudo.

-Tom...- Me llamó y la miré. Sus ojos brillaban, su pelo desaliñado estaba pegado en su frente... ¿Cómo demonios ese ángel había caído en mis garras? ¿Por qué cojones era tan hermosa?

-¿Qué?- Dije sin apartar los ojos de ella.

-Te quiero.- Y ahí estaban de nuevo esas palabras que me hacían enloquecer. “Sí, yo también te quiero” eso era lo que siempre quería responderle pero no me salía. Era como si algo me lo impidiese.- Está bien, no tienes que decirlo.- Entonces sus ojos dejaron de brillar pero mantenía esa sonrisa triste que la hacía más hermosa aún.


Lilith... no me obligues a decir "te quiero", como si no supieses que hay algo en mí que me impide hablar del amor. No me obligues, porque terminaremos durmiendo en distintas camas, aunque quizá compartiendo el mismo insomnio. No me obligues a decirte que vuelvas, porque nunca he sabido pedir segundas oportunidades por causas que merecían la pena.


El problema, en parte, siempre he sido yo y mi estúpida manía de complicar el amor hasta convertirlo en una despedida. Me gustaba pensar que todo era un juego por si terminabas haciéndome daño. Era la forma que tenía de salvaguardar la poca estabilidad que aún me quedaba. Muy pocas veces lo conseguía. Y no dijimos adiós, simplemente, un día, concretamente una noche, muy de madrugada, nos cansamos de jugar; de ir y venir; de querer abrazarnos y, no obstante, soltarnos cada vez más. Pero lo triste fue que estábamos tan acostumbrados a perder siempre que no lo intentamos de nuevo. Nos resignamos. Nos fuimos. Y le sumamos un punto al marcador de las esperanzas rotas, nosotros hace ya tiempo que perdíamos por una gran diferencia.

1 comentario:

  1. Es precioso lo que escribes :'3 Me gusta mucho leer esta preciosa historia. Hace tiempo que había dejado de leer pero estos días me he puesto al tanto de todo lo sucedido con los tórtolos. Gracias por continuar escribiendo, he seguido la fanfic desde el principio. Un saludo desde México.

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